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Domingo Septiembre 22, 2019
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Tuto Uhía y Ape Cuello, el alcalde de Valledupar y su padrino congresista.
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Increíblemente, Álvaro Castilla, el nuevo contralor de Valledupar, controlará fiscalmente al alcalde al que inscribió como candidato.
Ape Cuello se ganó un par de alcaldías que antes eran de los poderosos Gnecco.

El representante conservador a la Cámara por el Cesar, Alfredo Ape Cuello Baute, subió del purgatorio al cielo. De enfrentar una investigación por parapolítica sobre la que había poca expectativa de que saliera bien librado y ahogarse al Senado en 2010, pasó a no tener líos con la justicia y convertirse hoy en el jefe único de una poderosa casa que influye en nueve de 25 alcaldías del Cesar, los concejos de todos los municipios, la Asamblea, los organismos de control local y la Secretaría de Gobierno departamental. Un nuevo cacique que incluso empieza a ocupar espacios que ha perdido el otrora todopoderoso clan Gnecco, la familia que más manda en la región.

La cereza del pastel de Ape, como le dice todo el mundo en el Cesar político, es la Alcaldía de la capital, Valledupar. Su grupo la ganó en las regionales del pasado octubre en cabeza de Augusto ‘Tuto’ Ramírez Uhía, cantante de vallenato, exconcejal y exsecretario de despacho de los Gnecco en la Gobernación, a quien Ape le puso plata, apoyos políticos y recursos logísticos al por mayor para llegar.

Tuto, cuya campaña recogió poco más de 150 mil firmas para inscribirse, contó además con el respaldo de la casa Gnecco y de parte de Cambio Radical. Su apoyo principal, no obstante, fue el Representante Cuello que también le consiguió el coaval godo, y así lo evidencia la repartición del pudín burocrático que se ha hecho estas primeras semanas de gobierno.

A Ape le atribuyen la Secretaría de Educación que quedó en manos del economista Luis Carlos Matute, hermano de un líder clave del cuellismo en el barrio 7 de Agosto del valle. Pero en realidad, Cuello quedó con altos funcionarios amigos en todas las dependencias.

“Mi función es velar porque al Alcalde le vaya bien y eso incluye tener contentos a los amigos cercanos que nos ayudaron”, le dijo a La Silla Caribe el propio congresista.  

También serán sus amigos los nuevos mandatarios de los pueblos de Río de Oro, González, San Martín, Chimichagua, La Paz, Becerril, San Alberto y Pelaya; 52 concejales, dos diputados (lanzó cuatro), la procuradora regional María Antonia Orozco (quien llegó al cargo en 2014) y el recién posesionado secretario de Gobierno del Cesar, Delwin Jiménez. Este último es el expresidente del directorio departamental conservador y su familia ha liderado las campañas de Ape en Tamalameque.

La lista sigue. Como lo contó La Caribe, el Concejo de Valledupar eligió hace unos días a Álvaro Luis Castilla Fragoso como nuevo contralor municipal.

Lo impresionante es que Castilla es uno de los aportantes a la campaña del nuevo alcalde Tuto Uhía y hace parte del comité inscriptor del grupo significativo de ciudadanos que lo avaló a través de firmas.

Para más de uno en el Cesar, lo más probable es que con un controlador que abiertamente milita en su causa Ape y Tuto tengan garantizado un nulo, o al menos suave, control fiscal a la Alcaldía los próximos cuatro años. Castilla Fragoso ha dicho en medios que cumplirá con su obligación, pero muchos lo dudan.

El arrollador triunfo del proyecto Ape-Tuto incluye haber salido con casi el 50 por ciento de los votos y derrotado a nueve aspirantes, entre ellos el del mandatario de turno Fredys Socarrás (el exconcejal Jaime González).

¿Cómo logró todo este peso un representante que no fue el más votado del Cesar, tampoco está en el partido más fuerte (La U), y hace cinco años se hundió en un intento por llegar al Senado y quedó prácticamente sin burocracia?

