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Miércoles Noviembre 13, 2019
Las propuestas de Santos y Zuluaga son casi idénticas en todo, salvo en su posición frente a la negociación de la Habana, el tema más crucial para el país en los próximos años

“El fin de la guerra o la guerra sin fin”, es como Juan Manuel Santos le ha planteado a los colombianos la pregunta que tendrán que resolver el 15 de junio. Es una dicotomía tan simplificada como la que ha sugerido su rival Óscar Iván Zuluaga: la paz sin impunidad (la suya) vs. la rendición del Estado a las Farc.  El dilema es mucho más complejo.

Hoy todos los expertos reconocen que las “condiciones objetivas de paz” están dadas.

Por el lado del Establecimiento, los recursos del Plan Colombia aportados por Estados Unidos para financiar la guerra se han reducido a una tercera parte y no hay gran interés en el Estado de seguir haciéndolo en esa magnitud (en el Salvador, por ejemplo, se logró la paz cuando los gringos dejaron de financiar al Ejército y la comunidad internacional al Fmln).  

Además, después de ocho años (o 12) de Seguridad Democrática, de la tragedia de los falsos positivos y de dos impuestos al patrimonio, para el Establecimiento ya parece claro que el costo financiero y humano de aniquilar a la guerrilla es superior a una negociación con ellas.

Hay un desequilibrio militar estratégico, principalmente por la superioridad aérea de las Fuerzas Militares y la incapacidad de las Farc de conseguir misiles tierra-aire para contrarrestarlo, lo que ha permitido que la guerrilla reduzca su agenda. Y la economía está lo suficientemente sólida para financiar las reformas que se pacten.

Si la negociación se rompe y arrecia nuevamente la ofensiva guerrillera sería muy difícil que la industria extractiva y la agroindustria jalonen la economía como se lo ha propuesto el Establecimiento.

Por todas estas razones, al Establecimiento le conviene más la negociación que la arremetida militar.

Por el lado de las Farc, la guerrilla ha perdido muchos cuadros que eran importantes para recuperar la iniciativa de la guerra y la expectativa de paz ha tenido un impacto en la mentalidad bélica de la tropa que les supondría un tiempo y un esfuerzo grande para reversar.

La plata de la coca ha disminuído porque los carteles mexicanos han comenzado a comprarla en Perú y su productividad no es la misma.

Si la negociación se rompe, Nicolás Maduro posiblemente no podrá ofrecerles un refugio a los jefes guerrilleros como el que tenían bajo la égida de Chávez y la posibilidad de morir en el combate para los jefes de las Farc es alta.

Mientras tanto, en otros países latinoamericanos ex guerrilleros han llegado a la Presidencia, lo que les permite soñar con llegar al poder por las urnas.

Por lo anterior, la guerrilla parece haber llegado a la conclusión que para alcanzar el poder es menos costoso hacerlo sin las armas.

Tanto el Establecimiento como las Farc son conscientes del costo humanitario y del cansancio de los colombianos con la guerra. También de que la comunidad internacional –sobre todo la latinoamericana- está pendiente del proceso y empujando para su resolución.

Por último está la vanidad. ¿Quién no quiere pasar a la historia tomándose la foto de la firma de la paz?

Todas estas son razones para pensar que cualquiera que sea el Presidente, hará los mayores esfuerzos por conseguir que las Farc dejen las armas.

Dónde se distancian
La negociación que propone Zuluaga -si fuera exitosa- sería más parecida a la que se llevó a cabo con los paramilitares. Foto cortesía el país.com
Así como Uribe convirtió en un día a la guerrillera Karina, a quien había ordenado perseguir hasta la muerte, en gestora de paz, es posible que Zuluaga sea generoso con las Farc. Pero solo si se rinden. Foto cortesia rcnradio.com

Lo que realmente diferencia a Santos de Zuluaga -fuera de las élites que cada uno representa- es la forma cómo ambos responden otras preguntas: ¿Qué es negociable? ¿Qué es aceptable para lograr la paz? ¿Quién es más confiable para conducir el proceso?

Estas se concretan en cosas como: ¿cómo se garantizan los derechos de las víctimas? ¿Cuál es el desarme y cómo se verifica? ¿Cuáles garantías jurídicas se brindan? ¿Qué favorabilidad política y qué protagonismo se le otorga a los guerrilleros una vez se desmovilicen? ¿Cómo se va a contar la historia del conflicto? ¿Cuál es la incidencia del proceso dentro de la agenda nacional y cuál el peso político del proceso de paz?

