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Domingo Septiembre 15, 2019

"Mi hija es testigo de lo que pasó en el campamento de Raúl Reyes, por eso la persiguen", Jorge Morett

Dos años después de que el gobierno colombiano lograra el golpe militar más importante en su lucha contra las Farc, el costo diplomático del bombardeo al campamento de Raúl Reyes en el Ecuador aún no se salda.

En la cumbre de Cancún de la semana pasada, el presidente ecuatoriano Rafael Correa recordó el episodio y dijo que saber la verdad del bombardeo es fundamental para reestablecer las relaciones con Colombia. También dijo que los cuatro estudiantes mexicanos que murieron en el ataque debían ser vistos como víctimas y no como victimarios: "Si hubieran sido cinco periodistas los que murieron, ¡qué escándalo se habría registrado! Pero como eran cinco estudiantes mexicanos, universitarios, sencillos (...), entonces sí, son guerrilleros que merecen lo que les pasó".

El ataque produjo la muerte de un ciudadano del país vecino y cuatro ciudadanos mexicanos. Una quinta mexicana, Lucía Morett, quedó gravemente herida. Más de 20 personas, de alrededor de 50 que estaban en el campamento, murieron esa madrugada del 1 de marzo.

Desde que se produjo el ataque, el Gobierno de Uribe dijo públicamente que los cinco estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam) eran terroristas de las Farc. Afirmaron tener pruebas según la cuales ellos hacían parte del brazo diplomático del grupo guerrillero. Por el repudio que genera las Farc, la opinión pública apoyó la versión a pie juntillas.

"No sé si mi hijo Juan haya sido simpatizante de la guerrilla, pero no justifica que le hayan hecho eso. Si él estaba haciendo algo ilegal, lo hubieran podido encarcelar, pero no tenían derecho a quitarle la vida", Rita del Castillo, madre de Juan González del Castillo, uno de los mexicanos muertos en el bombardeo de Angostura.

Foto: Cencos - México

Pero ninguno de los procesos judiciales, ni en Ecuador ni en Colombia, han explicado claramente cuál era el nexo entre los mexicanos y las Farc. Tampoco el informe especial que el presidente Correa encargó a una comisión en ese país. Lo que sí está claro es que para la época del ataque, Ecuador se había convertido en el escenario donde las Farc trataban de revivir sus relaciones internacionales. Por el campamento pasaron delegados de varios países, políticos y periodistas. Con la excusa o la propuesta de buscar el mentado intercambio humanitario, Raúl Reyes convirtió su base en Angostura - a 1,8 kilómetros de la frontera con Colombia - en una auténtica embajada.

"El bombardeo de Angostura no solo acabó con la vida de Reyes y su grupo escolta. También rompió en mil pedazos su círculo de colaboradores y simpatizantes, que hoy se han replegado y niegan cualquier relación de apoyo a los irregulares", escribió en el libro 'El juego del camaleón, los secretos de Angostura', el periodista ecuatoriano Arturo Torres. Torres también plantea una hipótesis sobre el papel de los estudiantes, que para febrero de 2008 habían viajado a Quito a un congreso bolivariano, un evento de movimientos sociales, algunos de los cuales tendrían nexos con las Farc: "Los jóvenes eran parte de la Coordinadora Continental Bolivariana y dirigentes del núcleo de apoyo a las Farc en México".

Sobre los cuatro estudiantes muertos - Soren Ulises Avilés Ángeles, Fernando Franco Delgado, Juan González del Castillo y Verónica Natalia Velásquez Ramírez - no hay tanta información. Pero el caso de Lucía Morett, quien después de recuperarse de sus heridas se refugió en Nicaragua y, en diciembre de 2008, regresó a México, es diferente para las autoridades. "Los agentes de Inteligencia están seguros de que la mexicana es una de las cabezas de los contactos internacionales de las Farc", afirma Torres en su libro.

Morett fue solicitada en extradición por Ecuador, petición que fue rechazada ayer por el Estado mexicano, y se le adelanta un proceso judicial similar en Colombia. No obstante, de la documentación entregada por la Corte Nacional de Justicia ecuatoriana para respaldar la solicitud, sólo se puede concluir certeramente que ella estuvo en el campamento de las Farc la noche del bombardeo. Y del proceso colombiano nada se sabe.

