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Lunes Octubre 14, 2019

Hoy es el entierro de Juan Jaramillo, ex magistrado de la Corte Constitucional, ex funcionario de la Defensoría, profesor de derecho de la Universidad Nacional y bloguer de La Silla Vacía del grupo de Dejusticia. Y sobre todo, un servidor público ejemplar.

Hay personajes que protagonizan un instante en la historia. Hay otros que aportan todos los días de manera discreta y consistente a hacer de Colombia una verdadera democracia. Juan Jaramillo fue uno de ellos.

Jaramillo, de 54 años, nació en Medellín en una familia paisa de diez hijos. Su papá, Francisco de Paula Jaramillo, fue uno de los líderes antioqueños de la Democracia Cristiana y uno de los grandes promotores de las cooperativas sociales. Juan heredó de él la sensibilidad social que demostró el resto de su vida tanto en su trabajo como activista de los derechos humanos, como en su labor como magistrado auxiliar de la Corte Constitucional.

“Su espíritu profundamente igualitario no era en él sólo una idea teórica sino una actitud ante la vida. Juan realmente creía en el deber que tenemos de tratar a todos como personas iguales en dignidad y derechos”, dice Rodrigo Uprimny, director de Dejusticia e íntimo amigo de Jaramillo.

A Juan Jaramillo todos lo recuerdan por sus carcajadas sonoras y por su bondad.
Juan estudió un doctorado en Alemania acerca de sistemas políticos latinoamericanos. En esta foto, aparece con Angelino Garzón y el padre Pacho de Roux.
A Juan lo atrapó la muerte antes de que terminara un libro sobre constitucionalismo latinoamericano.

Una de las experiencias que más marcó a Juan fue su trabajo como investigador y abogado popular del Cinep en los años 80, recién salido de la universidad Externado. Defendía a campesinos o pobladores que iban a ser desalojados de sus tierras o viviendas. Esa experiencia, dicen sus amigos, consolidó en él el sentido social del derecho, que aplicó luego en varios campos.

En la época de oro de la Defensoría del Pueblo, cuando Eduardo Cifuentes era el Defensor, Juan lideró un proyecto de seguimiento de las políticas públicas con perspectiva de derechos humanos. Era un proyecto idealista que buscaba crear nuevos parámetros e indicadores para evaluar la gestión de los funcionarios públicos.

El proyecto no logró aplicarse a plenitud porque Cifuentes abandonó el puesto antes de ponerlo totalmente a marchar. Pero algunos académicos de otros países, como Christian Courtis, lo han destacado como una de las experiencias mas importantes e innovadoras en América Latina en monitoreo de políticas públicas desde los derechos humanos, con indicadores y precisión de las obligaciones estatales en este campo.

Algo de eso sirvió luego a la Corte para desarrollar el seguimiento de la sentencia T-025, que abordó de manera integral el problema de los desplazados. De hecho, la primera gran sentencia de desplazados, que es el antecedente directo de la T-025, fue redactada por Juan cuando era el magistrado auxiliar de Cifuentes.

“Es una sentencia un poco olvidada pero es el primer esfuerzo de la Corte por enfrentar globalmente el tema del drama del desplazamiento”, dice Uprimny.

Con Cifuentes, Jaramillo redactó varias sentencias importantes. Entre ellas, la que restringió el fuero militar, excluyendo de la justicia militar las violaciones graves a los derechos humanos; una tutela sobre libertad de información, que tenía que ver con una información inexacta que había dado Semana sobre “alcaldes de la guerrilla”, que es una de las referencias obligadas sobre la relación entre libertad de información y buen nombre; la sentencia que declaró el estado de cosas inconstitucional en las cárceles, que es conmovedora, sobre todo la descripción que hizo Juan de la inspección judicial que hicieron a las cárceles durante la noche, en donde constataron el terrible hacinamiento carcelario.

Años después, Manuel José Cepeda vinculó de nuevo a Juan a la Corte. En ese despacho, Jaramillo trabajó sobre todo en sentencias de constitucionalidad y en algunos fallos de tutela importantes, como la sentencia en la que la Corte le ordena al Ejército entregar la información de los militares que estaban en San José de Apartadó en 2005 cuando hubo masacres en esa zona. Esa sentencia fue clave para que en el proceso judicial pasara algo, porque las investigaciones estaban muertas. Después de eso hubo condenas. También trabajó en la sentencia que revisó la ley estatutaria sobre el mecanismo de búsqueda urgente de personas desaparecidas.

Pero más que por sus sentencias, sus compañeros de despacho lo recuerdan por la sensatez que aportaba a la elaboración de los borradores de fallo y por la responsabilidad que sentía de ser justo y equilibrado en las decisiones que proponía. (“Suspiraba cuando tenía problemas jurídicos complejos y sus suspiros se oían a cinco oficinas de distancia”, dice uno de ellos ).

