LA SILLA VACIA

Suarezterapia

Este blog es un recorrido por los pasillos del poder.

Seguir en twitter a @carlossuarezr

Soy abogado de la Universidad Externado de Colombia. Con Posgrados en derecho Constitucional y Penal Especial de la Universidad de Salamanca. Especializado en Gerencia Pública y Control Fiscal de la Universidad del Rosario. He litigado en defensas penales y fui asesor en procesos de la ley de Justicia y Paz. Soy consumidor apasionado y estudioso de los medios de comunicación y su dinámica. Asesoro el manejo de estrategias jurídicas en procesos sensibles ante la opinión pública y participo en el diseño y ejecución de programas y planes para candidatos y aspirantes a ocupar cargos públicos.

Twitter del autor

@carlossuarezr

Hilos temáticos:

En este espacio me he referido al Bogocentrismo, queriendo significar que la centralización de las decisiones políticas, económicas y sobre todo, el cubrimiento mediático y de opinión, han venido formando un concepto erróneo, deformado y lleno de prejuicios sobre las regiones colombianas en general, sus gobernantes en particular y sus dirigentes políticos en especial.

A través de un estudio realizado por Cifras y Conceptos, contratado por Estrategia & Poder, empresa en la que participo, hemos podido asomarnos al fenómeno del Bogocentrismo.

Mediante un estudio cualitativo realizado con 21 prestigiosos líderes de opinión de los mas importantes medios bogotanos, se encontró que el mayor problema de percepción de un político regional en la capital es que su trabajo, sus logros regionales y hasta sus nombres, son desconocidos por quienes cubren las movidas del poder desde el centro del país.

Esa realidad se transforma en la peligrosa posibilidad de que al verse abocado el líder de opinión a llenar un espacio informativo, caiga fácilmente en hacerlo con la  repetición de un pre concepto genérico o particular sin que exista por parte del opinador una percepción derivada del conocimiento directo, sino de la carga conceptual que rápidamente hace carrera en editoriales, columnas y espacios políticos.

El segundo elemento que brota de la medición, es la existencia de prejuicios -que aceptan y reconocen los entrevistados- respecto de los políticos regionales, acentuándose cuando de políticos caribes se trata; seguramente mucha de esta realidad la han ocasionado los mismos agentes de poder regional, pero también es cierto que, aunque “en todas partes se cuecen habas”, no existe igual discriminación cuando de políticos tradicionales del centro del poder se trata.

Hay un tratamiento discriminatorio cuando se habla despectivamente de los “Ñoños” para asociar el término con malas prácticas políticas y no se acuñan términos o tratamientos similares a políticos tradicionales: pese a haber dado vueltas y vueltas alrededor de su despacho el “carrusel de la contratación”, no se acuñan esas palabras alrededor del nombre de Clara López, por ejemplo.

A partir de la medición surgieron varios grupos de políticos regionales y se clasificaron, según parámetros extractados de las entrevistas, en tres grupos: los políticos regionales “MALOS”, aquí están ubicados todos aquellos que han tenido líos judiciales, especialmente los llamados para políticos;  los “CLANES”, ahí se encuentran las familias tradicionales que se heredan el poder y que vienen desde hace muchos años teniendo presencia electoral de generación en generación y los “emergentes”, donde están los políticos que recientemente y como consecuencia de la poda judicial de la parapolítica, le han quitado los espacios a viejos caciques y ahora son los dueños de los votos, en una renovación casi que forzosa.

Esa clasificación general nos aterriza en unas características que, según los participantes en el ejercicio, comparten esos detentadores de poder regional y que los identifican, independientemente de su pertenencia a cualquiera de esos tres grupos, así: 

Vienen a Bogotá solamente de paso, como lo hacen la mayoría de gobernadores y alcaldes que solo conocen los pasillos de los ministerios y la sala VIP del aeropuerto. Esa característica la comparten con  muchos congresistas: llegan a Bogotá los martes en la mañana y se van los jueves en la tarde y se concentran en un sector geográfico limitado: entre el Hotel Opera y Residencias Tequendama.