La Silla Vacía habló en México con Jorge Morett, padre de Lucía, y Rita del Castillo, madre de Juan González del Castillo, una de las víctimas fatales. Lucía y Juan, además de compañeros de la Unam, fueron novios en la adolescencia. También compartieron el activismo por los movimientos sociales y la simpatía por la insurgencia en Latinoamérica. Lo que aún no está claro es si esa simpatía se convirtió en una adhesión a un grupo guerrillero, considerado como terrorista, o si fue una militancia ingenua y anacrónica. O si fueron las dos cosas al tiempo.

Para Jorge Morett y Rita del Castillo sus hijos no son ni fueron guerrilleros, y llevan dos años en una cruzada para reivindicar ante la justicia sus nombres.

Cómo se enteraron ustedes del bombardeo en Angostura y de que sus hijos habían estado ahí?
Jorge Morett: mi esposa y yo vimos en las noticias que habían atacado un campamento de las Farc en Ecuador, pero no le prestamos mayor atención. Y el lunes 3 de marzo, dos días después del ataque, Lucía nos llamó desde un hospital militar en Quito y nos contó lo que había pasado. Inmediatamente viajamos a Ecuador.

Rita de González: nosotros nos enteramos el miércoles 5 por los medios de comunicación. Como habían encontrado el pasaporte de Juan en el campamento, sabían su identidad y lo reportaron como uno de los ciudadanos mexicanos muertos en el ataque. También nos fuimos para Ecuador con mi esposo.

¿Qué vino después?
R.G.: el cuerpo de mi hijo lo recogieron en el campamento tres o cuatro días después del ataque, cuando ya estaba en estado de putrefacción. Tenía una playera azul y estaba en calzoncillos. Por esos objetos y por el pasaporte supimos que era él, pero ni su padre ni yo quisimos reconocerlo directamente.

J.M.: en el hospital militar nos tocó ver a las chicas que habían sobrevivido, tenían las piernas destrozadas. Lucía tenía heridas de esquirlas en todo el cuerpo, y una herida de diez centímetros de profundidad en un glúteo, causada por un pedazo de metal.

Jorge, ¿por qué termina Lucía en un hospital militar ecuatoriano en poder de autoridades ecuatorianas y no en uno colombiano con autoridades colombianas?
J.M.: porque las autoridades colombianas no se la llevaron. Ni el Ejército ni la Policía. Lo que poca gente sabe es que Lucía pasó una noche más en el campamento después del ataque, entre los muertos y los restos.
¿Y cuándo llegaron las autoridades ecuatorianas?
J.M.: al otro día, en la tarde. La noche del bombardeo, Lucía se despertó con los primeras explosiones, más o menos a la medianoche. El siguiente ataque se produjo a las tres de la mañana. Después bajaron unos soldados colombianos de helicópteros artillados, que se llevaron el cuerpo de Reyes y de otra persona, más o menos a la seis de la mañana. Ahí llegó la Policía colombiana, y se quedaron hasta la tarde, cuando se fueron y dejaron a las heridas abandonadas. Finalmente apareció la Policía ecuatoriana.
¿Y por qué cree que no quisieron llevarse a Lucía?
J.M.: en el video ellos [el Ejército colombiano] dicen que ya habían encontrado lo que buscaban, o sea a Raúl Reyes. Una hipótesis es que dejaron a Lucía y dos heridas más para demostrar que habían quedado sobrevivientes del ataque. Otra hipótesis es que las autoridades ecuatorianas se percataron de que había heridos y la llegada de ellos obligó la salida de la Policía colombiana.
¿Ustedes sabían que sus hijos iban a Ecuador al congreso de la Coordinadora Continental Bolivariana y que visitarían el campamento de un grupo guerrillero?
R.G.: Juan nunca nos dijo que iba a visitar ese campamento de las Farc. Simplemente dijo que iba al congreso en Quito, pero la invitación a conocer el campamento se dio cuando ellos estaban allá.

