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Sábado Octubre 24, 2020

Colombia Civil

Después de la barbarie del conflicto armado, hay que reconstruir un horizonte de civilidad.

Profesor Asociado del Departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá. Se desempeña actualmente como director del Centro de Estudios Sociales. Es también Faculty Fellow del Center for Cultural Sociology en Yale University y Fellow del Indo-Pacific Governance Research Centre de la University of Adelaide.

Sus intereses se enfocan principalmente en la sociología cultural, la sociología económica, y en particular sobre las relaciones entre sociedad civil y mercado, así como en la sociología cultural de la violencia. Sus publicaciones más recientes incluyen un libro publicado en 2012 en Nueva York con Palgrave-Macmillan sobre la influencia de la cultura sobre el funcionamiento de las instituciones monetarias (Central Bank Independence: Cultural Codes and Symbolic Performance) y otro libro editado por él que saldrá en 2015 con Harvard University y con la Universidad Nacional de Colombia sobre el papel de las prácticas creativas en las políticas públicas (Cultural Agents Reloaded: The Legacy of Antanas Mockus)

Twitter del autor

twitter.com/carlo_tognato

Hilos temáticos:

La reciente película “Magia Salvaje” ha dado cuenta de la extraordinaria belleza de la naturaleza colombiana, reafirmándola como pilar de la identidad nacional. De la misma manera hace unos años una fundación colombiana elaboró un decálogo de razones por las cuales los colombianos tendrían que estar orgullosos de su país. Las primeras dos razones tenían que ver con el hecho de que Colombia tiene el mayor número de especies de pájaros y de ranas en el mundo. Curiosamente, estas representaciones de Colombia desaparecen a los colombianos.

En las diferentes campañas de marca país, desde la más reciente “Colombia, realismo mágico” a la primera, “Colombia es Pasión”, también ha primado la naturaleza y los colombianos, cuando han aparecido, han casi siempre tenido un rol de actores no protagonistas. Saludan dando la mano, ofrecen bebidas y bailan. Hay pocas invitaciones a intercambiar con ellos y raramente hay sugerencias sobre qué se podría aprender de ellos. Se dice que son felices no obstante las dificultades, que gozan la vida, que tienen pasión por su raza, por su país, por su trabajo, por la paz y por el amor, y que son un pueblo que no cree en la palabra “imposible”, pero no queda muy claro el por qué.

Quienes hemos vivido en Colombia muchos años, podríamos contar otras historias en las cuales los colombianos estarían en el centro. Historias que no esconderían los problemas, sino que los utilizarían como trampolín para presentar ejemplos inspiradores y a veces conmovedores de virtud. Historias que utilizarían esa naturaleza apoteósica como trasfondo y que se centrarían más bien sobre ciertos heroísmos que emergen desde las cotidianidades.

Estas historias nos hablarían de la resiliencia de aquellas comunidades que atravesaron experiencias de indecible violencia y que lograron pararse nuevamente y reconstruir sus vidas. Historias quizás que los europeos podríamos leer a la luz de las experiencias de nuestros abuelos, quienes también supieron resurgir sobre las cenizas dejadas por la Segunda Guerra Mundial.

Estas historias relatarían los actos de coraje de ciudadanos que en medio de las atrocidades de la guerra fueron capaces de actos de generosidad para proteger a los más débiles. Nos hablarían del coraje de un pueblo que después de 60 años de conflicto logra pronunciar la palabra “paz”. Nos mostrarían el coraje de aquellos victimarios que piden perdón y de aquellas víctimas que se lo niegan. Historias quizás capaces de ofrecer pistas a quienes llegamos desde el exterior sobre el alcance de la palabra “fe” y sobre el sentido profundo de la palabra “dignidad”.

Estas historias nos mostrarían la tenacidad de aquellos colombianos que luchan contra corriente por un país mejor. Nos relatarían las experiencias de aquellos policías que contribuyeron a desarticular los carteles de las drogas, de aquellos jueces que buscan aplicar la ley donde parecería imposible hacerlo, de aquellos periodistas que arriesgan sus vidas para contar hechos importantes, de aquellos funcionarios de empresas petroleras y mineras que honran su obligación de respetar a las comunidades y al medio ambiente. Pero también nos hablarían de aquellos pequeños colombianos que en remotas zonas rurales atraviesan bajo la lluvia puentes de cuerdas suspendidos en el vacío, sobre ríos tumultuosos, para llegar a sus colegios a aprender. Para quienes somos ciudadanos de sociedades en las cuales el Estado o la ley no enfrentan retos tan mayúsculos y en las cuales a los medios de comunicación, a las empresas y a los ciudadanos no se les demandan particulares actos de sacrificio para cumplir con sus deberes y con sus funciones, estos ejemplos de tenacidad quedan como un estímulo para superar cualquier reflejo de pereza.

En fin, hay tantas historias que se podrían contar en las cuales los colombianos podrían jugar el papel de protagonistas, historias con lecciones y mensajes muy importantes que posiblemente los jaguares, los pájaros y las ranas no pueden transmitir.

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Vie, 2016-02-19 10:33

Ante tanto bombo q hizo WCRISTO a la tal magia salvaje, asistí dando el beneficio d la duda y, entre la música y el soso-repetitivo relato terminé durmiendo y con ganas q se acabara pronto x no retirarme y dejar sólo mi pareja; al final Nos despertó un tal y lacónico aplauso.

Este tipo d películas donde lo ligeramente rescatable es la fotografía, dejan la sensación d “paraíso” q es el país, a costa dl paraíso paisajístico, y a dormir plácidamente con un sofisma más d país más feliz.

Creí q Tognato era como yo, un Colombiano no d nacimiento, pero si d corazón x vivir y comer d él, pero resulta q es EUROPEO.

Será x eso entonces no ha caído en cuenta q también somos un país d sapos, lagartos, chulos..pero en la selva d cemento q es el país y q ahora lidera Peñalosarota en Bogotá.?

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