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Miércoles Enero 20, 2021

Blogoeconomía

De la mano negra a la mano invisible: opiniones y provocaciones de un grupo de economistas académicos.

Este es un blog a cargo de David Bardey, Juan Camilo Cárdenas, Marcela Eslava, Leopoldo Fergusson, Marc Hofstetter, Andrés Moya, Oskar Nupia, Catherine Rodríguez, Jorge Tovar, Rafael Santos y Hernando Zuleta. Todos son profesores de la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes.

Las opiniones expresadas por los autores se hacen a título personal y no comprometen el nombre de la Universidad de los Andes ni al grupo de Blogoeconomía como un todo.

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Catherine Rodriguez

Dos de los más citados motivos que justifican el encarcelamiento de criminales hoy en día son el de incapacitación y el de retribución. El primero es una teoría asociada a la idea de que a través del encarcelamiento, incapacitación y reforma de criminales es posible reducir en el futuro la violencia y actividad criminal. El segundo motivo es por el contrario vengativo (basado en el dicho “ojo por ojo”) y visto como una forma de restablecer la igualdad en la sociedad.

Personalmente estoy a favor de la primera teoría y en especial creo que es esencial buscar reformar a los presos. Entre los programas carcelarios que buscan reformar a los internos se encuentra el de educación. Estudios internacionales han encontrado diversos efectos positivos como por ejemplo la disminución en la tasa de reincidencia de los ex-convictos que participan en ellos, el aumento en sus ingresos laborales  una vez cumplen su condena y la reducción en los conflictos carcelarios (Tyler y Kling (2006), Alzua et al. (2008)).

En los últimos años Colombia ha avanzado hacia un sistema carcelario reformatorio que incluya de manera continua un programa de educación. En la actualidad 31 de los 143 establecimientos carcelarios están implementando un modelo educativo específicamente diseñado en nuestro país para reformar a convictos. Sin embargo, de acuerdo a miembros del INPEC son evidentes las falencias que existen en este momento para su aplicación. El mayor problema parece ser una carencia de personal docente capacitado para esta labor. La situación es tan precaria que incluso en algunos casos son los mismos internos los que toman el papel de docentes. Creo que son imperativas dos cosas. Primero, es necesario hacer una evaluación de impacto de estos programas. Esto permitiría entender que tan efectivos están siendo y las reformas que serían necesarias aplicar. Segundo, si el resultado es positivo es necesario brindarle al INPEC mayores recursos para extender y aplicar el programa de manera adecuada y asegurarnos que una vez los internos sean liberados puedan de manera más adecuada reintegrarse a la sociedad.