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Martes Julio 27, 2021

Blogoeconomía

De la mano negra a la mano invisible: opiniones y provocaciones de un grupo de economistas académicos.

Este es un blog a cargo de David Bardey, Juan Camilo Cárdenas, Marcela Eslava, Leopoldo Fergusson, Marc Hofstetter, Andrés Moya, Oskar Nupia, Catherine Rodríguez, Jorge Tovar, Rafael Santos y Hernando Zuleta. Todos son profesores de la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes.

Las opiniones expresadas por los autores se hacen a título personal y no comprometen el nombre de la Universidad de los Andes ni al grupo de Blogoeconomía como un todo.

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Por Leopoldo Fergusson (@LeopoldoTweets)

Hay dos impuestos en Colombia condenados a la pena de muerte: el de las transacciones financieras y el de patrimonio. Desde que recuerdo son siempre los próximos a desmontarse. Pero no este año, el próximo. Como en las tiendas: “Hoy no fío, mañana sí”.

No nos digamos mentiras. Estos impuestos llegaron para quedarse: el de las transacciones financieras desde que se introdujo en 1998, y el de patrimonio desde que se extendió en el gobierno Uribe. Así que dejemos de decir que el impuesto a las transacciones financieras se desmontará gradualmente, y que el de patrimonio es temporal. La maña no es nueva en Colombia, como lo muestran Junguito y Rincón en su excelente historia de la política fiscal en el siglo XX. Se crea un impuesto para atender una emergencia (como salvar al sistema financiero) o un gasto extraordinario (la seguridad democrática), y luego se vuelve permanente.

La situación del momento es la siguiente. Hay un faltante para cumplir con los compromisos del presupuesto y al tiempo honrar la “regla fiscal” que pone límites al monto que se puede financiar con deuda pues establece metas sobre el balance fiscal “estructural” del Gobierno Nacional Central. Villar y Forero estiman un hueco de un 2 al 3% del PIB. Frente al embrollo, muchos vienen resaltando la necesidad de hacer una reforma tributaria que logre el recaudo necesario y, sobre todo, que lo haga corrigiendo problemas del sistema. Una verdadera “reforma estructural”, no una respuesta de ocasión al lío del día.

Steiner y Medellín, por ejemplo, publicaron este análisis y propuestas desde abril. Allí expresan preocupación, entre otras cosas, con lo siguiente: en IVA , las exenciones y tarifas diferenciales que dificultan la administración, facilitan la elusión, y no cumplen suficientemente el propósito de aliviar el impacto sobre los más pobres; en renta, las exenciones a las sociedades que crean inequidad horizontal y cuestan cerca de 1% del PIB, y los beneficios sobre personas naturales que son regresivos pues las deducciones e ingresos no constitutivos de renta son mayores para los más ricos; en el impuesto al patrimonio de las empresas, que les resta competitividad.

Sobra decir que en abril la realidad política hacía imposible siquiera discutir el tema. Había que ganar una reelección, para poder proponer, en el segundo mandato, su eliminación. Pero las restricciones políticas de hoy no parecen muy distintas. Por lo que se conoce, el gobierno está inclinado a limitar las medidas del momento a… adivinen: postergar el desmonte del cuatro por mil y establecer una nueva tarifa y una base extendida, “por cuatro años” claro, en el impuesto al patrimonio.

El asunto es grave, y no lo es tanto. Es grave que se postergue una corrección de fondo a nuestro sistema tributario. Lo que no es tan grave es que estos condenados a muerte se salven una vez más.

El planteamiento puede sonar sorprendente, casi hereje, sobre todo en el caso del impuesto a las transacciones financieras. Ese impuesto, todo el mundo sabe, es “antitécnico”. (Pregúntenle a google “impuesto a transacciones financieras antitécnico” y verán). Pero la realidad es menos contundente. Hay cálculos para Colombia que muestran que se trata de un impuesto con mayores costos sociales que los de otros impuestos (como este de Arias, o este del mismo autor con Carrasquilla y Galindo, o este de Suescún). Pero incluso entre estos trabajos, Suescún indica que al tiempo que los efectos de eficiencia son mayores para el impuesto a las transacciones financieras, los efectos sobre el crecimiento económico de este gravamen son modestos[i]. Y autores como Sánchez y Espinoza le atribuyen efectos en eficiencia muy comparables a los de los demás impuestos. Las experiencias internacionales sugieren además que se pueden evitar los costos excesivos. Este trabajo, por ejemplo, compara la experiencia de varios países de Latinoamérica, mostrando que Brasil logró evitar costos exagerados. Es fundamental conservar las tasas bajas y proteger transacciones muy sensibles al gravamen para evitar la excesiva desintermediación financiera. Con esto no estoy defendiendo al cuatro por mil como la panacea. De hecho, es un impuesto posiblemente más costoso para la asignación de recursos que los demás. Pero frente a la necesidad de recaudo, si debemos vivir con él no es el fin del mundo.