Varias explicaciones se ventilan informalmente en los corrillos locales. La principal:  la de la gruesa chequera que la campaña Uhía demostró tener con un desbordado despliegue de publicidad y ruido de repartija exagerada de billete en barrios y corregimientos.

Así quedó claro, por ejemplo, en un debate con los 10 candidatos al que asistió La Silla Caribe en agosto del año pasado. Fue obvio que tanto aspirantes como público y algunos periodistas,le exigían especialmente a Tuto que detallara quiénes eran sus financistas.   

Además de hablar de esa gruesa chequera, habría que decir que Ape Cuello pertenece a una rica y tradicional familia conservadora, su padre y su abuelo fueron congresistas e  importantes dirigentes, y eso hace que la lista de amigos que le deben favores sea larga. Una fuente conocedora nos dijo, en ese sentido, que en términos de burocracia el grupo de Ape cuenta hasta con pensionados y jubilados.

Asimismo, el congresista ha sabido mantener la alianza de vieja data que selló su padre Alfredo Cuello con los Gnecco, con quienes hizo fórmula al Congreso en tres ocasiones y respaldó a la Gobernación.

El clan Gnecco -el polémico clan Gnecco, emparentado y amigo del desprestigiado guajiro Kiko Gómez y con una cabeza, ya fallecida, señalada de ser protagonista en la génesis del paramilitarismo en el departamento- es el súper poder que en los últimos años ha manejado la Gobernación, 23 de 25 alcaldías y tiene al único senador vallenato y tres de las cuatro cámaras.

Bajo la sombra de ese árbol, pero con vuelo propio, se ha mantenido Ape, quien jugó para el Senado 2014 y la Gobernación 2015 de los Gnecco y los respaldó cuando esa familia se echó al hombro logística y financieramente la campaña reeleccionista del presidente Juan Manuel Santos. Los Gnecco le apoyaron a Tuto Uhía a la Alcaldía, aunque también pusieron huevos en las canastas de otros candidatos.

Por último, Cuello se quedó con parte de la estructura del excongresista liberal Pedro Muvdi (detenido en 2014 por parapolítica), con quien había tenido acuerdos pasados. Y concretó una liga con medios como el periódico gratuito La Calle, propiedad de Jesús Vargas, un aliado de los Gnecco y de Ape, para potenciar su proyecto.

Pudo haber sido toda esta mezcla entre plata, clientela y alianzas la receta que tiene al legislador disfrutando las maduras después de haber salido sorpresivamente de las duras.?

La historia y la parapolítica

Manuel Cuello Baute, hermano de Ape.
Momento en que se anunció la desmovilización de Jorge 40. Lo acompañan los presidentes del Congreso de la época: Dilian Francisca Toro y Ape Cuello.

Ape Cuello es hermano del tristemente célebre exsuperintendente de Notariado y Registro Manuel Cuello Baute, a quien la justicia condenó por haberle exigido 10 novillos al notario de un pueblo a cambio de archivarle una investigación.

Sentenciado en 2008 a nueve años, después Manuel Cuello fue quien prendió el ventilador que desató el escándalo del carrusel de las notarías: la entrega de estos puestos a congresistas a cambio de que apoyaran el proyecto reeleccionista de Álvaro Uribe.

Los Cuello Baute, que tienen otros dos hermanos, son nietos del  fallecido patriarca conservador y eterno representante del pastranismo en el Cesar, Manuel Germán Cuello: exconcejal, exdiputado, exalcalde y exsenador oriundo del guajiro pueblo de La Junta. Un viejo sabio de la tribu, ya fallecido, con un alto perfil intelectual reconocido incluso por sus detractores. Y son hijos del sucesor de éste: el excongresista Alfredo Cuello, quien heredó el grupo de su padre, pero no su fama de hombre docto. De hecho, cinco fuentes conocedoras de la política local relacionaron su carrera política más bien con prácticas indebidas como la compra del voto.

