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Domingo Junio 13, 2021

El Presidente Juan Manuel Santos adoptó como slogan de su gobierno el de un país Justo, Moderno y Seguro y lo repite disciplinadamente en todos los actos oficiales. Los dos primeros son difíciles de medir y la gente no espera mucho de ellos. Quiérase o no seguimos en “un país seguro”, ésa sigue siendo la variable determinante para medir el éxito o no de los gobiernos en Colombia.

El otro puede ser: “un país en paz”, pero ese es mejor no menearlo para no quedar sujetos a lo que resulte en La Habana. Entonces inevitablemente quedamos en el mismo punto, el de la seguridad.

Lo malo de ese tema, el de la seguridad, es que nunca se puede cantar victoria. Al día siguiente de que usted como funcionario puede exhibir cifras que señalan que Bogotá tiene los más bajos índices de violencia homicida de los últimos 20 años y que hay varias localidades de la ciudad que no registran homicidios en lo que va del año, asesinan a un niño en una buseta en el centro de Bogotá por robarle el celular y ahí las cifras quedan hechas trisas.

La situación repetitiva de Medellín, Cali o Buenaventura, para solo mencionar las más conocidas es desalentadora. Los gobiernos, a lo largo de los años, han hecho todo, unas cosas buenas, otras malas, otras regulares para enfrentar la violencia en esas ciudades, las cifras bajan y rápido vuelven a tener picos dramáticos. El Ministro de Defensa dice que es que cuando se golpea al jefe de una banda es reemplazado por otros. Hemos ido aceptando esa explicación como válida.

Que hoy, como hace diez años, el Comandante de la Policía tenga que trasladar su despacho a Medellín para enfrentar fenómenos de violencia en las comunas quiere decir que algo mal se ha hecho, no que ocurre una especie de fenómeno natural como los inviernos –cuyo efectos también se pueden prevenir-. No, la violencia en estos niveles no es natural. No es normal que se detengan 14 jefes de la oficina de Envigado y aparezcan unos nuevos con unas estructuras igual de sangrientas y con el control de poderes ilegales tan fuertes.

La eficacia de las políticas públicas - y en este caso me refiero a las políticas de seguridad ciudadana - depende de su calidad, pero especialmente de las personas que las ejecutan y de las entidades a su cargo.

Santos decidió tener una Consejería de Seguridad Ciudadana y nombró a Francisco Lloreda, un hombre serio, disciplinado, de los que hace la tarea pero con poco liderazgo, escaso conocimiento del tema y sin creatividad para tratar de imaginar y poner en práctica fórmulas nuevas, por lo que se ha limitado a ordenar ideas que ya son viejas, es decir a hacer más de lo mismo para tener el mismo resultado.

Estrenó sus planes de seguridad ciudadana en Cali, su ciudad natal y de la que siempre ha querido ser Alcalde, ha ido varias veces, ha encontrado un buen interlocutor en el Alcalde que es un experto en el tema, pero que tiene a otro heredero, el hijo del exministro Carlos Holguín, con las características negativas de Lloreda y sin las positivas, como Secretario de Gobierno y el resultado después de casi año y medio de trabajo es que la tasa de homicidios sube, pero ellos no se dan por aludidos. Nos explican por qué ocurre, pero no responden por el resultado.

Es hora de que estos temas vuelvan al Ministerio del Interior donde corresponden legalmente. El Presidente debe reconocer que en este caso, como en el de Bogotá donde creó una Consejería innecesaria, que resultó perturbadora, se equivocó y como lo hizo con Bogotá, debe corregir.

A su turno, cuando al Ministro de Defensa se le pregunta por Buenaventura dice que le recuerda la situación que había hace seis años cuando era Viceministro. Es decir que se han perdido 72 meses y claro podrían ser años. El Ministro debería avergonzarse de que –después de seis años- no haya podido asumir el control de un municipio. Pero los funcionarios en materia de seguridad sienten que deben explicar el fenómeno y no resolverlo como si fueran sociólogos en clase y no Ministros en ejercicio.

En Bogotá –en cambio- la política ha resultado exitosa. Es el resultado del acumulado de años de esfuerzos, pero también el del liderazgo de un Secretario de Gobierno, controvertido pero imaginativo. Está atento a adoptar las medidas cuando el fenómeno se va modificando. Ha adoptado una política de mano dura que ha resultado eficaz, incluso para que no se note que es así. Los resultados están ahí, aunque se pierdan cuando ocurre un crimen como el de Henry, el niño de 16 años que fue acuchillado en una buseta en el centro de Bogotá, el sábado pasado a las 10 de la noche.

Su padre, un vendedor ambulante que vive en Bosa, dice que lo mataron por robarle el celular y que fue literalmente degollado. La policía capturó a un joven de 22 años sindicado del crimen. La Policía no se atreve aún a sostener una tesis sobre los móviles del mismo.

Ese breve resumen será todo lo que sabremos del hecho. No habrá desarrollo de la noticia. Abelardo De la Espriella, Jaime Lombana o Jaime Granados no ofrecerán sus servicios en forma gratuita al padre de la víctima porque la noticia no será de primera plana. Los medios no transmitirán por streaming en vivo las audiencias del caso. La familia de Henry no tiene con qué pagar un investigador privado para controvertir la versión oficial del crimen.

Esperemos que este caso sirva para saber que en materia de seguridad nunca se puede cantar victoria, ni cuando se están haciendo las cosas bien, ¿Cómo será cuando se están haciendo mal?

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Mar, 2013-03-26 00:30

Colombia no es un país Justo ni Moderno ni Seguro. Justo: a nivel económico, uno de los más inequitativos del mundo, tercero a nivel global según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo - PNUD y séptimo de acuerdo con el Banco Mundial. Tampoco es justo en el acceso y la aplicación de la justicia a sus ciudadanos con ejemplos que van desde la política carcelaria hasta los procesos judiciales diferenciados para un político corrupto que se robe diez mil millones de pesos y una madre de familia de Ciudad Bolívar que se robe una bolsa de leche en un supermercado. Moderno: en Colombia convive el jet, la mula con los caminos de herraduras, digo autopistas, e Internet con el pensamiento feudal. Seguro: La posibilidad de ser asesinado por un celular o los carros blindados son apenas sintomas del problema de la inseguridad que afectan a los colombianos. JMS es apenas un slogan de los asesores de imagen de JMS.

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