Salvar al impuesto al patrimonio de la pena de muerte se justifica, entre tanto, por un argumento de equidad. La alta desigualdad del país, y lo poco que hace el sistema tributario para corregirla, son dos fenómenos más que diagnosticados. Hay a quienes esto no los desvela: lo preocupante es la pobreza, no la desigualdad. La desigualdad, de hecho, es casi bienvenida: que unos tengan más que otros incentiva a los segundos a trabajar fuerte para parecerse a los primeros. Este argumento es ingenuo. Se requiere un optimismo casi idiota en una sociedad tan desigual como la nuestra para creer que la transición de pobre a rico es un evento con mejores chances que ganarse una  lotería.

Y aunque hay razones para defender la equidad en sí misma, para los escépticos también las hay para defenderlas por sus consecuencias para la eficiencia. Un ejercicio reciente para los Estados Unidos encuentra que cerca de una quinta parte del incremento en el ingreso per cápita desde 1960 obedece a la entrada de minorías (negros y mujeres) a ocupaciones en las que antes estaban esencialmente excluidos. La razón es simple: individuos talentosos en estos grupos simplemente no podían acceder a los tipos de trabajo que les permitían aprovechar sus ventajas comparativas y explotar al máximo su productividad. Eliminadas estas barreras, la sociedad es más productiva. 

Llevando estos resultados al contexto colombiano, es de esperar que la desigualdad cree barreras para que individuos con talento innato (pero circunstancias mucho inferiores a otros individuos más afortunados) puedan explotar sus capacidades en beneficio propio y de la sociedad. El paralelo no es válido, podría decirse, pues en el ejemplo estadounidense no se trata de barreras por la desigualdad sino de discriminación frente a minorías. Pero en Colombia se discrimina laboralmente a las personas más pobres, como lo mostraron Gaviria, Medina y Palau. ¿Basta con sacar a los individuos de la pobreza para evitar estas barreras? Dudo mucho: con fuerte desigualdad continuará la segregación social aún si los menos aventajados no clasifican técnicamente como “pobres”. Por razones similares, desde hace dos años cuando se discutía la última reforma tributaria, defendía el impuesto a los dividendos. ¡Que no estaría mal revivir esta ocasión!

Como el impuesto al patrimonio es defendible desde el punto de vista de equidad, es preciso terminar con una súplica. Nada se logra si se eleva el impuesto al patrimonio y no se evitan los mecanismos de elusión que, los más ricos entre los ricos, tienen para hacerle el quite a este tipo de impuestos. Un exministro de Hacienda, comprensiblemente indignado, me dijo hace tal vez un par de años: “Son apenas unos 40.000 colombianos los que pagan el impuesto al patrimonio. Tengo amigos ricos que tienen miles de millones de pesos y no lo pagan. Otros, en cambio, más que multimillonarios son viejos: llevan toda una vida de ingresos y ahorros y lo están pagando”. Está muy bien que paguen los segundos. Pero es absurdo que no paguen los primeros. En este gobierno tan criticado por tener funcionarios estrato 6, no deben ser más que secretos de pasillos los trucos de los ricos de los ricos para no pagar el impuesto al patrimonio. Hagan el inventario, y pónganles talanquera.

 

[i] Sólo Arias da una visión verdaderamente apocalítpica de los efectos del cuatro por mil: para él fue responsable de que la crisis del 98 se hubiese convertido en la más profunda de toda nuestra historia. Pero este trabajo tiene una limitación: plantea un modelo de la economía donde el impuesto a las transacciones es el principal palo en la rueda del funcionamiento del sistema financiero, y predice con el modelo la evolución de la economía colombiana en el período. No sorprendentemente, en una época de contracción fuerte del crédito, el responsable termina siendo el palo en la rueda que se incorporó al modelo por construcción. En mi opinión, no es claro que el método logre separar los efectos de la regulación que los efectos propios de la crisis.

Comentarios - Cada usuario tiene la posibilidad de incluir solo tres comentarios
Vie, 2014-10-03 20:39

La desigualdad es un aforismo matemático vivido y sentido por todas las especies en esta humanidad. La precisión que deseo hacer en esta intervención es alusiva al crecimiento de esta sintomatología en Estados Unidos de América, pues desde hace varias décadas las familias estadounidenses no pueden vivir con el salario de uno de sus miembros. Cada día el sueño americano es más difícil de alcanzar, pues cierran más empresas de las que abren, y las ofertas de empleo cada día se hacen mínimas. Desde 1971 al abandonar la norma del oro como el soporte de su economía y adoptar las divisas fiduciarias que no están apoyadas en nada, los salarios no han dejado de caer, la decadencia económica es horripilante, y por ende la banca rota es inalterable.