De cómo se respondan estas cuestiones (y se lleven realmente a cabo), habrá en diez años un país u otro muy diferente.

Las premisas del modelo de negociación de Santos son muy diferentes a las que plantea Zuluaga.

Primero, y quizás lo más fundamental, la negociación de Santos parte del supuesto de que existe un conflicto armado que tiene raíces políticas. Especificamente dos: un abandono del campo que ha creado un círculo vicioso de violencia que causa pobreza, que a su vez alimenta más violencia; y una exclusión política para los que se oponen al Establecimiento.

En cambio, Zuluaga, como Uribe, considera que no hay un conflicto armado interno sino una amenaza de un grupo terrorista contra un Estado legítimo.

De la concepción que tiene el gobierno Santos del conflicto, se deriva que el actual proceso está planteado como una negociación entre partes relativamente iguales que reconocen que no se han podido derrotar militarmente, que tienen visiones e intereses políticos contrapuestos, y cuyo fin no es derrotarse en la mesa sino llegar a un acuerdo que ponga fin al conflicto armado y que, en la medida de lo posible, sea un gana-gana para ambas partes.

La fase de la negociación, que es en la que el gobierno lleva casi dos años, consiste en resolver “el núcleo duro de problemas que hay que resolver para hacer posible la paz, independientemente del color político o la ideología de cada quien. Todo lo demás es parte de la contienda política que se gana con votos en democracia”, según lo ha dicho el Alto Comisionado y arquitecto del acuerdo Sergio Jaramillo.

Básicamente el gobierno considera que si se logra un desarrollo rural integral y las garantías para que un partido disidente y radical pueda perseguir fines revolucionarios pero a través de las urnas y no de las armas se lograría poner fin al conflicto armado. La negociación consiste en crear las condiciones para estas dos transformaciones.

El que ofrece Zuluaga es un proceso de capitulación de un vencido que no tiene otra salida diferente a aceptar las condiciones que le impone el vencedor.  Si las acepta y entrega las armas, habría una recompensa por haber capitulado.

Una recompensa que puede ser tan generosa como las que recibió Karina, la temida guerrillera que Álvaro Uribe ordenó perseguir hasta que se rindió. Una vez lo hizo, Uribe inmediatamente, ordenó dejarla en libertad y convertirla en “gestora de paz”.

“Si ellos muestran una voluntad de querer avanzar en una paz negociada, de suspender todas esas acciones criminales, de generar hechos reales, medibles, verificables, pues claro que estamos dispuestos a dar las oportunidades para que ellos regresen a la vida civil con las condiciones que ya he establecido”, explicó Zuluaga a La Silla Vacía en una reciente entrevista. “Siempre la política de seguridad democrática tuvo el propósito de debilitar y desarticular todas estas estructuras terroristas para llevarlas a una negociación en condiciones dignas para la sociedad

La metodología

Dado que los supuestos de los que parten son tan diferentes, la metodología para lograr los objetivos también varía. El proceso actual arrancó con la firma de un Acuerdo Marco de Negociación entre Sergio Jaramillo y el guerrillero Mauricio Jaramillo, delegado por las Farc.

En este acuerdo se estipuló una agenda concreta de cinco puntos más un sexto de garantías: desarrollo agrario, participación política, narcotráfico, víctimas y dejación de las armas. Una vez se termine esta fase de negociación y se firme el Acuerdo Final, tanto el gobierno como las Farc comenzarían a cumplir con sus acuerdos.

Es en este momento – y no antes- que se daría el cese del fuego bilateral, la identificación de las minas antipersonales, la suspensión del narcotráfico, las comisiones de la verdad, etc. En el proceso que propone Zuluaga, como es de rendición, el cese del fuego unilateral, la identificación de las minas, la suspensión del narcotráfico serían condiciones previas para seguir hablando y si uno le cree, preferiría romper los diálogos antes de ceder en cualquiera de ellas. Como los supuestos y los objetivos de ambas negociaciones son radicalmente diferentes, es de esperar que sus resultados para el país –suponiendo que ambos procesos fueran igualmente exitosos- también lo sería.”

