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Jueves Agosto 11, 2022

Blogoeconomía

De la mano negra a la mano invisible: opiniones y provocaciones de un grupo de economistas académicos.

Este es un blog a cargo de David Bardey, Juan Camilo Cárdenas, Marcela Eslava, Leopoldo Fergusson, Marc Hofstetter, Andrés Moya, Oskar Nupia, Catherine Rodríguez, Jorge Tovar, Rafael Santos y Hernando Zuleta. Todos son profesores de la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes.

Las opiniones expresadas por los autores se hacen a título personal y no comprometen el nombre de la Universidad de los Andes ni al grupo de Blogoeconomía como un todo.

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Por Leopoldo Fergusson (seguir a @LeopoldoTweets)

En días recientes, a raíz del caso Pacific Rubiales, salió a relucir el riesgo de un matrimonio entre medios de comunicación y poder económico. La historia fue reseñada por Carlos Cortés Castillo en La Silla Vacía. Aunque el debate se centró en el despido del columnista Daniel Pardo del portal KIEN&KE, con la posterior renuncia de la directora y sub-director de ese portal, el asunto de fondo es serio y de interés mucho más general: la injerencia de intereses particulares en el contenido de los medios masivos de comunicación.  En este caso, la preocupación es que medios de comunicación que presentan publicidad de Pacific Rubiales le den a su turno un tratamiento benevolente a la multinacional. Es, ni más ni menos, un caso de posible sesgo en la información presentada al público como consecuencia de los vínculos comerciales de los medios.

La W Radio se destacó como el principal medio señalado. Destapo mis cartas: hace no mucho tiempo, yo era un oyente habitual de La W, quizás porque el incisivo Félix de Bedout, aunque con algo de alharaca, resultó útil para desenmascarar escándalos durante el gobierno Uribe II; o porque Alberto Casas solía divertirme con algunas muestras  de humor fino;  o porque “Julito” (con todo y su atención a los oyentes de Madrid, España y su desatención a los oyentes de Madrid, Cundinamarca) parecía un buen director de orquesta. Pero tuve que “cambiar de dial” desde que las aguas mansas de la Unidad Nacional adormilaron el ambiente y, sobre todo, desde que Alberto y Julio entraron en una obsesión compulsiva con el poema de Jaime Jaramillo Escobar sobre la negra y su ausencia de “concepto” que, más que como periodistas, los hacía sonar como borrachos amanecidos con un chiste repetitivo.

Así, no estoy en condición de juzgar si La W dejó capturar su agenda a cambio de los recursos publicitarios. Quiero, en cambio, reflexionar sobre las implicaciones más generales del episodio. La enseñanza fundamental es simple: el poder de los medios es un arma de doble filo. Los medios de comunicación pueden ser, y en muchas ocasiones han sido, “el cuarto poder” fundamental de la democracia que, dando información y transparencia, consolidan la rendición de cuentas políticas. Tal vez no hay ejemplo histórico más diciente de la lucha de los medios de comunicación contra el abuso del poder económico y su coalición con el poder político que la era del Progresismo en los Estados Unidos, cuando los grandes barones de los monopolios fueron desenmascarados por los periodistas independientes o “muckrakers.” Es precisamente de esta época la frase de Louis Brandeis, para ese entonces aliado de Woodrow Wilson en su campaña para la presidencia: “El sol es el mejor desinfectante.”

Pero, al mismo tiempo, evidencia cada vez más sólida nos alerta sobre el otro filo de los medios de comunicación. El caso más similar a la (presunta) influencia de Pacific Rubiales es quizás el documentado por Di Tella y Franceschelli para Argentina. Estos economistas mostraron que cuando los periódicos argentinos reciben más financiación por pauta estatal, dedican menos espacio en sus primeras páginas a los escándalos de corrupción del gobierno.

Como el caso anterior, hay muchos otros en los que los intereses económicos y la presión política amenazan el ejercicio imparcial de los medios. Hace una semana, tuve la oportunidad única de ser anfitrión de un seminario internacional sobre economía de los medios de comunicación (http://economia.uniandes.edu.co/mediaeconomics) organizado por la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, donde se discutieron muchos ejemplos de lo anterior[1]. Les cuento algunos de los más vistosos.