Mar, 2014-09-09 17:44

La reduccion de la desigualdad como motor de progreso, al aprovechar el potencial real de un mayor numero de ciudadanos... Cuanto agradezco que haya publicado eso!

Mar, 2014-09-09 14:20

Los realmente ricos no pagan este impuesto. Con la falacia de evitar la doble tributación, la norma excluye en el cálculo patrimonial de las personas el valor de las acciones poseídas en sociedades nacionales. En blanco un negro: Luis Carlos Sarmiento, el colombiano más rico, no paga un peso de impuesto al patrimonio personal por la propiedad del grupo Aval.
Si de verdad quieren que sea sobre los ricos, deben reducir la tarifa a la mitad (si los trama el tema de la doble tributación) e incluir las acciones que tengan las personas en su cálculo patrimonial.

Mar, 2014-09-09 19:55

Christian. Útil aclaración y complicado diseño, pero abre la pregunta de si lo más lógico no es caminar hacia eliminar el de patrimonio a las empresas y cobrar entero el de patrimonio (bien valorado, sin exenciones y protegiéndose de trampas) de las personas. Supongo que lo dicho en paréntesis es el gran lío en administración, y entonces vamos por el mundo de lo posible y no lo deseable... Leopoldo 

Mié, 2014-09-10 08:38

Christian, Entiendo, y de acuerdo con el principio de sostener impuestos tan administrativamente viables que su costo social es inferior al de otros teóricamente neutros pero administrativamente muy costosos. Ahora, parecen existir en todo caso dentro del de patrimonio a personas naturales algunos "trucos" más o menos posibles de indentificar frente a los que se podría luchar para evitar que ese impuesto se diluya. No se si mi ejemplo de la compra de acciones a fin de año, por ejemplo, es válido, pero mi anécodta del exministro sugiere que hay mucho truco. Ojalá puedan seguir avanzando en la cacería de esos trucos. Saludos, Leopoldo

Mar, 2014-09-09 14:27

¡Me adhiero Marc! Porque no sólo es que no pague Sarmiento. Es que los ricos pueden comprar acciones por montón a final del año para reducir la base (hasta endeudándose para que eso también baje impuestos) y no pagar impuesto al patrimonio. Leopoldo

Mar, 2014-09-09 09:38

Gracias Coronado. La evidencia sobre la discriminación en el mercado laboral de individuos igualmente productivos es amplia, y no parece estar explicada porque los atributos frente a los que se discrimina sirvan como señal de otras habilidades. Acá un ejemplo nada más, http://www.nber.org/papers/w9873. Así que, si bien yo le he puesto cuidado a los modelos con actores racionales, los tomo en serio pero no literalmente. Constantemente vemos comportamientos que se desvían de la racionalidad en el comportamiento económico. Y yo no estoy negando que la desigualdad incentive el esfuerzo. Es cuestión de grado: no abogo por una equidad total, pero la desigualdad extrema tiene costos grandes y hablé apenas de uno en el post. Y el lector es soberano: si a usted le parece "beside the point", perfecto. A mí no, porque en mi ecuación los impuestos no son sólo para recaudar mimizando eficiencia: también se deben contrastar los efectos distributivos. Saludos, Leopoldo

Mar, 2014-09-09 18:44

Si quieren evidencia de discriminacion laboral en Colombia, similar a la que muestra Leopoldo del estudio de Bertrand & Mullainathan, vean esto:
http://economia.uniandes.edu.co/content/download/49067/405783/file/ODR__...

Mar, 2014-09-09 10:03

Yo no estoy en desacuerdo con que valga la pena reducir la desigualdad (pero hay formas mucho más eficientes de hacerlo que con impuesto al patrimonio cuya urgencia es de caja y no de justicia). Lo que pasa es que una discusión inteligente requiere separar los gustos de uno de los argumentos: los argumentos económicos que justifican incurrir costos de eficiencia para corregir la desigualdad son, sino flojos, por lo menos controversiales. Tildarlos de "idiotas" es menos que inteligente y rebaja la calidad de todo el resto del artículo.

