Menú principal

Domingo Mayo 16, 2021

Perder es perder un poco

"No prometí nada, no compré votos, no hice fiestas", dice Nicolás Uribe, quién llegó a la Cámara a los 28 años y no pudo saltar al Senado.

La estrategia de la campaña estaba dividida en varias zonas en Bogotá. Por cuenta de los problemas en la Registraduría, Uribe aú no sabe donde faltaron votos.

"La desgracia puede traer suerte y la derrota produce  humildad. Le permite a uno ver cosas que no ve cuando gana", dice Flórez, que es adepto a la filosofía budista.

Flórez seguirá trabajando con Sergio Fajardo, que la próxima semana se medirá en su primer debate presidencial.

"Yo trabajé con mucha convicción, me metí con mucho temple y denuncié lo que pasaba en el Meta". Carlina Rodríguez.

Venus Albeiro Silva calcula que sacó diez mil votos en Bosa, una localidad de Bogotá. Pero no le alcanzó.

La derrota es un duelo, una bofetada, una resaca. Incluso una revelación. Pero no es un triunfo. Perder elecciones no es ganar un poco, perder es perder, por cientos o miles de votos. Es volver el lunes siguiente a una sede de campaña fría y desierta; es recoger afiches que ahora parecen un mal chiste; es hacer cuentas de las deudas. Perder es quedarse sin empleo.

“Uno se lanza para ganar”, dice a La Silla Vacía Juan Carlos Flórez, ex candidato al Senado de Compromiso Ciudadano, la lista que promovió Sergio Fajardo. Según el último boletín de la Registraduría, Flórez obtuvo 8.848 votos cuando sólo resta por reportar el 6% de las mesas. Compromiso no alcanzó el umbral y por lo tanto todos sus pasajeros se quemaron.

“Uno contempla la posibilidad de perder, pero no lo espera”, dice Nicolás Uribe de La U, que quiso pasar de la Cámara al Senado y se quedó corto por más de cinco mil votos. Uribe mejoró su registro de hace cuatro años, cuando sacó 20 mil, pero no fue suficiente. Muchos lo daban como fijo en el nuevo Congreso.

Como también se daba por descontada la elección de Carlina Rodríguez, del Partido Conservador, que lleva 16 años en el Congreso – 12 de ellos en el Senado –, o de Venus Albeiro Silva, del Polo Democrático, que con el respaldo de varios sectores populares del Polo quería pasar de la Cámara al Senado. A Rodríguez le faltaron unos 12 mil votos y a Silva, más de diez mil.

Nicolás Uribe sigue atendiendo desde la sede de su campaña. Está ubicada en una de las tantas casas desocupadas que nadie sabe que existen, y que antes de ser demolidas se vuelven el cuartel general de un político. “Dígales que esto va a seguir abierto por el momento, mientras miramos a ver qué hacemos”, le explica Uribe a alguien de su equipo antes de atendernos. En la mano tiene varias hojas con una lista interminable de nombres. “Estoy devolviendo llamadas, dándole las gracias a la gente”.

Las llamadas que les hacen a ellos por estos días son lo más parecido a un pésame, mezclado con algo de humor y compasión. “Es como si se hubiera muerto alguien cercano”, explica Nicolás Uribe. Después alguien lo llama y Uribe bromea con él y le dice que le dé empleo.

“Yo voté por ti”, le dice una mujer a Juan Carlos Flórez. Habla, sonríe y sigue. Juan Carlos le da las gracias y le devuelve la sonrisa. “Es un gesto de solidaridad muy bonito de la gente”, dice.

“Cuando un empresario se quiebra, nadie dice nada”, dice Uribe, “pero uno se 'quema' y es un pendejo”. Flórez, por su parte, cree que en Colombia no existe una valoración del fracaso. Nadie puede fracasar ni equivocarse porque está mal visto.

Ambos coinciden en que la derrota tiene un lado positivo: el del aprendizaje y la pedagogía. Una experiencia de choque, como un chorro de agua fría en la cara. La escuela de la vida del político que se hace contar y pierde. Una historia que en tiempo de ganadores de elecciones no es noticia.