“Lograba buscar un balance entre lo que su buen corazón le indicaba y lo que institucionalmente era sensato”, dice Manuel José Cepeda, quien fue su jefe durante más de cuatro años.

Durante años Juan trabajó cercanamente con personas que eran más liberales que él en aspectos morales como el aborto o los derechos de las personas LGBT. Para sentirse cómodo en un espacio de trabajo, Juan no necesitaba compartir una ideología; necesitaba sentir que aportaba.

Juan Jaramillo llegó a convertirse en uno de los magistrados auxiliares con mayor trayectoria en la Corte pues trabajó para Cifuentes, para Cepeda y luego cuando llegó Juan Carlos Henao, su amigo del alma, lo acompañó durante el primer año.

“Trabajó con lo mejor de la Corte¨, dice Mauricio García Villegas, otro de sus amigos más cercanos y quien también fue magistrado auxiliar de la Corte. “Buena parte de la jurisprudencia más influyente pasó por sus manos”.

“Juan era la memoria viva de la Corte”, agrega el magistrado Henao. “Todo el mundo pasaba por su despacho para resolver dudas”.

En realidad, la gente pasaba por la oficina de Juan porque era un gran conversador. Según recuerdan sus colegas, cada cierto tiempo invitaba a su oficina a personas muy disímiles y les hacía preguntas difíciles, como cómo resolver un caso constitucional y las escuchaba a todas con la misma atención y calidez. Y eso lo hacía con personas muy distintas. Podía ser otro magistrado auxiliar o la señora de los tintos, a las que siempre, cada cierto tiempo, las invitaba a charlar y les preguntaba de política o de discusiones constitucionales, y las escuchaba con tanta atención como si fuera el magistrado titular. 

“Y si la señora de los tintos decía algo medianamente simpático, Juan lo celebraba con esa risa particular y fuerte que tenía”, recuerda Uprimny. “Y si alguien decía algo medianamente interesante, Juan abría sus ojotes y ponía una cara de asombro, como si le acabaran de revelar la teoría de la relatividad. A todos nos hacía sentir importantes, interesantes y divertidos”, recuerda Uprimny.

Esa habilidad para escuchar y para conectarse poniéndose en los zapatos de los otros hacían de Jaramillo un excelente juez y un gran profesor.

Un profesor muy querido

Aunque era egresado del Externado, Juan siempre dictó clases en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional. Después de la Constitución de 1991, con Uprimny y Mauricio García Villegas, diseñó un curso de Teoría Constitucional que rompió con la tradición de enseñar derecho constitucional con base en el modelo francés centrado solo en las instituciones clásicas del Estado.

Dictó Derecho Constitucional y Derecho y Sociedad en América Latina en la Nacional pero también a los funcionarios públicos de la Procuraduría y la Defensoría. Se interesaba mucho por el constitucionalismo latinoamericano y en sus clases lo enseñaba a través de la literatura: Graham Green, Vargas Llosa eran parte de su repertorio. Sus estudiantes lo querían y lo admiraban mucho, como ha quedado en evidencia en los últimos días a través de twitter.

Juan siempre tuvo el dilema entre estar en el sector público o entregarse a la academia. Sentía que en el sector público pasaban más cosas pero era muy agotador y, a la vez, que la academia terminaba alejando a las personas de la realidad. 

Al final de su vida había comenzado a sentir cierta urgencia por escribir más y a nombre propio. Por eso se retiró de la Corte y se fue a trabajar a Dejusticia, el centro de investigación sobre temas de derecho y sociedad creado por él y varios colegas abogados de la Universidad de los Andes y la Nacional. Como parte de este grupo, Juan escribía en el blog de La Silla Vacía (su última entrada fue en noviembre).

En Dejusticia co-escribió el texto "Trabajo digno y decente en Colombia" con propuestas para combatir el desempleo y la informalidad del empleo en Colombia. También co-escribió con Catalina Botero, Uprimny y Adriana Fuentes un análisis de jurisprudencia constitucional colombiana (1992-2005) sobre libertad de prensa y derechos fundamentales que está agotado en las librerías hace rato.

Pero se le quedaron varios libros en el tintero, en particular uno sobre constitucionalismo latinoamericano. Después de que le diagnosticaron cáncer hace año y medio, tuvo una noticia mala tras otra y la muerte lo atrapó antes de que pudiera escribir todo lo que tenía en la cabeza. Sus amigos lo despiden hoy.

Lo sobreviven su esposa Gabriela y sus hijos Mateo y Diego.

Comentarios - Cada usuario tiene la posibilidad de incluir solo tres comentarios
Lun, 2012-04-16 16:04

Gran persona desde los tiempos de la Universidad de Heidelberg. Mi mas sentido pesame.