J.M.: el congreso fue un acto público que se llevó a cabo en la casa de la cultura de Quito. Allí les dijeron a varios asistentes que en ese campamento se estaba trabajando en un laboratorio de paz. Dijeron que iban otras personas, y que el lugar era en Ecuador. Por allí pasó mucha gente de muchos países.

¿Pero Lucía es simpatizante de la guerrilla o militante de las Farc?
Los jóvenes que murieron eran 'chavos' valiosos. Eran, al igual que Lucía, inquietos por los problemas de América Latina. Gente de izquierda pero pacífica. En la Unam asistían a la Cátedra Simón Bolívar, tenían un cine club sobre América Latina y seguían con simpatía los procesos en Cuba, Bolivia y Venezuela. Eran activistas, pero no guerrilleros. Lucía estudió literatura dramática y teatro, y su tesis es sobre Colombia. Se llamó, 'Una revolución para el teatro y un teatro para la revolución'.
¿Y Juan era simpatizante de las Farc?
R.G.: mi hijo era activista de muchas causas. No sólo pidió en algún momento por la liberación de 'Simón Trinidad', sino de los profesores de Oaxaca que están presos, y de otros presos en otras partes. Mire, no sé si Juan haya sido simpatizante de la guerrilla, pero no justifica que le hayan hecho eso. Si él estaba haciendo algo ilegal, lo hubieran podido encarcelar, pero no tenían derecho a quitarle la vida.
¿Cuál fue la respuesta de los gobiernos de Ecuador, México y Colombia después de que pasó esto?
R.G.: el presidente Rafael Correa vino [a México] el 10 de abril y nos entrevistamos con él. Recuerdo muy bien lo que nos dijo: “Siento mucho no haber podido hacer algo para impedir la muerte de sus hijos”. Él sí nos dio el pésame, pero Felipe Calderón nunca.

J.M.: Álvaro Uribe llegó a México 40 días después del bombardeo a decir que los estudiantes eran terroristas. Y Calderón no dijo nada ni se reunió con nosotros.

¿Y han hablado con el Embajador de Colombia en México?
J.M.: sí, y nos dijo, “el presidente Uribe y Colombia lamentan la muerte de sus hijos, pero tenemos pruebas de que eran terroristas y estaban vinculados a las Farc. Eso se cometió a dos kilómetros de la frontera, en la selva, y no atacamos ninguna población”. También nos dijo que iban a defender cualquier cosa que pusiera en riesgo la seguridad democrática, incluso fuera del territorio nacional [vea la carta que le envió el embajador Luis Camilo Osorio a los familiares].
¿Y ustedes conocen esas pruebas de las que habla el Embajador? Lucía Morett, además, fue solicitada en extradición por el gobierno ecuatoriano.
J.M.: El Embajador no nos dio más información sobre el proceso porque dijo que es reserva del sumario. En el caso de Lucía, se le sigue también un proceso en Ecuador por atentar contra la seguridad nacional, y hay un proceso general por la masacre en el que estamos interviniendo. La justicia ecuatoriana la pidió formalmente en extradición, pero todavía México no ha dicho si acepta. Acá hay una persecución política disfrazada de proceso judicial.
¿Por qué?
J.M.: Lucía es una testigo de excepción de lo que pasó. Por eso la persiguen. Ella oyó cómo el Ejército remataba a los heridos, los oyó decir, “aquí hay uno, ¡denle bala!, ¡denle bala!”. Y fue maltratada, amenazada de muerte y vejada sexualmente por los militares, que prácticamente la desnudaron y al final la dejaron herida y se fueron. Hubo violaciones del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos.

Después los militares ecuatorianos la interrogaron sin garantías mínimas, cuando todavía estaba herida. No se le respetó el debido proceso. A nosotros nos ha tocado defendernos en vez de pedir justicia [vea la declaración ante notario que presentó Lucía sobre ese episodio].