Los países que saldrían

Suponiendo que las Farc esté tan derrotada militarmente como para aceptar las condiciones que les imponga Zuluaga si es presidente , el mejor resultado que podría salir de esa negociación es que la guerrilla deje las armas, pague seis años de cárcel y se reincorpore a la sociedad como lo hicieron los desmovilizados de los paramilitares que no se quedaron delinquiendo como bandas criminales. Los guerrilleros rasos, a los que no se les pueda probar ningún crímen atroz ni delito de lesa humanidad, podrían participar en política en las mismas condiciones de los demás ciudadanos.

“Sería un camino para que ellos entreguen las armas, tengan unas garantías para regresar al seno de la sociedad civil y puedan democráticamente participar en nuestra sociedad si quieren defender unas ideas, dentro de las limitaciones que hemos planteado. Ellos tienen que pagar por el daño que le han hecho a la sociedad”, es como Zuluaga ve un eventual proceso de paz liderado por él.

En otras palabras, las Farc tendrían un mínimo protagonismo político y la negociación tendría muy poca incidencia en la agenda del país.

Al contrario, y a juzgar por lo ya acordado, el proceso de paz de Santos, si funciona, implicaría una transformación radical del campo y de la política, así el presidente-candidato insista en sus discursos que lo único que cambiaría es que habría más plata para invertir en educación o salud.

En el primer punto sobre desarrollo rural, gobierno y Farc acordaron emprender “un vigoroso programa de formalización de tierras”, quizás el punto más revolucionario del acuerdo dado el nivel de informalidad que tiene la propiedad rural.

Como lo contó La Silla cuando analizó este acuerdo, un estudio de Ana María Ibáñez, la decana de Economía de la Universidad de los Andes y una de las mayores expertas en tierras en Colombia, estima que una quinta parte de todos los predios rurales del país tienen problemas de titulación.

Esta informalidad hace imposible que exista un verdadero mercado de tierras e inversiones significativas en el campo. También se acordó buscar “que el mayor número de habitantes del campo sin tierra o con tierra insuficiente, puedan acceder a ella, mediante la creación de un Fondo de Tierras para la Paz.”

Además, se acordó crear una institucionalidad en el campo, comenzando por jueces agrarios que decidan los conflictos en el campo, que suelen ser la puerta de entrada para que los grupos armados se legitimen resolviéndolos.

También se acordó llevar infraestructura, créditos y los servicios básicos para que los campesinos colombianos dejen de ser ciudadanos de segunda.

“Es la posibilidad de una transformación agraria”, dice el investigador del Iepri Francisco Gutiérrez, quien ha asesorado a la mesa de negociadores en la Habana y ha estudiado durante años el conflicto armado.

La ejecución de estos programas se haría conjuntamente con los guerrilleros desmovilizados, lo que les permitiría “cobrar políticamente” estos logros e irse fortaleciendo como partido político. Zuluaga considera que esto es un exabrupto.

“El campo tiene que modernizarse, tiene que ser competitivo, la política para el campo no está en función de lo que se discuta con la guerrilla”, dijo a La Silla.

Una política muy diferente

Como la lógica de la negociación de Santos es eliminar las causas del conflicto y una de las razones que han aducido las guerrillas para levantarse en armas es la imposibilidad de ejercer una verdadera oposición política dentro de la democracia, el acuerdo sobre participación política crea las condiciones para que las Farc se puedan convertir en un partido político agrario fuerte que eventualmente –si los colombianos votan por ellos- puedan algún día llegar al poder.

Como lo explicó La Silla en su momento, lo más importante del Acuerdo es la idea de democracia directa que introduce y desarrolla. Para ello, acordaron una serie de garantías para la participación política directa de los movimientos sociales en las zonas donde las Farc tiene influencia, que va desde una especie de “estatuto de la oposición” hasta la posibilidad de que tengan minutos gratis en televisión para explicar sus propuestas y participen en la elaboración y seguimiento a los planes de desarrollo local.

Además, crean las circunscripciones transitorias especiales de paz, que buscan integrar a las regiones más golpeadas por el conflicto (es decir, aquellas donde tiene presencia las Farc) y es el mecanismo para garantizarles a las Farc una mayor representación política de sus bases en el Congreso.