Después de sentarse cinco periodos en una curul en el Congreso, el papá de Ape se retiró arrancando el siglo y la familia decidió pasar la antorcha de lo político a este último. Manuel, el exsuperintendente, también tuvo intenciones de aspirar, pero Ape era mucho más popular y carismático.

Se había graduado en un colegio de clases media y baja (el Militar) y por esa vía cultivado muchas amistades por fuera de la élite vallenata a la que pertenece. En aquella época, y todavía hoy, era común verlo participar en cuanto campeonato de fútbol se organizara en los barrios y tomar cerveza en las esquinas.

Administrador de Empresas, salió por primera vez a la Cámara en 2002. Una época oscura en el Cesar. El paramilitar Jorge 40 era la autoridad máxima que aprobaba o no que alguien fuera candidato. Ape se presentó a la contienda como fórmula del exgobernador Mauricio Pimiento, hoy condenado por parapolítica, quien jugó como el candidato a Senado de los paramilitares.

El segundo renglón de Cuello fue el cantante vallenato Jorge Oñate, hoy en líos por el asesinato de un primo y contradictor político en el pueblo de La Paz (de donde es oriundo), y quien es pariente y afín a los Gnecco, en ese momento enemigos de Jorge 40. Como lo habíamos contado en un perfil que le hicimos a Oñate, debido a eso último, el jefe paramilitar se negó a aprobar la inclusión del artista en la lista, pero luego fue convencido porque éste podía asegurarles unos buenos votos en La Paz.  

Ape se hizo congresista con 28 mil votos, repitió cuatro años después con alrededor de 30 mil y, en esa segunda ocasión, logró incluso ser elegido presidente de la Cámara. El viento soplaba a su favor, pero entonces vino el escándalo de la parapolítica y la investigación que le abrió la Corte Suprema recién llegado a la mesa directiva del Congreso.

El efecto dominó que sacudió la política colombiana con las condenas a varios caciques por sus relaciones con los paramilitares y una grabación, entre una tía de Jorge y 40 y una tía de Ape hablando de apoyo para este último, que llamó la atención de muchos medios, hacía pensar que Cuello tenía altas posibilidades de sumar su nombre a la lista de los caídos en desgracia.

Tres años después, no obstante, los magistrados precluyeron la investigación, lo que quiere decir que no encontraron méritos para llamarlo a juicio. El asunto no aplacó algunas voces a su alrededor y en Valledupar se creó el mito de que Ape se salvó porque su hermano Manuel negoció con la Corte eso, a cambio de destapar el escándalo de las notarías de Uribe.

Aunque la Corte hizo muchas negociaciones por la época, La Silla no encontró ningún indicio o prueba de que eso sea cierto. Y de hecho, Ape Cuello nos dijo: “Si mi hermano hubiera negociado con la Corte, no lo habrían condenado. ¿Quién puede decir que la Corte tuvo clemencia? Además, yo no fui el único absuelto”.

Más o menos al mes del anuncio de esa preclusión, el hoy Representante aspiró fallidamente al Senado. Esas fueron sus duras.

Político profesional, nunca se salió del ruedo y en 2014 sonó para integrar la lista del uribista Centro Democrático al Congreso. Ape cuenta que sus amigos Pacho Santos y José Félix Lafaurie, dos de los principales alfiles de ese partido, le ofrecieron un cupo, pero que él lo rechazó porque no quería irse del conservatismo. Otra fuente, un miembro importante del CD, dijo que fue Cuello quien pidió pista, pero que el propio Uribe se negó por el antecedente de Manuel Cuello Baute, cuya declaraciones afectaron su imagen.

El resto de la crónica sobre este nuevo cacique se la liga inmediatamente después de eso con los Gnecco y el santismo para las legislativas de 2014, los 34 mil apoyos con los que regresó al Legislativo, las regionales del año siguiente, Tuto, el súper poder… Un capítulo de la historia política del Cesar al que le faltan con seguridad muchas páginas más.