¿Quién los ha apoyado financieramente en esto? ¿No los ha contactado las Farc o alguien cercano para ofrecerles respaldo?
J.M.: hemos gastado nuestros ahorros y hemos tenido el apoyo de organizaciones de derechos humanos. Nunca nos ha contactado la guerrilla. Yo soy antropólogo y doy clases de Sociología Rural en la Universidad de Chapingo. También nos apoyó el sindicato en algún momento.
¿Han tratado de hablar con el presidente Uribe recientemente?
R.G.: no soportaría tenerlo en frente. Si lo tuviera a cinco metros le aventaría el zapato a la cara.
 
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Mar, 2010-03-09 02:32

Todo el tiempo que ha pasado, hasta cuando se hablara y escribira, todo pasara a la historia y muchas cosas quedaran en el limbo y otras sin resolver, lo unico cierto es que para uno como padre o madre sus hijos son lo mejor, cuándo aprenderemos a reconocer lo bueno o lo malo de nuestras familia,por DIOS,que estaban haciendo estos jovenes allá, sea lo que sea el hecho de que hubiera selva de por medio y campamentos indicaba que algo no estaba bien, pero si uno como persona mayor le pica la curiosidad de una aventura, que decir de los jovenes que se creen listos y no toman precauciones, los que murieron, descansaron,pero quedaron unos padres en los cuales no pensaron ellos,¿quien tiene la culpa? depende del lado de donde se mire,pero se puede concluir que todos tenemos la razón, y los que quedaron vivos y segun ellos no tenian nada que ver y no sabian donde se habian metido por favor que piencen antes de actuar o se atengan a las consecuencias de sus actos.

Mar, 2010-03-02 13:05

Zapato en la cara, buena esa.

Mar, 2010-03-02 08:36

Considero que el meollo del asunto reside en haber hecho bien las cosas por parte del gobierno colombiano. Si los tenian ubicados y tuvieron el tiempo del mundo de acorralarlos y bombardearlos, pudieron haber hecho una operacion que diera con la captura de Raul Reyes y demas secuaces, la aprehesion de los mexicanos y posterior investigacion. Asi se fuera evitado el conflicto internacional que 2 años despues no ha desaparecido. No se debe justificar que porque estos colombianos eran de la guerrilla entonces merecian morir. Muchos de ellos no han tenido la fortuna de contar con alimentacion, estudios y demas beneficios que muchos gozamos; beneficios que nos sirven para pensar por nosotros mismos. Todo es producto de un exministro belicoso que justifica estas acciones y otras bajezas como los falsos positivos y que ahora pretende gobernarnos, que Dios nos ampare y nos libre si llegara al poder.

Lun, 2010-03-01 17:45

Se me olvidó decir: que buena entrevista!

Lun, 2010-03-01 17:34

Yo no sé si se puede bombardear así un campamento guerrillero. Me gustaría que ÁlvaroH como está tan seguro nos explique. Lo de la violación al derecho internacional es clara, así que nada qué decir al respecto. Pero, por otro lado y violando mi apellido, considero que aquel que le estuviera haciendo una visita a Don Mario o a el Alemán o a Varela o al que quiera, pues se arriesgaba a recibir un balazo o un bombazo, o un bazucazo, así el solo hecho de estar allá no sea ilegal.

Lun, 2010-03-01 15:29

Para los interesados, cito la causa de muerte de los estudiantes mexicanos.

"El informe de la policía de Ecuador, dado a conocer el martes, estableció que los estudiantes murieron por efecto de la onda expansiva del bombardeo y no por heridas de bala; también, que estaban vestidos de civil y juntos."

http://www.jornada.unam.mx/2008/03/20/index.php?section=politica&article...

Es decir, ellos murieron en el bombardeo inicial. Todo lo que pasó después, incluyendo las aseveraciones de Lucía Morett, es cuestión aparte.

Lun, 2010-03-01 15:38

Ese es el punto central de la cuestión, aunque para los efectos del caso la complicidad, cierta o falsa, no cambia el que su presencia en un campamento guerrillero de por sí los coloca en riesgo por ser ese un objetivo legítimo en la guerra entre el estado colombiano y la insurgencia, independientemente de sus intenciones y de la innegable violación de la soberanía ecuatoriana tanto por el bombardeo mismo como por la existencia de un campamento ilegal en Ecuador. Ambos hechos atentan contra la soberanía del país vecino, no simplemente el ataque al campamento.

