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Miércoles Agosto 05, 2020

El jueves pasado empezó el segundo período de Juan Manuel Santos como Presidente. Después de cuatro años en los que se distanció de Álvaro Uribe, se embarcó en una negociación con las Farc, visibilizó y empezó a reparar a las víctimas, reformó parte del Estado pero no el sistema de salud ni la educación superior, calificó como “históricas” a varias de sus decisiones y vivió paros de todo tipo, Santos empieza lo que él ha llamado su segundo tiempo.

¿Se parecerá al primero? Acá está lo que se mantendrá, lo que va a cambiar y lo que quién sabe.

Hasta ahora, todo indica que lo que se mantiene de Santos I a Santos II es, pues, casi todo.

Primero la bandera de la paz. Aunque hace cuatro años Santos no solo no la agitaba sino que tampoco la mostraba, cuando la agitó por primera vez al anunciar las negociaciones con las Farc la convirtió en su gran apuesta política y en el principal motivo de su distanciamiento con Álvaro Uribe. Y también salió reelegido gracias a ella, después de que la enarboló como su bandera principal en la última etapa de su campaña reeleccionista..

Santos II la mantiene en ese lugar privilegiado. Su discurso en la inauguración del nuevo Congreso giró alrededor de la paz (repitió la palabra 29  veces y dejó frases como “la paz es el valor supremo de toda sociedad” u “con el espíritu abierto y el corazón desarmado– a que superemos odios y diferencias para unirnos por la paz con prosperidad social” ) y el jueves dijo que es el primero de los tres pilares de su nuevo gobierno.

Otra cosa que también se queda es el discurso confuso de Santos, que en su primer mandato cambió de hilo conductor varias veces: primero habló de la prosperidad democrática, luego de las cinco locomotoras, más adelante del país justo moderno y seguro...

Ese mensaje cambiante se mantiene. Por ejemplo, mientras en su discurso de posesión Santos habló de tres pilares (paz, educación y equidad), los borradores del Plan Nacional de Desarrollo giran alrededor de dos ejes (paz y medio ambiente) y el proyecto legislativo que más ha hecho sonar hasta ahora el Gobierno, el del reequilibrio de poderes, no nada que ver ni con los tres pilares ni con los dos ejes.

Precisamente ese proyecto anuncia que otro rasgo que no va a cambiar es el de la reformitis. Santos I presentó una reforma del Estado, una de las CAR (que se hundió), una de la salud (que no prosperó), una tributaria, una pensional (que nunca avanzó), una a las regalías, una a la justicia (que terminó en un desastre). Y faltan en la lista.

Ahora Santos arranca impulsando un proyecto de reforma política y reforma a la justicia (que es lo que en realidad es el llamado “reequilibrio de poderes”), anunció una contrareforma parcial de las regalías y acogió el documento de reforma a la educación superior que le presentaron la semana pasada la ministra María Fernanda Campo y los demás miembros del Consejo Nacional de Educación Superior.

 

El principal cambio entre Santos I y Santos II es que ya no va a tener una aplanadora legislativa.

Aunque la Unidad Nacional cuenta con mayorías en Senado y Cámara, ya no son tan holgadas y eso puede enredar el caminado de los proyectos del Gobierno, o por lo menos lo deja en una posición más débil para negociar frente a los congresistas.

En el Senado los tres partidos que oficialmente están con Santos (La U, Cambio Radical y el Liberal) suman 47 de los 102 senadores. Aunque la bancada conservadora sigue muy cercana al presidente, Opción Ciudadana le coquetea y entre la Alianza Verde hay quienes lo apoyan, esa cifra muestra que Santos no tiene las victorias aseguradas allí - aunque en la Cámara sí, porque esas tres bancadas suman 92 de los 165 representantes.

Y esa fragilidad no es solo teórica. Por ejemplo, aunque la negativa a la venta de Isagen se convirtió en el primer punto en el que están de acuerdo las oposiciones de izquierda y derecha, la bancada liberal ya le pidió oficialmente a Santos no enajenar la generadora de energía. Aunque esa venta no tiene que pasar por el Senado, esa alianza entre liberales y opositores - que seguramente se notará en el debate sobre el tema convocado para esta semana - muestra que la debilidad no es solo hipotética.

Una de las características de Santos I es que dejó áreas importantes en manos de técnicos, desde la DIAN hasta el Ministerio de Ambiente (por lo menos desde que llegó Luz Elena Sarmiento), pasando por el Ministerio de Transporte o la Secretaría General de Presidencia en manos de María Lorena Gutiérrez.

De ese universo, por ahora solo ratificó a Mauricio Cárdenas. Pero aunque es un técnico y con su nuevo viceministro subraya que va a seguir por esa senda, Cárdenas es uno de los que tenía más color político. Por eso aún no es claro para dónde va Santos II.

Eso se va a saber esta semana, cuando defina los nombres de los nuevos ministros de Comercio Exterior, Transporte, Educación, Ambiente y Salud (que terminaron con Santos I en manos de técnicos), y muy especialmente, cuando se defina si finalmente Simón Gaviria va a dirigir Planeación Nacional, el tanque de pensamiento técnico del Estado por excelencia.

Esas decisiones también podrán ayudar a despejar las otras dos incógnitas: si finalmente se va a mantener la presencia burocrática de los conservadores y si los sectores de la izquierda que lo acompañaron para la segunda vuelta van a tener un pedazo de la torta.

Aunque la ratificación de Cárdenas indica que no habrá cambios grandes para los azules (podrán perder participación, pero no salir del Gobierno), hasta ahora no hay pistas de qué va a pasar con la izquierda.

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Comentarios - Cada usuario tiene la posibilidad de incluir solo tres comentarios
Dom, 2014-08-10 06:26

Con SANTOS todo está en duda. Si hubiera sido ZULUAGA el ganador en la contienda electoral presidencial del 15 de Junio de 2.014, todo hubiese estado asegurado. Pero para la extrema derecha que excomulga, asesina, excluye y condena a todos los que critican o no se someten como ovejas a sus dictámenes absurdos, inhumanos y criminales.

No obstante, todo el establecimiento con la derecha que finge ser democrática o centrista a bordo, lo mismo que con los más denodados extremistas dentro del barco que patentiza la seguridad de sus privilegios y con la falsa izquierda que atenúa o trata de atenuar su carácter, todos los promotores de las injusticias, crímenes y la corrupción más aberrante pueden dormir a pierna suelta pues sus estructurales actos que atentan contra los mínimos derechos y la dignidad no merecerán mayores objeciones.

La ética de SANTOS es la típica ética del pragmatismo capitalista y de la demagogia que le es inherente. Se mueve como una bola de billar o ping pong.

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