Básicamente, en lo que consisten estas circunscripciones es en permitir que en estas regiones (al parecer son 11 zonas), y durante un período de tiempo determinado, se puedan elegir “representantes adicionales con unas reglas especiales”.

Esto, traducido, significa que, por ejemplo, la mesa campesina del Catatumbo pueda postular en esta región sus candidatos y lo mismo pueda hacer la Minga en el Cauca y que los ciudadanos de esas regiones puedan votar (o no) por ellos.

Este acuerdo logrado -si se pone en práctica como está pensado- podría modificar desde “abajo” el mismo sistema electoral ya que la participación de la gente sería mucho más directa en asuntos de planeación, de veeduría y de quienes llegan al Congreso.

Al mismo tiempo, ayudaría a fortalecer a las Farc como un partido político agrario.

“Sería un estartazo de participación política y social”, dice una persona que conoce de cerca los acuerdos pero que prefirió hablar anónimamente por el trabajo que tiene. “Una política que ha visto agotar su modelo de participación política, que ha trivializado el debate, que tiene niveles históricos de abstención, va a tener que competir con una pluralidad de discursos radicales, reivindicativos y contestarios. No va a ser fácil. Pero es una oportunidad de vigorizar la democracia.”

Pero quizás donde más se ven las diferencias entre los dos ‘modelos’ de proceso de paz es en el tema del narcotráfico.

Para Zuluaga, las Farc “son el mayor cartel de narcotráfico del mundo”, como lo repitió en todos los debates. En esa medida, a él le parece absurdo negociar con ellos la política de drogas.

Para Santos, según quedó por escrito en lo acordado en el tercer punto, el conflicto antecede al narcotráfico y aunque este negocio ilegal ha financiado el conflicto, las Farc no se agotan en el narcotráfico ni el narcotráfico en las Farc. Como el gobierno reconoce que las Farc no hacen la guerra para traficar, la negociación en este punto buscó una fórmula para trabajar conjuntamente –gobierno y Farc- en darle un vuelco a la política antidrogas.

La idea es que la meta de no tener cultivos ilícitos pase por tener un territorio con poblaciones que no estén incentivadas a meterse en la coca, para lo cual buscarían primero la erradicación concertada con las comunidades y dentro de un ambicioso programa de desarrollo rural.

Las Farc reconocieron que el narcotráfico financia el conflicto y se comprometieron a salirse del negocio y a ayudarle al país a entender cómo opera la “cadena de valor” del narcotráfico y del lavado de activos, algo que el Estado sabe en términos generales pero no en detalle, lo que dificulta la persecución de las organizaciones criminales.

En este último acuerdo es la primera vez que las Farc se comprometen a cosas puntuales. En el siguiente módulo, que es el de víctimas, lo tendrían que hacer mucho más.

Aunque, como es una negociación entre “iguales”, el Estado también tendrá que reconocer que en ocasiones ha sido también victimario y tendrá que asumir su culpa en el conflicto, algo que para el uribismo es una afrenta.

La historia del conflicto que saldrá de la negociación con Santos será muy diferente de la que saldría de una eventual negociación como la quiere Zuluaga.

En conclusión, en el proceso de paz liderado por Santos las Farc tendrían un mayor protagonismo político y lo que allí se pacte –si se cumple lo acordado- tendría un impacto profundo en la democracia del país. El de Zuluaga, suponiendo que él se mantenga en sus condiciones y que logre que las Farc las acepten, lo cual ya de por sí sería muy difícil (ver análisis de Hernando Gómez Buendía), sería un proceso más parecido al que se hizo con los paramilitares.

Eso es lo que los colombianos decidirán el 15 de junio.

Perfiles relacionados: 
Óscar Iván Zuluaga Escobar
Juan Manuel Santos Calderón
Sergio Jaramillo Caro
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Mié, 2014-06-04 10:09

Muy buen análisis, da mucha claridad acerca de cómo votar en medio de una campaña tan mediocre. Leyéndolo con cuidado encuentra uno más y contundentes razones para que las personas de izquierda y quienes buscamnos una sociedad mas progresista, incluyente e igualitaria votemos por Santos en esta segunda vuelta. Como dice Juanita el país que tendremos en 4 y 10 años será mucho más conveniente para nuestros intereses si gana Santos y no Zuluaga-Uribe.

Mié, 2014-06-04 13:51

si como no... y los bebes los traen las cigueñas.

http://elheraldo.co/nacional/timochenko-dice-que-si-el-gobierno-quiere-s...