Otra particularidad que define al político de la periferia, desde esa visión bogocentrista, es que nunca anda solo;  siempre está acompañado de sus áulicos políticos, camuflados de asesores y miembros de UTLs o en su defecto, de sus representantes a la cámara, cuando de senadores de provincia se trata.

Por supuesto, ese que hemos denominado el “complejo de manada”, viene acompañado de la inefable fórmula de percepción según la cual, los opinadores los ven como simples “patinadores” de puestos, posiciones y partidas presupuestales en ministerios y despachos públicos; situación que se agrava si además de eso, el ya de por sí desacreditado jefe político regional, hace parte de la coalición de gobierno y apoya de manera disciplinada las iniciativas del ejecutivo, lo cual es fatal para su percepción en la opinión calificada del bogocentrismo.

Pero no todo es malo, hay políticos regionales que son bien calificados por los opinadores del centro del poder: el estudio arrojó unas características adoptadas por algunos especímenes que han hecho que algunos de los malucos depredadores, que en manada acechan desde plaza de Bolívar hasta el Centro Internacional en busca de mermelada, se transformen en líderes que pueden ser invitados a debatir sobre alta política, traspasando las barreras del prejuicio con que antes los veía el opinador calificado.

La fórmula esta inventada para aquellos que se quieran diferenciar, en primer lugar, el político regional debe venirse a vivir a Bogotá, “abrir” un apartamento; eso si, debe cambiar Residencias Tequendama por Rosales, La Carolina u otro sector entre la 72 y la 127, entre la autopista y la circunvalar. Ahí es por donde se mueve el poder cachaco.

Una vez cumpla con ese requisito, debe hacer una agenda que le permita cambiar tiempo en su región por momentos sociales con líderes de opinión, pero no para darles una cátedra de hechos y hazañas regionales; los desayunos en Bagatel, los almuerzos en la G o los cafés en Pomerigio, deben tener como tema principal escuchar al generador de opinión. Es muy apreciado el político que escucha y pide consejo sobre las decisiones que tendrá que afrontar en el ejercicio de su cargo, no el que va a jactarse de sus ejecutorias.

Cuando haya podido integrarse a los círculos sociales, no debe hablar del número de votos que logró, de sus vínculos familiares y mucho menos de sus recursos económicos; en Bogotá tiene que mostrar sus títulos académicos, hablar de sus estudios en el exterior o en Colombia -si su universidad es de las bien reputadas-, poner en consideración sus proyectos y preguntar con avidez cómo les parecen y qué opinan sus contertulios.

El político regional debe adueñarse de un tema. En la avalancha de información que se produce en nuestro País, el político tiene que segmentarse, escoger un segmento en el cual se pueda destacar; debe ser experto en algo, no un “experto en generalidades”; solo así podrá convertirse en referente para que, cuando “su” tema aflore en los medios, lo consulten y logre registro y visibilidad mediática. Ejemplos de ello son, Luis Fernando Velasco con el precio de la gasolina, el fallecido Víctor Renán con la hacienda pública o Gilma Jiménez con los niños.

Muy apreciado será, para no ser calificado como “malo”, “emergente” o miembro de un “clan”, que el político regional escoja a algún poderoso del centro del poder para librar una pelea (por supuesto, que no sea nadie de los medios). Así lo vean perdiendo, dar batallas contra poderosos o convertirse en el dolor de cabeza de algún ministro, puede ser el paso definitivo para salir del gueto y dejar de ser del montón. (esto es muy importante para quien haga parte de la coalición de gobierno: vote con el ejecutivo pero escoja a alguien a quien hacerle oposición). Armando Benedetti es un ejemplo brillante de esa estrategia.

En conclusión, si usted es político regional y pretende hacerle el quite al Bogocentrismo, vuélvase cachaco.  También puede escoger el camino corto: emparente con alguien que ya haga parte del centro del poder. (Esta fórmula no fue contemplada por quienes participaron en el estudio pero basta ver algunos ejemplos de los nombres que sobresalen en la medición para llegar a esa conclusión).

Aquí el informe completo