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Domingo Septiembre 19, 2021

Blogoeconomía

De la mano negra a la mano invisible: opiniones y provocaciones de un grupo de economistas académicos.

Este es un blog a cargo de David Bardey, Juan Camilo Cárdenas, Marcela Eslava, Leopoldo Fergusson, Marc Hofstetter, Andrés Moya, Oskar Nupia, Catherine Rodríguez, Jorge Tovar, Rafael Santos y Hernando Zuleta. Todos son profesores de la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes.

Las opiniones expresadas por los autores se hacen a título personal y no comprometen el nombre de la Universidad de los Andes ni al grupo de Blogoeconomía como un todo.

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Por Marcela Eslava

Hay indignación en Bogotá con la solicitud de algunos taxistas de que se reverse la reducción del Pico y Placa para carros particulares. El malestar es comprensible: no tiene presentación que algunos se sientan con derecho de exigir que a muchísimos más le restrinjan sus opciones de movilidad, todo para garantizarles una rentabilidad a la que se habían acostumbrado. Pero nuestra indignación parece olvidar que el monstruo es también hijo no reconocido de decisiones de la administración de la ciudad: los taxistas que protestan lo hacen porque la extrema restricción que nos impusieron hace pocos años les generó unas rentas extraordinarias que hoy no quieren perder.

La elevación de los ingresos de los taxistas no es el único efecto colateral del Pico y Placa  “a la Samuel”. La compra del segundo carro en familias que normalmente usarían un solo vehículo y la consiguiente elevación del parque automotor, son también hijos de la medida. Y, lo más grave, estos efectos colaterales tienden a hacer la medida irreversible: le crean dolientes (como los taxistas de la protesta actual) y empeoran el exceso de vehículos, haciendo que el panorama potencial de tráfico  bajo el supuesto de que se remueva la restricción sea aún más preocupante.

Estos efectos eran fácilmente previsibles. Sin embargo, las cuentas de la administración—por lo menos las que nos contaron a los ciudadanos—los ignoraron. Por un lado, el efecto predicho de la medida sobre el tráfico se calculó como una reducción del 40% de los carros en los nuevos horarios de restricción (como si el número total de vehículos no se fuera a afectar). Por otro, se publicitó la medida como temporal, sin ajuste alguno que hiciera este anuncio creíble, y sin reconocer que la medida traía consigo la semilla de su propia “eternización”.

Desde el punto de vista del Pico y Placa bogotano, la coyuntura debería darle para pensar a la actual administración (y no sólo sobre cómo manejar la protesta taxista). Con la reciente reducción del horario de restricción, el modelo se movió en la dirección correcta de reducir las distorsiones que llevaban a los individuos a hacerle el quite a la medida. Pero parte de lo que se hizo con la mano se borró con el codo, porque el nuevo modelo de par-impar está empujando a muchos a comprarse un vehículo con placa diferente. Y adicionalmente se volvió a caer en el error de ignorar este efecto al echarle cuentas a la medida. Tal vez es hora de comprometerse con un calendario transparente de evolución del modelo a futuro, para que los ciudadanos le creamos de una vez por todas a la temporalidad del arreglo y pensemos dos veces la inversión grande de un nuevo vehículo.

Pero la existencia de efectos colaterales que tienden a hacer las regulaciones irreversibles (y a veces a empeorar la enfermedad inicial) está lejos de ser una peculiaridad del Pico y Placa capitalino. Desafortunadamente, también es generalizada la tendencia a no anticipar esos efectos y a no hacer nada para minimizar sus costos. ¿Se acuerdan de los múltiples paros camioneros que tuvimos que sufrir en protesta porque la tabla de fletes no se hacía cumplir? ¿Y de los costos que hubo que pagar para, finalmente, eliminar esa regulación? ¿Y se acuerdan de la oposición que enfrentó la reducción de aranceles al inicio del gobierno Santos (que, de hecho, la reversó parcialmente)? Lo que no podríamos recordar es que cuando esas regulaciones se adoptaron haya habido amplio debate sobre esas dificultades y costos futuros, ni que se hayan tomado medidas para reducir la posibilidad de tener que pagarlos.

 No soy del modelo de economista que cree que el gobierno debe simplemente abstenerse de meter la mano en la economía. Pero sí del que cree que con demasiada frecuencia nos tomamos a la ligera, ciudadanos y dirigentes por igual, los costos de esas intervenciones. Y en ese espíritu creo que debemos buscarnos mecanismos que nos obliguen a sopesar tales costos con mayor cuidado, y otros que nos comprometan a limitar esos alcances no deseados a periodos adecuados al propósito y predecibles para los ciudadanos. Ciertamente no es fácil, pero tampoco imposible. Un ejemplo práctico es la reciente política para la reducción de la regulación en el Reino Unido, que ha sometido la adopción de nueva regulación a un cuidadoso escrutinio para garantizar que es necesaria y que tiene cláusulas que garantizan que no se extienda necesariamente en el tiempo. Pero ya me extendí demasiado, así que dejemos esa iniciativa para otro post. Por el momento les dejo la inquietud.

Comentarios - Cada usuario tiene la posibilidad de incluir solo tres comentarios
Mar, 2012-08-28 16:21

El gremio de los taxis es una mafia,mientras el carro cuesta 25 millones,los cupos valen 80 o más,tolerado por el D.C. y los alcaldes de turno.

Mié, 2012-08-29 11:32

Jose Gerardo, en nueva york el valor de un cupo esta en mas de medio millon de dolares http://www.yellowcabnyc.com/nyc-taxi/nyc-taxi-cartel-medallion-prices-soar
(y un carro equipado no cuesta mas alla de una decima parte de eso), aqui seria como la tercera parte. Eso no es por ser "mafia", es porque el gobierno restringe el numero de cupos, para bien o para mal. en NY los subastan, en Bogota se maneja un mercado de cupos restringidos. ¿Se imaginan Bogota sin que hubieran cupos restringidos de taxis?

Mié, 2012-08-22 08:01

Aquí hace falta añadir que existe el problema de nuestra cultura política que se reduce en parte bajo el dicho "hecha la ley, hecha la trampa". Apenas comenzó el nuevo Pico y Placa empezaron las (sin)razones para adquirir otro carro; los concesionarios a promocionar conseguir placas diferentes, lo anterior con el fin de encontrar faltos justificantes que permitan mejorar la movilidad individual. En este país el beneficio colectivo es algo más que utópico.

No sé si al final de cuentas el llamado al paro que hicieron los taxistas tuvo algún eco para el resto de la sociedad: las críticas contra este servicio por los excesos y abusos que comenten gran parte del gremio hacen que sea visto como un servicio de último recurso más que como una necesidad o una alternativa.

Y es útil recordar que aquí puede pasar algo estilo 2 x 1000. Al final se convierte en algo permanente sin ton ni son.

Prefiero caminar o usar cicla.

Lun, 2012-08-27 14:34

No creo que el tema de adquirir un nuevo carro deba verse como ud. lo plantea; como una "trampa" a la ley. Si lo que querían era evitar que se inundara de más carros la ciudad, debieron aumentar el valor de registro de nuevos vehículos, aumentar el impuesto, o prohibir que un ciudadano tenga a su nombre más de 1 vehículo. Pero uno como ciudadano no tiene porque estar pensando en el bien público cada vez que hace una compra; si no está prohibido, puedo comprar cuantos vehículos quiera y no hay nada más que considerar. Una regulación mediocre es culpa del gobierno distrital, de nadie más.

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