Mié, 2014-06-04 17:26

El titular de esa nota de El Heraldo es un ejemplo de mal periodismo: lee uno el titular y se me imagina una cosa y cuando ve el video completo entiende otra muy distinta. Si ve el video completo y lee la historia completa verá que coninciden plenamente: el proceso de paz de Santos no es para nada un proceso de rendición de las Farc y de concretrase la negociación sí tendrá efectos reales en la vida social, política y económica del páis. Quizás lo único nuevo (¿preocupante?) del video es lo de las "salvedades" que sobre los puntos ya firmados menciona Timochenko, no se si Juanita sepa algo al respecto....

Mar, 2014-06-03 22:27

Es bueno saber que se negocia y lo que Santos ya otorgó y las diferencias entre las propuestas, pero es craso error el asumir que la propuesta de Óscar Iván Zuluaga no sería aceptada por las Farc, la situación cambia pero por el carácter del estado.
Claro que ellos prefieren al bladengue Santos porque ya les concedió un margen de negociación donde solo ganan, sin aceptar culpas ni delitos y utilizarán a sus bajos mandos y guerrilleros rasos para expiar sus culpas y quedar listos para participar en política, con feudos propios donde ya ejercen el poder del terror, curules exclusivas, financiación del estado, "protección a sus derechos y garantías" que serán mayores a los de los demás Colombianos y en fin... con cara ganan con sello no pierden; eso no es negociación es entrega, chantaje al país y una total farsa, las Farc no son iguales al estado y se representan a ellos mismos a nadie más, eso es lo perverso del asunto.

Mar, 2014-06-03 21:20

Las élites del establecimiento renunciando a su propia legalidad cuando se empezó el proceso de paz en la Administración del Presidente BELISARIO BETANCUR unidas a grupos mafiosos se dedicaron a eliminar a los líderes y dirigentes de la UNIÓN PATRIÓTICA que fue el movimiento político que propuso y creó las FARC en una absurda y suicida política de "combinación de todas las formas de lucha". Esa guerrilla tenía el serio propósito de desmovilizarse. No se pudo porque los mismos que empezaron y consolidaron los grupos paramilitares lo impidieron. Olvidando deliberadamente esos hechos hoy pretende el uribismo confundir la opinión pública nacional e internacional con una simplicidad que permite que afloren sus perversos y criminales propósitos. Guardadas las proporciones de modo, tiempo, condiciones y lugar, SANTOS se ha atrevido a dar un importante paso, desechando a los "enemigos agazapados de la paz".

Mar, 2014-06-03 16:48

Se debe traer a olación un punto importantisimo que ningun analista lo ha tocado con la seriuedad que amerita el caso, y no es otro que la hipotesis de privación relativa que ayuda a entender los conflictios armados internos del planeta. esta hipotesis, advierte sobre la solución a aquel dilema que si es la pobreza la que genera el conflicto o, el conflicto genera la pobreza; y en relaidad, la afirmación final es la que guarda toda la verdad cientifica, sobre todo, porque al hacer analisis comparados, existen paises mas pobres que Colombia, que no sufren conflicto. desde etsa perspectiva, la resolución del conflicto es básica para el estado colombiano, sobfre todo, porque es cierto que solo sin el, existiran mas recursos para la inversión social. Ahora, los conflictos armados se dan en paises donde las rentas ilegales permiten la financiación del mismo, por eso, eliminar el narcotrafico y la mineria ilegal de las FARC es prioritario para la resolución.

Mar, 2014-06-03 18:34

PD. Animalito que no sabe razonar.... si escribís que "El analisis de pobreza no es causa de ningun conflicto,siempre es la consecuencia o lo alimenta..." pues no estas diciendo nada, animal!! o estas esgrimiendo una contradicción, porque al señalar que es la consecuencia o lo alimenta, la palabra alimenta se configura en una consecuencia.... no no no no!!! verguenza ajena y asco das !!

