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Viernes Septiembre 25, 2020

Esta es la historia de Fabiola Calvo Ocampo, periodista, escritora y coordinadora de la Red Colombiana de periodistas con visión de Género, quien por la violencia de los años 80, enterró a tres de sus hermanos. El Partido Comunista Marxista Leninista de Colombia la acogía, pero ella era la siguiente en la lista. Europa fue el destino elegido. Salió del país con su familia, sumándose a los 317.239 colombianos y colombianas asilados en España. Regresó al país hace siete años y hoy dirige el programa "Ni reinas ni cenicientas" de Canal Capital.

Fabiola Calvo en Canal Capital. Foto: Anyi Cárdenas

El primer golpe

Sonaba el teléfono mientras Fabiola solo pensaba en compartir algo del tiempo que tenía con sus cuatro hijos. Ellos la miraban esperando que así fuera.

Aló –contestó-. Era Rosa su cuñada. Quería saber si tenía información diferente a la que había escuchado en la radio. Una voz del otro lado decía que había sido herido, mortalmente herido. Caminó hacia la puerta, dejó recomendados a sus hijos y se dirigió al lugar de los hechos, sin temer por su vida, solo con el deseo de encontrar respuestas y de comprobar por sí misma lo que ya todos sabían. A pasos largos llegó a la avenida y paró un taxi. Era el 20 de noviembre de 1985, y la esquina de la calle 42 con 13 se convertiría para ella en un lugar de Bogotá no muy grato de recordar.

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Si cada cosa tiene un por qué; la respuesta para la situación de la periodista era el partido Comunista Marxista Leninista, que nació en 1965 bajo influencia de  la Revolución China y en 1967 creó al Ejército Popular de Liberación, EPL. 

El contexto revolucionario, las múltiples guerrillas que surgían no solo en Colombia sino en Latinoamérica y en el mundo dejaban en evidencia la formación política de los jóvenes de la época. “Era casi imposible estar al margen, a los quince años ya teníamos posición política”, dice Álvaro Villarraga, constituyente y amigo de Fabiola.

Evidentemente la juventud de los hermanos Calvo Ocampo brotaba con un deseo de revolución. Sentada en su silla, deja la libreta en el escritorio. Aún se sienten los deseos de cambio.

-¿Qué buscaba el partido Comunista Marxista Leninista?, le pregunto. "Por un lado era un cambio de la estructura, acabar la propiedad privada. El planteamiento era buscar un gobierno socialista, entonces, la propuesta que a una la llamaba como adolescente, era la propuesta de cambio y de justicia, de justicia social.

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Fabiola se bajó del taxi. Alguien le gritaba "¡No puede pasar!". mientras le apuntaba al pecho con un fusil. Ella se identificó y el uniformado no tuvo otra opción que dejarla pasar. Sin prestar atención a las miradas amenazantes, vio en el piso un cuerpo semidesnudo, era un hombre, “el hombre que había compartido 32 años de su vida con una lucha revolucionaria al lado de sus hermanos y de su familia”, dice Fabiola.

-Recojan el cadáver – ordenó uno de los sujetos en la escena.

Fabiola no sabe qué la salvo. Si el oficio periodístico, sus colegas, o una combinación de ambas con otros factores. Algunos colegas lograron sacarla del lugar, y acabó estaba sentada frente a la pantalla de un televisor que transmitían en directo para una cadena internacional la noticia de última hora: el asesinato de Óscar William Calvo Ocampo. Las ideas planteadas por años de lucha, la confianza que se había generado tras la firma de un acuerdo de paz, parecía que se desvanecían con solo escuchar esas palabras en el noticiero. “Nunca se está preparado para que los seres amados nos dejen sin su presencia y menos cuando los obligan a abandonar la vida”, dice Fabiola con el café en sus manos, mientras me mira fijamente. 

Óscar William Calvo Ocampo, su hermano, había puesto las cartas sobre la mesa en el Museo Zea de Medellín, el 23 de Agosto de 1984, junto a otro de sus hermanos Jairo de Jesús Calvo Ocampo, conocido como "Ernesto Rojas". Ellos habían firmado los acuerdos de paz con el gobierno del presidente Belisario Betancur. Óscar propuso a través de un discurso carismático, la urgencia de convocar una Asamblea Nacional Constituyente. “No cabe duda que la firma del acuerdo de cese del fuego y de convocatoria del gran diálogo nacional que hoy compromete al partido Comunista Marxista Leninista y a su brazo armado el Ejército Popular de Liberación, representa un hecho histórico de especial importancia para el pueblo colombiano y para el país entero”, dijo en aquel momento.

El anuncio

La vida parecía continuar de manera normal, “a pesar de haber dejado una huella imborrable para la familia Calvo Ocampo”, expresa Fabiola. Sin embargo, mientras intentaban superar los hechos pasados, su madre, Pastora, recibió un comunicado anunciando que habría más muertos en la familia. “Señora, prepare su nuevo luto, los siguientes serán Héctor y luego la periodista”.

La vida de Fabiola se derrumbaba de nuevo, cuando ni siquiera había tenido la oportunidad de terminar de levantarse.

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-¿Existen fotos suyas en las que aparezca como militante del Partido?