Italia es un caso de estudio ideal, pues Silvio Berlusconi, además y antes que líder político, fue gran empresario de los medios de comunicación. Francesco  D’Acunto de la Universidad de Berkeley mostró que con la llegada de la televisión digital, creció la oferta de canales para los televidentes-electores italianos. El resultado: en las localidades con acceso a televisión digital cayó el apoyo a Berlusconi. Esto sugiere que los canales de Berlusconi habían sido cruciales para consolidar el apoyo a “Il Cavaliere”. También resulta sugestivo lo expuesto por Ruben Durante, de Sciences Po: las empresas, especialmente las de sectores fuertemente regulados, pautaron más en los medios conectados con Berlusconi mientras este estuvo en el poder. Para el caso colombiano, Rodrigo Taborda de la Universidad del Rosario mostró con datos del archivo electrónico de El Tiempo que en nuestro país se reportan más los episodios de revaluación que los de devaluación. Además, sugirió que este sesgo está explicado por la influencia de grupos de presión de exportadores, y que la política monetaria responde a estos reportes de prensa.

Pero no todas las noticias son malas. Ángela Fonseca de la Universidad de Harvard mostró con datos para los Estados Unidos de fines del siglo XIX y comienzos del XX que cuando hay suficiente competencia en los mercados de medios, incluso periódicos afiliados a los partidos se ven obligados a reportar escándalos de corrupción de su propio partido. Para Malasia, Oliver Latham de la Universidad de Cambridge mostró que la expansión de internet rompió el monopolio político de varias décadas del “Barisan Nasional”. Ruben Enikolopov del New Economic School mostró que en Rusia el más importante bloguero de oposición Alexei Navalny, al develar malas prácticas de algunas compañías estatales, afectó los precios de sus acciones en bolsa. Los ejemplos de Malasia y Rusia (y sin duda el sonado caso de la primavera árabe) sugieren entonces que los nuevos medios pueden ser una esperanza. Al fin y al cabo, son más difíciles de censurar. Pero no son la panacea. En Italia, por ejemplo, la expansión de internet redujo la participación política, sobre todo de los jóvenes, según mostró Ruben Durante.

En suma, los medios son un arma de doble filo: cuando son libres y activos, ayudan a la rendición de cuentas políticas; cuando están sesgados por la influencia de intereses políticos o comerciales son una amenaza para la democracia. Si esto fuera todo el asunto podríamos decir, como Thomas Jefferson, que “donde la prensa es libre, y todos pueden leer, todo está a salvo.”

Pero, para terminar, quisiera enfatizar que la cosa no es tan sencilla, a partir del trabajo que yo presenté en el seminario. Con Juan Fernando Vargas de la Universidad del Rosario y Mauricio Vela del Banco Interamericano de Desarrollo, estudiamos la exposición en los medios de comunicación colombianos de los políticos vinculados con los paramilitares. El caso de la “parapolítica” muestra que, a pesar de las dificultades, en Colombia existe una prensa relativamente libre y activa que se atreve a denunciar casos tan graves y peligrosos como la alianza de políticos con grupos al margen de la ley para, entre otras cosas, ejercer coerción sobre los votantes.

Entonces vale la pena preguntar: ¿Con esto, estuvo todo a salvo, como esperaba Jefferson? Nuestra respuesta es no. De hecho, encontramos que de todos los parapolíticos eventualmente denunciados por la prensa, aquellos que fueron descubiertos antes de su elección no tuvieron un peor desempeño electoral que los descubiertos después. ¿Será que nadie leyó las denuncias, y por eso el efecto es nulo? Tampoco parece ser el caso, pues los parapolíticos expuestos antes de ser elegidos tuvieron votos con una distribución geográfica muy diferente a la de sus pares que sólo fueron denunciados por la prensa pasadas las elecciones. En particular, una mayor proporción de sus votos provino de zonas con alta presencia paramilitar, alta ineficiencia judicial, y baja presencia estatal. La interpretación es que estos políticos no se quedaron con los brazos cruzados ante el golpe negativo a su popularidad entre los electores libres que, en promedio, significó el ser tildado como parapolíticos en los medios. En cambio, redoblaron sus esfuerzos de presión electoral, concentrándose aún más en zonas donde la coerción es relativamente más fácil de hacer. Para complementar la frase de Brandeis, el sol puede ser el mejor desinfectante, pero no cuando es posible esconderse en la sombra: en Colombia, la denuncia mediática de los parapolíticos los llevó aún más a la sombra.