Mar, 2014-06-03 18:22

El Paisa, si no puedes discutir los argumentos sin insultar a tus contradictores mejor ve a un foro diferente al de La Silla.
Juanita

Mar, 2014-06-03 14:07

Que artículo tan esclarecedor de las negociaciones, felicitaciones Juanita, con esta visión si se puede comprender mejor lo que está en juego para el país, siempre y cuando no se quede en el papel, ganando santos claro está. Sin embargo nadie del gobierno ha salido a explicarlo tan claramente como lo hace Juanita. El 25 de Mayo Zuluaga ganó la primera vuelta y con el ímpetu se podía sentir que tenía asegurada la segunda,sin embargo en su euforia se le salió el discurso guerrerista diciendo que el 7 de agosto suspendería los diálogos de La Habana y partir del lunes cuando los Colombianos logramos digerir y analizar, se desató una oleada de adhesiones y respaldo a la "Paz de Santos",muchos desconfian de como se está negociando pero la mayoría respaldamos la terminación del conflicto,esto tiene en riesgo la presidencia de Zuluaga. Santos debe saber moverse

Mar, 2014-06-03 13:07

Es mas acertada la vision de Uribe/Zuloaga de amenaza terrorista que la de conflicto armado interno. Aqui a diferencia de Irlanda o Sudafrica paises que han superado sus conflictos no existe odio por el adversario por razones de origen, religion raza, etc.Los costeños no odian a los cachacos ni los paisas a los santandereanos, ni el catolico al protestante etc. La izquierda ha tenido protagonismo politico (desastrozo como en Bogota) pero tienen garantias. Que queda. Un grupo armado con vinculos con el narcotrafico sin alguna causa coherente que reivindicar, que aspira a llegar al poder por las armas sin apoyo popular lo que equivale a terrorista. El abandono del campo se supera con inversion privada y publica y la superacion de la pobreza con politicas economicas no con ataques terroristas a la infraestructura o secuestrando niños. Es mejor negocio indultar muchas Karinas y que colaboren a la construccion de pais, que entregarles poder politico a terroristas sin haberlo ganado.

Mar, 2014-06-03 12:49

El problema acá es que la gente está suponiendo que Annatar Santos va a cumplir *algo* de lo que prometa.
¿Ilusos, mis queridos?
Que lleven 5 años o no estudiando un problema me parece a mí totalmente inocuo si han dejado que se desenrollen y crezcan las políticas económicas y de tierras que han causado todo este problema. Y a Santos lo veo MUY desesperado por conseguir votos; una persona así es capaz de cortarnos el cuello a todos una vez le entreguemos el voto. Me recuerda a un tipo llamado Tywin Lannister cuando habla de cosas justas, falsedades, aportes, apoyos...
https://www.youtube.com/watch?v=4ZHwu0uut3k

Solo agregaría a esa mezcla de sus políticas un elemento: tema de la desigualdad está haciendo un pico más pronunciado y no se va a ir a ningún lado por + Mundial que pase.
Ahí hay un caldo de cultivo que con una chispita genera ya VIDA PROPIA. No sé si sea, ponle, un Pejesapo... pero algo sale.

Mar, 2014-06-03 12:36

Porque es que nadie entiende, la guerra no se ha acabado es porque un pueblo pusilanime, con una Justicia de porqueria, unas leyes inocuas y unas carceles de porqueria, ha reciclado a la guerrilla una y mil veces, todos los bandidos en este Pais han sido cogidos a costa de la muerte de cientos, de miles de policias, y nuestra Justicia, nuestras leyes, han permitido que salgan de nuevo, han permititdo que sigan delinquiendo desde las carceles, asi, que, resumiendo, ni Oscar Ivan, ni Santos, van a acabar con el problema, Oscar Ivan porque esta apadrinado por un corrupto que corrompio la Justicia y al Pais y Santos porque no pudo reformar la Justicia, asi que para que Paz, si todo va a seguir igual, las carceles de Santos y Oscar Ivan, la Justicia de Santos y Oscar Ivan, las Leyes de Santos y Oscar Ivan seran las mismas, por eso no voto por ninguno de los dos. ASAMBLEA CONSTITUYENTE PARA REFORMAR LA JUSTICIA YA!

Mar, 2014-06-03 12:38

.ApARTE.

La delincuente María del Pilar Furtado se va a escapar una vez mas.

Mar, 2014-06-03 12:03

kuraga,

Yo o diría que haya una total falta de preparación para el posconflicto. En la oficina del Alto Comisionado llevan ya dos años preparando el terreno para eso con otras entiedades del Estado. El censo agrario, para no ir más lejos, es una pieza de esto.

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