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Martes Agosto 11, 2020

Blogoeconomía

De la mano negra a la mano invisible: opiniones y provocaciones de un grupo de economistas académicos.

Este es un blog a cargo de David Bardey, Juan Camilo Cárdenas, Marcela Eslava, Leopoldo Fergusson, Marc Hofstetter, Andrés Moya, Oskar Nupia, Catherine Rodríguez, Jorge Tovar, Rafael Santos y Hernando Zuleta. Todos son profesores de la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes.

Las opiniones expresadas por los autores se hacen a título personal y no comprometen el nombre de la Universidad de los Andes ni al grupo de Blogoeconomía como un todo.

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Por: Catherine Rodríguez

 

La semana pasada los medios nos hicieron enfocar nuestra atención en lo que estaba pasando con Powerball, una lotería que entregaba el mayor premio en la historia. ¡1,500 millones de dólares!

Sin duda, la vida de los dueños (y sus descendientes) de las tres boletas ganadoras que recibirán apróximadamente 500 millones de dólares antes de impuestos cambiará.

Dado que las probabilidades de ganar esta lotería eran supremamente bajas, 1 en 292 millones, preguntarnos qué les pasará a estas familias puede no ser tan interesante. Hay otras loterías que, aunque tienen un menor premio, las probabilidades de ganarlas son mayores y por lo tanto una mayor proporción de personas, incluyendo quizás alguien que conozcamos, han ganado.

¿Qué pasa en la vida de estos ganadores de loterías más “típicos” después que reciben el premio? ¿Qué pasaría si yo me ganase la lotería? ¿Cuantos no nos hemos hecho esta pregunta alguna vez?

Leyendo artículos en internet es posible encontrar una variedad impresionante de posibles respuestas. Unos artículos, incluso en el New York Times, sugieren que ganarse la lotería puede ser una maldición. Después de ganarse las loterías las personas son asesinadas con cianuro, mueren por problemas de drogas o alcohol, son asesinadas por nuevos “amigos” o envenenadas por familiares.

Otros artículos menos dramáticos sugieren que en realidad esos premios no llevaron felicidad a los ganadores y algunos testimonios de ellos sugieren que hubiese sido mejor no ganárselos. Otros resaltan que algunos ganadores donan todo el dinero ganado y continúan viviendo una vida muy similar a la anterior.

Sin embargo, mas allá de ejemplos específicos estos artículos no nos dicen mucho. ¿Es posible entender si ganar la lotería realmente cambia radicalmente la vida de los ganadores? ¿Puede el dinero comprar la felicidad?

Algunos economistas se han preguntado qué sucede con las decisiones y estado de ánimo de los individuos cuando estos eventos, que en últimas son choques al ingreso bastante estudiados en la teoría económica, ocurren.

Quizás uno de los estudios más conocidos en ese tema es el de Imbens, Ruben y Sacerdote (2001) en donde los autores comparan ganadores de los premios mayores de la lotería de Massachusetts (entre $US22,000 y $US9 millones) con ganadores de premios menores de esa misma lotería (personas que ganaron entre US$100 y US$5,0000).

Los autores encontraron que el dinero se invierte casi siempre en carros y casas y cerca del 16% de las ganancias son ahorradas. Los autores encuentran también que, aunque por supuesto baja el ingreso recibido por trabajo de los ganadores esta reducción es mucho menor de la que uno esperaría y no varía entre hombres o mujeres sugiriendo que no necesariamente los ganadores dejan de trabajar.

Dos trabajos más recientes encuentran efectos no esperados de ganarse la lotería. Kuhn et al. (2011) estudiaron el impacto de ganar una lotería en Holanda que, aunque tiene una mayor probabilidad de ganar, el valor de los premios consiste en menores sumas monetarias y un carro BMW.

Los autores encuentran que, consistente con los resultados anteriores, aumenta el consumo en carros y casas de los ganadores. De manera interesante los autores encuentran que estos eventos no solo afectan a los implicados sino a sus vecinos también. Ellos demuestran que los vecinos de ganadores tienen también una mayor probabilidad de comprar carro que vecinos de no ganadores.

En el mismo año, Hankins, Hoekstra y Skiba (2011) utilizaron los resultados de la Lotería de Florida y compararon también a los ganadores de premios mayores y menores. Los autores se preguntaban si ganarse la lotería disminuía las probabilidades de que individuos se declararan en bancarrota, un resultado que a priori yo hubiese pensado que sí.

Con esta metodología encuentran que la probabilidad de caer en banca rota no disminuye a pesar de ganar una lotería de entre 160 millones y 500 millones de pesos. La lotería solo retrasa el tiempo en el que las personas se declaran en banca rota. Los resultados muestran que, aunque en el corto plazo la probabilidad de alguien que gana la lotería quede en la quiebra es menor que la de un no ganador, cinco años después esta probabilidad se revierte.

Pasando a resultados más sociales Hankins y Hoekstra (2011) analizan las decisiones de matrimonio o divorcio que toman los individuos después de ganar la lotería.