La anterior es, por supuesto, una consecuencia negativa no intencionada de la buena labor de los medios. Significa que la coerción pudo haber incrementado con el escándalo de la parapolítica, y que algunos políticos se ubicaron más y más en zonas donde gracias a su poder militar y otras formas de coerción electoral son inmunes al control mediático. El resultado tiene dos lecturas. Si la prensa es libre y activa, pero instituciones complementarias como las que garantizan el respeto al voto libre y concienzudo no existen, exponer a los políticos cuestionados o corruptos es contraproducente. O, quizás con algo más de optimismo, debiéramos decir que los medios de comunicación libres y activos son claves para la democracia, deben seguir haciendo su labor. Pero no pueden solos. No todo estará a salvo hasta que las instituciones complementarias de la democracia no estén suficientemente fortalecidas, y esto es, precisamente, lo que el país debe hacer.

[1] Como “twittero” primíparo, estuve reportando sobre el seminario con el “hashtag” #mediaeconomics, para quienes quieran ver un resumen de 140 caracteres de los trabajos discutidos.

 

Comentarios - Cada usuario tiene la posibilidad de incluir solo tres comentarios
Sáb, 2012-11-03 18:03

La revista Alternativa, el periódico El Espectador y no se sí cabe en el mismo criterio la revista Cambio, fueron decapitadas por no doblar el espinazo. Los insumos de la prensa son el acontecer que riñe naturalmente con intereses, el resultado esperado es la credibilidad, le corresponde al medio ponderar hasta donde sacrifica lo uno en beneficio de lo otro. La Silla Vacía sobresale en credibilidad pero enfrenta las dificultades de su filosofía. Buenos ejemplos de ética periodística son citados y hay muchos por fortuna, pero surge la pregunta: Cuantos han sobrevivido? En Colombia no conozco, Pacific o Cerro Matoso o el mismo estado terminan dando cuenta del medio. Es el sicariato a la verdad.

Vie, 2012-11-02 12:14

Muy interesante la entrada. ¿Dónde se puede leer el trabajo de ustedes sobre Colombia? Gracias.

Vie, 2012-11-02 14:36

Gracias Jose por el comentario y el interés en nuestro trabajo. Por el momento, puede consultar la presentación que hicimos en la página del seminario que cito en la entrada, y con mucho gusto si me escribe a [email protected] le envío nuestro documento de trabajo tan pronto como lo saquemos (que será en cuestión de 2 o 3 semanas, mientras incorporamos precisamente los comentarios del seminario).

Vie, 2012-11-02 12:03

Jorge, es muy cierto que la respuesta de los lectores, oyentes y televidentes es clave. Como alguien dijo con respecto al caso Pacific Rubiales, lo que se gana en publicidad se pierde en credibilidad. Y de hecho hay evidencia clara de la respuesta de los ciudadanos cuando los medios son capturados por intereses políticos o comerciales. Un trabajo para Italia (sí, nuevamente Italia) muestra que los televidentes se pasaron a canales públicos de centro izquierda cuando Berlusconi empezó a dominar el contenido en sus canales (de centro derecha). Esto en parte contrarrestó el sesgo al que estuvieron expuestos los televidentes, y por lo tanto los posibles efectos del control del agenda de los medios. El trabajo lo puede encontrar acá, http://ideas.repec.org/a/bla/jeurec/v10y2012i3p451-481.html. Pero, a pesar de estos efectos, también es claro como mencioné en el post que en muchos casos el control de los medios sí logra "manipular" a la población.

Mar, 2012-10-30 22:11

Si el asunto de fondo es "la injerencia de intereses particulares en el contenido de los medios masivos de comunicación", los párrafos acerca de la parapolítica no tienen nada que ver. Una cosa es cómo ciertos poderes -principalmente el gobierno y los grupos económicos- pueden fácilmente coaccionar a los medios, sean independientes (Kien&Ke)o masivos (La W). Otra, cómo se reacomodaron los parapolíticos ante las denuncias de los medios y, en últimas, lo poco que importa el "voto de opinión" (o lo poco que opinan los votantes) en Colombia. Ambas son graves, ambas son nuestro pan diario.

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