Lun, 2012-04-16 10:39

“Suspiraba cuando tenía problemas jurídicos complejos y sus suspiros se oían a cinco oficinas de distancia”... “Lograba buscar un balance entre lo que su buen corazón le indicaba y lo que institucionalmente era sensato”
Tarea difícil, a veces imposible, la que el profesor y gran abogado Jaramillo hizo. De los pocos profesores que nos inspiran a las nuevas generaciones que queremos seguir sus pasos. De los pocos abogados admirables por todo su trabajo para que las difusas y ambiguas normas de derecho en Colombia se movieran hacia una verdadera democracia. QEPD.

Dom, 2012-04-15 19:57

Tuve la fortuna de ser su alumno de constitucional general en la nacional, excelente maestro, razón le asiste a la autora cuando resalta ese interés de escuchar a las personas con ideas diferentes, recuerdo que me buscaba a mi y a un compañero para escucharnos por tener ideas completamente opuestas a la mayoría del salón, los debates que suscitábamos donde nos encontráramos así fuera en el peatonal de la 30, una gran perdida para la humanidad.
Maestro gracias por sus conocimientos y ese ejemplo de tolerancia, respeto y humildad
P:D. Se les olvido establecer que también era columnista on line de revista semana

Dom, 2012-04-15 18:58

Hoy mas que nunca le agradezco a dios la oportunidad de haber compartido el tiempo y haber recibido los conocimientos de este gran maestro y persona... Se lleva muchos proyectos inconclusos, se lleva la catedra pura del constitucionalismo latinoamericano pero nos deja su recuerdo, su alegria y parte de su vida... Me siento privilegiado y quizas hasta soberbio..
mas que un mensaje triste, este es un mensaje de agradecimiento con la vida y con la academia... Paz en la tumba del profe.. Del amigo...

Dom, 2012-04-15 17:56

Qué pena, la muerte de este SEÑOR con tanto para aportar a esta sociedad tan desigual y sin justicia, aunque mucho hizo por ella. Qué incoherencia, con tantos por ahí gozando de tan buena salud.

Dom, 2012-04-15 16:45

No conocí a Juan Fernando Jaramillo, no sabía de su exitencia y lamentablmente nunca lo leí, pero al leer este escrito veo que fue un gran hombre que dejó huella positiva en el país. Seguramente gozará de la gracia de Dios en el más allá. Paz en su tumba.

Dom, 2012-04-15 15:39

QEPD

Dom, 2012-04-15 12:11

Juanita: Su escrito identifica certeramente a Juan Fernando Jaramillo como persona y como profesional, y expresa un sentimiento que compartimos los que lo conocimos personalmente o a través de sus actos. La UN ha perdido a un profesor insustituible.

Dom, 2012-04-15 11:14

Bonito y emotivo artículo. Me gustaría agregar que Juan Jaramillo tuvo una larga y sólida formación académica. No sólo fue abogado del Externado sino también Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Heildelberg, en Alemania y Magister en Administración Pública de la Escuela Superior de Administración Pública de Speyer (mismo país).
Como bien dice el artículo su partida deja una huella enorme en muchos de sus estudiantes, realmente era un profesor excepcional, siempre dispuesto a escuchar y discutir con cualquiera que le planteara una inquietud o le refutara un punto de vista. Pertenecía a una clase de académicos en vía de extinción que se caracterizan por explicar detenidamente todas las posturas de un debate de tal forma que quien le escucha no puede identificar inmediatamente cual de ellas es la que el expositor defiende. Juan Jaramillo manifestaba finalmente y con humildad su opinión como lo haría un alumno más, lo que enriquecía sus clases, daba gusto madrugar a ellas!!

Dom, 2012-04-15 18:15

Gracias El Mohán por agregar esta información que ayuda a completar el perfil de esa gran persona que fue Juan.

Dom, 2012-04-15 10:52

Yo nunca vi clase con el, pero estudie con el programa que el ayudo a diseñar y puedo decir que los ensayos que escribieron para la materia bien merecen ser publicados como un libro de referencia sobre constitucionalismo mundial, eso, las sentencias en las que participo y la forma como hablaban mis amigos que vieron clase con el me permiten estar seguro que el pais a perdido un gran jurista y la UNAL a un gran profesor, dos cosas que nos estan haciendo mucha falta en estos días.

Dom, 2012-04-15 09:33

Pues debo confesar que por no entrar al BLOGUEO no conocí al personaje quien deplorablemente acaba de fallecer a temprana edad. Todo hace deducir a juzgar por los mismos acontecimientos que no fue un personaje a quien le gustara publicitarse.

¡ Paz en su tumba !.

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