Curiosamente ellos encuentran que, aunque ganar la lotería no aumenta las probabilidades de divorcio de hombres o mujeres, aquellas mujeres solteras que ganan la lotería tienen una menor probabilidad de casarse que aquellas que no la ganan.

Finalmente, el más reciente ganador del premio Nobel en Economía, Angus Deaton se pregunta en un estudio junto con Daniel Kahneman si el dinero compra la felicidad. Los autores concluyen que, aunque el dinero puede comprar el nivel de satisfacción con la vida este en realidad no compra la felicidad.

Estos resultados son consistentes con el que es posiblemente uno de los estudios más conocidos en psicología al respecto.

Brickman et al. (1978) comparan el nivel de felicidad de ganadores de lotería con individuos controles y con individuos que quedaron parapléjicos en accidentes recientes. El estudio no encontró que aquellos que ganaron la lotería eran más felices que los controles.

De hecho, los ganadores de lotería reportaron menores niveles de felicidad de realizar actividades mundanas que los controles y que los parapléjicos.

Además, aunque los ganadores de lotería reportaron que en el presente eran más felices que los parapléjicos o los controles las expectativas de felicidad de los parapléjicos en el futuro eran mayores que las de los primeros.

Los autores explican que estos resultados pueden estar basados en los contrastes y el hábito que creamos nosotros los humanos. Eventualmente los que ganan la lotería se acostumbran a habérsela ganado y, peor aún, cualquier experiencia después de eso les parece insignificante. 

Estos estudios parecen indicar que ganarse la lotería no es una maldición, pero tampoco una bendición. En general ganarse la lotería no asegura la felicidad y ni siquiera te cambia la vida de manera dramática. Quizás, como probablemente muchos de ustedes ya sabían, cambiar la vida depende de nosotros mismos y la felicidad no es algo que nos cae del cielo sino una actitud y una decisión de vida que debemos buscar todos los días.

Comentarios - Cada usuario tiene la posibilidad de incluir solo tres comentarios
Dom, 2016-01-24 22:24

Muy chévere tu entrada. Me encantó el dato de los vecinos comprando carro también.

Mié, 2016-01-20 19:17

Conocí el caso de un hombre soltero que se ganó el premio mayor de la Loterua 9 Millonaria (actualmente ya no existe en Colombia). El hombre se le despertó la necesidad de comprar y comprar finca raíz. Y con parte de los arriendos bebía y bebía hasta que adquirió una sirrosis u murió. No es fácil hacer el análisis para estos casos. Ganar un premio de estos es anormal. Lo normal es vender nuestra fuerza de trabajo, adquirir una pensión y morir. Lo de la felicidad ya está claro que no se compra con dinero. Quién es feliz en Colombia con tantos impuestos por pagar, IVA, impuesto a la gasolina, impuesto al cine, impuesto en los moteles, impuestos en los cigarrillos y licores, impuesto en carro particular, impuesto de las guerrillas, impuesto del delincuente común, impuesto, impuesto...Cual felicidad?

Mar, 2016-01-19 09:41

Lo d la felicidad es muy subjetivo y obedece a los intereses q cada cual tenga en la vida; obvio en Colombia cada estrato tiene su interés propio, en ese orden d ideas hay múltiples felicidades a la colombiana q necesariamente van ligadas a la vida diaria dl país. Asi las cosas, esas felicidades no dependen exclusivamente d nosotros.

Defino la felicidad, como estados d máxima alegría, siendo un estado no es constante, no es eterna, la duración d ese estado repito no dependen exclusivamente d cada cual, menos en Colombia.

Pregunto:

1- Los estudios mencionados son tan universales q aplica al caso Colombiano?

2- Ante tanta lotería, hay algún estudio colombiano q hable d q tan cierto es:

a- q los premios son entregados semanalmente, en otras palabras, semanalmente hay muchos nuevos millonarios en Colombia ?.

b- NO hay forma d saber si los premios podrían acumularse como el baloto?.

c- dónde están esos nuevos nuevos ricos?.

Mar, 2016-01-19 09:40

El dinero es convención social, que nos permite transar trabajo acumulado o los abusos y golpes de suerte del pasado. La literatura económica considera que un peso es igual a un peso, pero es el valor del mismo cambia la ecuación de bienestar social. Para varios grupos poblacionales los recientes periodos de la izquierda en Bogotá fueron una lotería, el Colsubsidio del Restrepo se llenaba de clientes pagando taxis para los mercados que compraban con los recursos del distrito, cada vez que había una elección aparecían mágicamente cientos de informadores del SITP y en los hospitales las cuotas,ya no eran las moderadoras sino las políticas. La teoría del ingreso permanente muestra como ellos sabían que era temporal, porque como toda clientela latinoamericana sabe, ni teniendo las reservas petroleras mas grandes se puede sostener tanto vago.Casi la mitad de los ganadores de lotería(grandes premios)están peor a los 10 años, su motivación, sueños y proyectos fenecieron por el teorico premio

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