Lo que pudo ser y no fue

“Hablar de lo que pudo ser y nunca fue es la letra de un bolero”, dice Juan Carlos Flórez cuando se le pregunta por las razones del resultado. “No todo es causa y efecto. Lo hicimos de la mejor manera posible, y no me puedo quedar sentado pensando en eso. Asumo las responsabilidades y sigo”. Pero también, dice, debe reducir su dosis de ilusión y aumentar la de realismo.

Nicolás Uribe mira el mapa de Bogotá y se declara sorprendido. “No entiendo la votación que tuvimos en la ciudad, y tampoco puedo saber dónde fue que nos faltaron votos porque a estas alturas la Registraduría todavía no entrega esos resultados”.

Una de las críticas que le hicieron a Uribe después de la derrota fue no haber tenido fórmulas a la Cámara, que usualmente arrastran votos. “Me dicen eso, pero si yo hubiera tenido ‘cámaras’ me habría tocado invertir mucho más dinero”.

Carlina Rodríguez, por su parte, no sólo quiere explicaciones de lo que pasó, sino que quiere respuestas judiciales. “Voy a poner un abogado para entender esto. Fue muy raro lo que sucedió en muchas mesas, en Meta, en Cundinamarca. Hubo por ejemplo denuncias de urnas abiertas”.

Rodríguez tiene su fortín político en el Meta. En febrero pasado, algunos periodistas del departamento denunciaron que su campaña estaba enviando sobres con dinero en efectivo de regalo por el Día del Periodista.

“El tarjetón me mató”, dice Venus Albeiro Silva. “La gente que vota por mí es de estrato uno, dos y tres, y muchos de ellos no entendieron. Votaron por mi número y marcaron el logo del partido abajo, donde no era, o sólo votaron por mi número pero no por el partido”. Para Silva, la gente le pasó una cuenta de cobro a él por culpa de la administración de Samuel Moreno. “Mucha gente me decía, ‘Venus, yo voto por usted, pero yo no voto por el Polo’. Y claro, el voto quedaba nulo”.

Aumenta el desempleo

“Lo primero que hace un político cuando pierde es que se pierde, pero acá no estamos haciendo eso”, dice Nicolás Uribe. Ahora él piensa en las deudas que hay que pagar y en su futuro económico. El dinero que recibirá por la reposición de votos no le alcanzará para cubrir los préstamos que sacó, ya que no llegó a la votación que tenía proyectada.

Uribe está casado y no tiene hijos, lo cual, dice, le da cierta tranquilidad frente a la incertidumbre financiera. Por el momento apoyará la campaña presidencial de Juan Manuel Santos y después analizará algunas opciones y buscará trabajo. “Me echaron con un preaviso de cuatro meses”, dice Uribe y se ríe. En junio terminará su periodo como Representante.

Venus Albeiro Silva, que también es Representante, dice que se volverá un desempleado más. “Regresaré a lo mío, que es hacer teatro, trabajar en temas culturales”. Pero lo suyo también es la política, a la que piensa volver lanzándose el próximo año al Concejo de Bogotá.

Juan Carlos Flórez seguirá acompañando a Fajardo en la campaña presidencial, en la que tiene muchas expectativas a pesar del fracaso de la Selección Colombia. “Esta es una lucha de largo plazo. La política que hacemos es como una nueva tecnología. Toma tiempo entenderla”.

Por momentos, la charla se llena de silencios. Flórez sonríe y aprieta la boca como si todo estuviera dicho. Uribe juega con el celular y mira por la ventana. Abajo lo esperan sus asesores, su equipo de trabajo en el Congreso, que aunque no están en las listas de las noticias, también hacen parte del pabellón de 'quemados'.

Comentarios - Cada usuario tiene la posibilidad de incluir solo tres comentarios
Vie, 2010-03-19 03:06

Que lastima que gente transparente y valiosa como los de comprimiso ciudadano obtuvieron pocos votos, y tramposos y herederos de la parapolitica, mafia y ladrones que quedaron con muchas curules y con muchisimos votos... que le pasa a este país? no estamos listos para cambiar a bien? parece mentira, tengo despecho patrio! mi consuelo son los verdes, almenos se que algo de razon y no solo ''pasion'' queda en los colombianos.

Páginas

Añadir nuevo comentario