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Domingo Octubre 25, 2020

Colombia Civil

Después de la barbarie del conflicto armado, hay que reconstruir un horizonte de civilidad.

Profesor Asociado del Departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá. Se desempeña actualmente como director del Centro de Estudios Sociales. Es también Faculty Fellow del Center for Cultural Sociology en Yale University y Fellow del Indo-Pacific Governance Research Centre de la University of Adelaide.

Sus intereses se enfocan principalmente en la sociología cultural, la sociología económica, y en particular sobre las relaciones entre sociedad civil y mercado, así como en la sociología cultural de la violencia. Sus publicaciones más recientes incluyen un libro publicado en 2012 en Nueva York con Palgrave-Macmillan sobre la influencia de la cultura sobre el funcionamiento de las instituciones monetarias (Central Bank Independence: Cultural Codes and Symbolic Performance) y otro libro editado por él que saldrá en 2015 con Harvard University y con la Universidad Nacional de Colombia sobre el papel de las prácticas creativas en las políticas públicas (Cultural Agents Reloaded: The Legacy of Antanas Mockus)

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 Por Daniel Castillo Brieva

En lo que va corrido del 2011 han asesinado 31 personas en el Departamento de Córdoba a manos de paramilitares en aras de proteger negocios lucrativos como el narcotráfico. Esta cifra incluye un profesor de Planeta Rica, un escultor y pintor de Tierralta, varios campesinos y dos estudiantes de la Universidad de Los Andes. Los dos últimos, estudiantes de biología, uno de ellos explorando el terreno para su investigación de grado. Esto genera inquietudes sobre la manera de enseñar y practicar el estudio y la planificación del manejo de la biodiversidad y sobre todo la investigación en medio del conflicto armado. Es común que los biólogos y ecólogos estudien aspectos específicos de la biodiversidad y diseñen planes de manejo trazando limites rígidos entre sus objetos de estudio y el resto de lo que ocurre en el mundo. Para la directora del Instituto Alexander von Humboldt, “la sociedad tiene que entender que la biodiversidad es el fundamento del bienestar”, pero hay que entender también que las personas hacemos parte de la biodiversidad, por lo que cuidar y manejar la biodiversidad incluye cuidar la vida humana. Esto quiere decir que un biólogo no puede dedicarse a estudiar una especie determinada sin tener en cuenta, en que ecosistema está, cómo son los grupos humanos con que viven ahí, cuales son las relaciones de poder y para que se usa. En nuestro caso muchos ecosistemas se usan para el narcotráfico por ejemplo. Conservar la biodiversidad implica meterle el diente al contexto social, político y cultural.

No se trata solamente del auto cuidado cuando se va al campo, sino de ser consciente de los daños que se pueden ocasionar al intervenir en contextos locales y los que se pueden recibir. La asepsia en la investigación e intervención ha sido promovida tradicionalmente desde las universidades no solo en las ciencias naturales, sino en la educación de la ingeniería civil y la economía entre otras, cuyos profesores parecen estar convencidos, en su mayoría de que vivimos en algún país parecido a Suiza. Tener en cuenta el contexto no es solo buscar información para llenar introducciones, es aprender a leer situaciones complejas en las cuales la investigación tiene consecuencias además de ser influenciada ella misma por las balas, querámoslo o no. La educación superior necesita formar profesionales que entiendan que aquí no se puede ser aséptico; estudiar flora y fauna, comportamientos económicos y construir represas tienen consecuencias. Llegar a ser un profesional en éste país implica desarrollar sentido crítico acerca de su quehacer.

En Colombia hay casos de gestión de la biodiversidad en los que biólogos han entendido que las políticas sectoriales para manejo de ecosistemas no es la mejor estrategia, además de que el tema no es exclusivamente de leyes escritas. Es el caso de Clara Sierra y Giovanni Ulloa quienes desde la CVS (Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y San Jorge) han desarrollado programas exitosos de gestión en la Bahía de Cispata (Cordoba). La clave del éxito, por ejemplo con especies en vías de extinción como el caimán aguja, ha sido el trabajo con las comunidades y la integración del contexto socio económico y cultural en su trabajo. Valga mencionar que esta zona es vecina de San Bernardo del Viento, territorio en disputa entre “Urabeños”, “Rastrojos” y “Paisas” y seguramente el trabajo de estos dos profesionales, después de los lamentables hechos de violencia, será aún más difícil. Quedan entonces muchas preguntas.

¿Habrá que esperar a que se solucione el conflicto para planificar la gestión de la biodiversidad? ¿Será necesario contar con los actores armados en los procesos de planificación, porque realmente no hay una solución a mediano plazo? ¿Lo mejor es seguir, como hasta ahora, buscando sitios “en paz” para poder estudiar y planificar la biodiversidad porque no somos capaces de contextualizar? ¿O simplemente le dejamos el manejo de la biodiversidad, esta vez, ni al estado, ni al mercado, ni a la comunidad, sino a la violencia, que al fin y al cabo parece que contribuyera a su conservación? ¿O mas bien nos ponemos a pensar y a diseñar materias para las carreras universitarias que contribuyan a formar personas que sepan leer situaciones complejas de conflicto, y que generen ideas acerca de como practicar una profesión y acerca del re diseño de la investigación en este país?

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Mar, 2011-01-25 08:31

Esta entrada de Daniel Castillo empata bien con la de Jaime Arocha hoy:
http://www.elespectador.com/impreso/columna-246851-investigacion-inocua
Son invitaciones a la academia para pensar la formación en métodos de investigación y métodos de campo, sea en ciencias sociales o naturales, aplicadas o puras. Deberíamos crear un espacio de discusión entre estudiantes, profesores y anfitriones -como los llama Arocha, para reflexionar sobre las asepsias, las lecturas cuidadosas y el auto cuidado de los que habla Daniel aqui.

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