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Martes Octubre 22, 2019

Las primeras semanas del año han sido difíciles para el Gobierno. Ha habido un incremento de las acciones de la guerrilla. Hay nubarrones en el panorama económico, con coletazo de la crisis internacional y principios de enfermedad holandesa. Hay agitación social, entre otros,  con huelgas en la mina más grande del país. Hay rifirrafe político con el inicio de la precampaña y subida de tono de la oposición de derecha. La cosa está movidita y, ¿el Presidente?: de carnaval.

No es que Juan Manuel Santos no esté atento a esos temas, es que por estrategia de comunicaciones debió amanecer en Barranquilla para participar en la batalla de flores, después de haber bailado con niñas de Santa Marta. A comienzos de semana había llegado al Congreso cafetero manejando el tradicional Willys y había recibido espuma en el carnaval de negros y blancos. Hay una estrategia que debe ser el resultado de un cuidadoso estudio de opinión que mostraba que la gente tiene del Presidente una percepción de aristócrata bogotano, muy distante del colombiano promedio.

No es difícil adivinar que ese estudio también debió mostrar que la gente desconoce las cosas que el Gobierno está haciendo o que no las asocia con Santos, sino incluso algunas con Uribe.

Los cruces de cifras que hicieron los estrategas debieron dar que la lejanía podría ser una de las causas para que la imagen presidencial se hubiera deteriorado en los dos años de su mandato, con caídas especiales en sus dos grandes crisis: la reforma a la justicia y el fallo de La Haya relacionado con San Andrés.

“Hay que poner al Presidente a hacer lo que la gente hace” debieron pensar y decidieron ponerlo de fiesta en fiesta. Error de errores. La gente no quiere ver al Presidente disfrazado de monocuco.  Esa imagen desafía de una parte, la ética católica del sacrificio y de otra, el prejuicio ciudadano de que los gobernantes son personajes llenos de privilegios que llegan al poder para aprovecharlos y contraría –como no- la imagen que el Presidente ha construido a lo largo de su vida: ese no es Santos.

La mayoría de la sociedad colombiana se percibe víctima de un orden injusto, que le da oportunidades a unos y se las niega a otros y un alto porcentaje siente que en la vida “la pelea es peliando”, que todos los días hay que salir a “guerrearla”, que le pasan cosas y nadie se “apiada”.  Por eso, lemas como el “trabajar, trabajar y trabajar” dicho por un gobernante resultan tan exitosos.

Nuestra cultura no aceptaría fácilmente las imágenes que se difunden con frecuencia en Estados Unidos o Europa de su Presidente en vacaciones, jugando golf o en un yate en el Mediterráneo.  De hecho, en Colombia los Presidentes no toman vacaciones y nunca se publica una imagen del Presidente descansando.

Los colombianos somos parranderos pero está mal visto que los gobernantes lo sean. Hay una especie de “doble moral” que juega en contra de los funcionarios. Muchos quisieran hacerle una fiesta fastuosa a su hija por su matrimonio, pero si la hace el Procurador es inevitable estar haciendo cuentas sobre de dónde salieron los 300 o 400 millones de pesos que dicen que pudo costar.

Si todo transcurre “normalmente”, mientras el Presidente está en el Carnaval deben ocurrir unos 150 homicidios en Colombia, entre ellos al menos 10 de menores. Habrá derrumbes por las lluvias que están afectando algunos sectores del país. Se destapará algún escándalo de corrupción. Voceros de algún sector de la economía denunciarán que están en crisis por alguna medida gubernamental. En fin. En ese contexto, las imágenes del Presidente en el Carnaval de Barranquilla solo refuerzan la percepción de “desatención” e inevitablemente contrastan con la del “Uribe sacrificado”, a quien nunca se le vio de fiesta.

La otra pata de la estrategia, la de contar los resultados ha salido mejor. Los comerciales de televisión son bastante bien logrados, pero tampoco forman parte de la “narrativa” del Presidente. Más familias en acción, por ejemplo, la gente se las atribuye injustamente a Uribe.

Si el Presidente sigue de fiesta en fiesta será inevitable que reviva el famoso graffiti de la época de Andrés Pastrana que reclamaba: “Mientras el país se derrumba, el Presidente de rumba”. Ese riesgo parece que no lo calculan los estrategas de comunicaciones de la Presidencia, más les valdría hacerlo.

Una regla básica de la comunicación política es que ésta debe reforzar la virtudes que la opinión le reconoce al personaje y que el mensaje debe estar asociado a esa imagen previa. Santos es un hombre distante, -por tímido dicen sus más cercanos-, así sacó más de 9 millones de votos y así ha registrado más de 75% de imagen positiva. Eso no es lo que resulta definitivo para la calificación ciudadana de la persona del Presidente.