Mar, 2014-09-09 10:17

Gracias de nuevo Coronado, pero seamos precisos. Lo que yo califiqué de iodiota fue el optimismo de algunos en sociedades muy desiguales sobre las oportunidades de movilidad de los menos aventajados. Y usé el calificativo de idiota sobre todo por imitar el tono del vínculo al que lleva, una sátira de ese tipo de argumentos. Si a usted o a otro lector lo ofendí por ese calificativo, ni más faltaba, me disculpo. Ahora, sobre la forma más eficiente de reducir la desigualdad, sin duda que no puede limitarse a la política tributaria que "castigue" a los ricos. Los riesgos de los impuestos al desincentivar la creación de riqueza son reales y deben tenerse en cuenta. Pero alguien debe financiar los esfuerzos (por el lado del gasto) de reducir las inequidades y la pobreza. Que lo hagan en mayor medida los ricos va en línea con ese fin. Y en Colombia, dada la escasa progresividad del sistema tributario, aún tenemos espacio para avanzar en esa dirección. Saludos, Leopoldo

Mar, 2014-09-09 14:23

Pero le insisto, desde el punto de vista económico, la carga de la prueba es inversa: es muy difícil construir un modelo económico en el que una firma va a contratar deliberadamente a alguien menos productivo sencillamente porque es más rico. Ni siquiera la evidencia empírica que usted menciona (y que no he examinado) es suficiente sin un mecanismo razonable que la justifique científicamente. Estoy siendo injusto porque la pregunta de fondo es difícil---pero su respuesta es mucho menos obvia que lo que usted lo quiere hacer parecer en su columna.

Mar, 2014-09-09 19:11

Coronado, En esto sí no le entendí bien. Puede ser difícil construir un modelo, pero no por eso se pueden hacer oídos sordos frente a la evidencia. La que le cité más la de Colombia que le comentó Juan Camilo es bien clara y contundente, científica y de hecho particularmente confiable pues no son estudios empíricos observacionales sino experimentales donde se controlan cuidadosamente las variables. Que a usted no se le ocurra un mecanismo no es razón para descartarla. Sobre lo otro: estamos de acuerdo en que la respuesta no es obvia, y la columna puede hacerla parecer obvia pero eso en parte es un mal necesario que prefiero pues poco lograría con una columna tan llena de salvedades que no se pueda controvertir ni estar de acuerdo. Leopoldo 

Vie, 2014-09-12 02:26

En mi comentario léase "...porque es más rico"!, lo siento.

Vie, 2014-09-12 02:12

Me parecen muy interesantes la entrada y toda la discusión. Tal vez por ahora no son muchos los modelos económicos que estudien mecanismos por los cuales las firmas puedan terminar contratando a alguien porque es menos rico (o por razones íntimamente ligadas a que lo sea) independientemente de la productividad. Pero que los hay, los hay, y la literatura está creciendo. Por ejemplo: Calvo-Armengol, Jackson. "The effects of social networks on employment and inequality" AER (2004) y Calvó-Armengol, Jackson. "Networks in labor markets: Wage and employment dynamics and inequality." Journal of economic theory 132.1 (2007): 27-46 (Que la reducción de la desigualdad pueda alterar o no la estructura de la red y contrarrestar el tipo de dinámica que proponen es otra pregunta bien interesante). Este es sólo uno de muchos mecanismos que se pueden explorar, a luz de la idea de que tal vez los "mercados laborales" de "mercados" tienen poco.

Mar, 2014-09-09 12:47

¿Y por qué esos esfuerzos deben ser financiados por alguien distinto a quien quiere reducir la desigualdad? Dentro de esos, seguramente, estarán algunos ricos que voluntariamente donarán parte de su riqueza para ayudar a resolver el tema.

El argumento de que la desigualdad es deseable para motivar a los pobres también me parece malo, pero no por eso creo que la desigualdad sea un problema. Yo creo que la desigualdad es una consecuencia natural de aspectos como inteligencia, suerte (incluyendo la familia que le tocó), ética de trabajo, etc. En todo caso, a mí me cuesta entender cómo se salta de identificar un problema a decidir que deben forzar a alguien a entregar parte de su riqueza para tratar de resolverlo.

Mar, 2014-09-09 08:41

Defender el impuesto al patrimonio con base en la desigualdad es "beside the point". Una cosa son medidas para aumentar el recaudo atenuando los (inevitables) costos de eficiencia y otra muy distinta son medidas para diminuir la desigualdad. Ahora, le recomiendo que tenga cuidado con sus calificativos: si usted le puso cuidado a los modelos económicos basados en comportamiento racional, es más "idiota" el que cree que una empresa no contrata a alguien productivo sólo porque es pobre (o negro o mujer o feo...) que el que cree que la desigualdad genera incentivos para hacer más esfuerzo. Por cierto, nadie medianamente serio defiende la desigualdad basado en ese mecanismo ---hay gente seria dice que la igualdad es sencillamente irrelevante y que tratar de acabarla con un impuesto como el que proponen EVITA la formación de riqueza.

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