Fabiola se rie. "No, la clandestinidad estaba incorporada en la vida cotidiana que no se veía en las fotos, se cargaba en el cuerpo, en el alma, en el espíritu, en cada acción del día". Ella tenía claro que de no tomar una decisión era posible extrañar no solo a Óscar William, sino también a alguno de sus otros hermanos. Pero ¿qué decisión tomar?, se preguntaba con frecuencia. El timbre del teléfono la despertó. Ese sonido ya era mal presagio. Una voz agitada y ahogada le dijo a través de la bocina: “me van a dejar sin hijos”. Sus ojos se convirtieron en ríos de agua salada que expresaban el dolor que sentía.

“Héctor sólo tenía un pecado: tener hermanos y hermana comprometidos con la revolución, además de cantar desafinado tangos y rancheras” dice Fabiola. Luz Estela, su hermana menor, también había sido herida en el atentado, pero había corrido con la suerte de no perder la vida. “Ya no habían dudas de que estaban en el plan de acabar con la familia, entonces realmente hubo mucho desconcierto y la única propuesta que yo veía viable era salir del país”. 

Periódico Revolución, 1992. Conmemoración del asesinato de Jairo de Jesús Calvo, alias "Ernesto Rojas".

Consejo de guerra

Diez años atrás muchos jóvenes habían desaparecido. "Ernesto", su hermano, fue uno de ellos. El 28 de Julio de 1975, un periodista que comulgaba con los ideales socialistas murió en Cali al enfrentarse a cuatrocientos soldados dirigidos por el capitán González -quien tiempo después irrumpiría en la casa de Fabiola y se llevaría también a Francisco, su esposo. Fabiola, de pie junto a la ventana, esperó a su compañero hasta la noche. Pasaron las horas y supo que no llegaría. Francisco desapareció por quince días.

"Ernesto" apareció en la Cuarta Brigada del Ejército. Los campesinos, los sindicatos y la Organización para los Derechos Humanos de Medellín se manifestaron, protestaron “frenaron el objetivo de los militares”, asegura Fabiola.

-¿Quién era el preso 762?

"Era Jairo [conocido como "Ernesto"]. A ellos los condenaron en primera instancia, o sea que de una manera arbitraria e ilegal se los llevaron para la isla Gorgona", dice Fabiola. Los militares habían convocado un consejo de guerra para juzgar a sesenta y dos civiles. Les había faltado reclutar a otra persona más. Fabiola Calvo Ocampo debía ser la número sesenta y tres, pero la criatura que crecía en su vientre la protegía. Sin embargo, con la velocidad a la que transcurrían los hechos y “la audacia de Ernesto, él pasó de acusado a acusador”, cuenta la periodista.

Preparando el vuelo

La muerte y las amenazas rondaban de cerca a los Calvo Ocampo. La pérdida de dos de los hermanos anunciaba una tercera. Una llamada telefónica advertía el nuevo luto: “la siguiente será la periodista”.

Fabiola no solo temía por su vida, temía por la vida de sus seres queridos, en especial por su hermano "Ernesto". “Eres muy confiado, cuídate porque tú quedarás en la boca del lobo”, le repetía.

Ella presionaba a "Ernesto" y su familia la presionaba ella. Sabía cuál era la decisión que debía tomar, solo que no quería hacerlo. “Emigras cuando quieras, y si estás muy mal de plata y quieres irte a buscar dinero, tienes dos opciones: o quedarte o irte. Pero cuando estás amenazada no tienes la opción. Te vas o te mueres”. 

¿Cuándo se enteró de que estaban exiliados en España?, le pregunto a su hija, Sara Asprilla Calvo. 

- "Me di cuenta viviendo aquí [en España]. La historia que a mí me contaron no era esa. La historia que a mí me contaron de chiquita era que nos veníamos de vacaciones".

La travesía

La gente pasaba con maletas, muchos de ellos con caras felices por el viaje que emprendían. Ella miraba a su esposo y a su familia, los pasos se hacían densos y su reflejo se veía en el piso brillante de aquel lugar, la tensión se sentía en el ambiente.

- Mamá, ¿a dónde vamos a llegar? le preguntó su hijo Alejandro.

- A un hotel.

- ¿Con quién vamos a vivir?, ¿cuándo va a llegar mi papá?

Preguntas que se quedaban sin respuesta para el mayor de sus cuatro hijos.

El avión despegó y Fabiola se separaba de su tierra natal. Viajaba a unirse al  48,6% de las mujeres que representaban las migraciones internacionales.

Un año después de su llegada a España no dejaban de llegar las malas noticias. “Mataron a Ernesto”, le dijo una voz al otro lado del teléfono. Militantes del Partido lo entregaron a “la boca del lobo”.

El regreso

En el 2007 Fabiola finalmente dejó atrás España.

- ¿Cuál fue su reacción, ante la decisión de su madre, de volver a Colombia?, le pregunto a su hija Sara. 

"Sinceramente, esto no se lo he dicho nunca a mi madre, pero no me hizo mucha gracia, porque toda la vida hemos vivido con ese miedo de volver y eso se te queda grabado en el tuétano, entonces, siempre existió ese miedo de qué podía pasar si volvíamos. Yo todavía tengo a veces pensamientos que se me cruzan y trato de decir 'no, todo está bien, no pasa nada' ", dice. 

Una periodista puede tener más formas de expresar lo que siente. Puede escribir un artículo, un libro, crear un programa y seguir en la lucha por la verdad. Fabiola llegó a Bogotá a terminar la recopilación del libro que había empezado en España. Regresó a trabajar, a conocer y a convivir con la propuesta materializada de su hermano Óscar William, que podía ver ahora en la Constitución Colombiana de 1991.

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La versión completa de esta crónica está publicada en "El taller. La crónica de la Tadeo".