En cambio, cuando la estrategia pretende mostrar una personalidad distinta a la que el ciudadano tiene del personaje, la comunicación fracasa. Para la mayoría de los ciudadanos las imágenes de Santos participando en una guerra de espuma en el carnaval pastuso resultan impostadas, a las que se les percibe la intención electoral y no el genuino deseo de compartir con la gente. Nadie se imagina al Presidente exclamando después de la fiesta: cómo pasamos de rico!

En ese tipo de comunicación, como en la magia, el truco no puede ser tan evidente.

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Mar, 2013-02-12 13:54

Mr.Botox tiene derecho a ir a los carnavales y compartir tiempo con la gleba.Nunca ha sido un arduo trabajador y ahora de presidente no tiene razon para cambiar.
Cuando Uribe se iba a chapotear a los rios nadie le criticaba su ''estrategia de comunicacion''.

Perder el tiempo en los carnavales es lo mismo que perderlo en cocktails con banqueros,politiqueros y uno que otro periodista arribista.Ademas perder el tiempo de parranda en parranda es tradicion nacional. Solo hay que ver las estadisticas de consumo de alcohol y de paso ver cuanto tiempo los siervos del pais malgastan en sus rituales religiosos.Baja productividad general.

Lun, 2013-02-11 15:44

No piensen tanto,en el presidente,piense en la clase de congresistas que van a elegir.Puede ser un Presidente con buenas iniciativas,pero si se tropieza con una clase política chantajista,enquistada en el congreso,todo seguirá igual o peor .Y ellos,bien,con buenas pensiones y privilegios

Lun, 2013-02-11 09:33

Acaso alguna vez ha estado trabajando? Solo se dedica a ver como se mantiene en las encuestas y peleando con el expresidente. mientras agro e industria se estan quebrando por la apertura económica.

Dom, 2013-02-10 19:37

Pues la publicidad debe reforzarse, unas propagandas de se vende un lotecito en la milla dorada de la 26, el pedazo de la U. Nacional que hace parte del CAN, que de contar con el beneplácito del alcalde en el POT será un gran negocio...
La universidad pública no crece, su campus se reduce, mientras en los cerros la universidad privada esta de feria construyendo "campus" en la otrora reserva...

Sáb, 2013-02-09 15:47

Siempre habrá un mejor y si ese mejor esta atado a una postura política pues puede darnos un peor o malo. Malos presidentes en Colombia no creo que se puedan señalar, ha habido unos menos malos que otros pero de alguna manera han dejado algo, poco o mucho, pero algo. No hemos padecido un Bucaraman, Noriega o Chavez sólo por citar unos pocos. Los Colombianos también hemos aprendido a polemizar sobre el ambiente, sobre las pensiones, sobre la paz, temas que no hace mucho no se tocaban. Las frivolidades presidenciales apenas forman parte del consciente colectivo nuestro, somos tropicales, somos caribes para actuar y nos volvemos Lords Ingleses para juzgar. Pienso que Santos juega dos cartas que definirán su futuro, medio ambiente y paz son sus ases en este juego. Por lo pronto, por que la política es muy....., creo que aparte de la reforma a la justicia no hay cosas para señalarle como malas. No veo mejores tampoco.

Dom, 2013-02-10 08:56

Enrique y la nueva geografía, contame dónde queda el caribe boyacense, o el tropicalismo bogotano, o decíme dónde anda el caribeño paisa, o caqueteño. Tengo la impresión que jamás has leído un lord, y menos visto uno, porque de cuando acá ser lord inglés implica juzgar objetivamente, un repasito por el siglo XVIII y XIX no te caería mal, así fuese, en ese sí tropical relato de Diana Uribe. Saludos.

Lun, 2013-02-11 23:09

Tienes razón, oiré más frecuentemente a Diana. No pretendía hacer una precisión histórica, soy demasiado peresozo para hacerme culto en el tema. De todas maneras creo acertados tus comentarios. Gracias.

Sáb, 2013-02-09 11:15

Entendible la desesperación de Santos, pero sobre todo la de Riveros,ahora neoliberal,antes verde y antecitos peñalosista,antes anti proceso de paz,ahora pro proceso,y hasta legitimador de las causas de la guerrilla,bueno bien sirve el diablo a quien le paga,a este diablillo le paga el partido liberal,trabaja para su instituto liberal,es decir no trabaja,porque los liberales como todos los señores de los votos bailan al son de la clientela, ahora son anti aborto,ayudaron a elegir al procurador,pero la desesperación es mayor porque Santos solo tuvo la imagen positiva del arrastre de ser el heredero de uribe,ahora solo, o acompañado con la maquinaria,incluída la liberal,esta en sus platas,siempre ha sido aristocrt,pero de anapoima,esa aristocrac patetica de 3er mundo,un fracaso como técnocrata,para la muestra sus viejas locomotoras,lo único que no se le ocurre a Riveros es que Santos solo puede mejorar su imagen si hace algo por el país,y no para él,mision imposible al mirar su pasado.

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