Si el campamento estuviera establecido con permiso de las autoridades ecuatorianas, lo cual hasta el momento nadie ha tratado de afirmar, la cosa sería diferente.

Lun, 2010-03-01 13:42

Como ser humano lo lamento y siento el dolor de los padres, pero hay que ser demasiado emocional como para dejarse llevar por una entrevista de este estilo.

Los estudiantes mexicanos murieron a causa del mismo bombardeo según las autopsias ecuatorianas.

En otras palabras, si los mexicanos murieron fue por el simple hecho de ir a un campamento guerrillero y, lo que es más, la decisión de quedarse a dormir allí.

Nadie, absolutamente nadie, les obligó a estar allí.

Un campamento guerrillero es un objetivo militar válido, al igual que lo es cualquier puesto o base militar.

Que el ataque mismo haya sido en violación de la soberanía ecuatoriana evidentemente que da pie a una causa legal sobre ese punto específico, es claro, pero no le otorga inmunidad ni al campamento guerrillero ni a sus ocupantes.

Los mexicanos seguramente no merecían morir, pero bombardear un campamento guerrillero es un acto de guerra legítimo, así sea ilegal el trapaso de la frontera.

Lun, 2010-03-01 15:03

Y ¿quién si merece morir? ¿los guerrilleros por serlo? ellos son tan personas como usted o como yo.
De cualquier forma en este trágico episodio, se violaron normas y tratados internacionales con respecto a la guerra y lo único que nos queda a los colombianos y colombianas es una mala relación con el gobierno de Ecuador y un computador que ha servido para formularle cargos judiciales a todos los opositores del gobierno de Uribe.
¿De qué más ha servido ese "duro golpe a las FARC???
para nada porque los últimos interesado en que la guerra en Colombia se acabe es Don Alvarito Uribe y todos sus compinches, incluidos los militares (héroes de Colombia ¡¡JA!!).
Qué vergüenza que nuestro país se vea involucrado en el asesinato y persecución de estudiantes extranjeros y violación de la soberanía de otro país.

Lun, 2010-03-01 15:22

Desde el punto de vista humanista nadie merece morir.

Pero en las guerras, por su misma naturaleza, hay muerte y en el derecho internacional se han establecido ciertas reglas para matar "civilizadamente" y esa es la cuestión de fondo, guste o no.

En algunos aspectos de la operación se violaron esas reglas, en otros no.

Los guerrilleros cuando matan al atacar cualquier base militar también están atacando blancos legítimos. No es para nada ilegal, en sí mismo, un hecho de esa naturaleza. Le puede parecer inmoral, pero es nada afecta la legalidad de los blancos en sí.

Yo quisiera que los mexicanos lleven el caso a las instancias internacionales porque allí usted verá, con mayor claridad, que lo que digo en últimas es cierto. Lanzar bombas sobre un campamento guerrillero en sí es legítimo. El que hayan muerto estudiantes en ese bombardeo, porque murieron en el mismo y no después, de por sí no se puede calificar de asesinato así haya que pagar reparaciones por daño colatera.

Lun, 2010-03-01 15:13

Si vamos a hablar de la ilegalidad del bombardeo en cuanto a la violación de la soberanía, cosa que yo he aceptado desde un principio, tener un campamento guerrillero en Ecuador también es ilegal. Lo uno no puede suceder sin lo otro.

Las FARC no tienen la autorización de Ecuador para tener campamentos en su territorio. Es decir, las FARC no tienen ningúna protección legal en torno a su presencia en Ecuador. Sus campamentos son blancos válidos para acciones policiales y militares.

¿Es legal bombardear campamentos guerrilleros? Sí.

¿Es legal traspasar la frontera? No.

Es así de simple.

Si las FARC lanzan un ataque contra una base militar colombiana o ecuatoriana y allí hay, en ese momento, civiles de visita es exactamente el mismo caso desde el punto de vista del derecho de guerra. No estamos hablando de un pueblo o de una ciudad.

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