LA SILLA VACIA

En 2015 Cleomedes Bello (segundo de derecha a izquierda) asumió la presidencia del Concejo, y sometió a los liberales, que para ese entonces eran minoría, a un régimen similar al que los rojos aplican ahora y que consiste en limitar y reducir el uso de la palabra de quienes no están en su coalición. Jhon Claro (primero de izquierda a derecha) fue vicepresidente de Bello y es repitente.

?El abrupto cierre de la sesión en el Concejo de Bucaramanga, que había sido citada el pasado viernes para debatir sobre Metrolínea, mostró que la coalición mayoritaria de esa corporación (integrada por 10 liberales, uno de Opción Ciudadana y uno del Mais) tiene la aplanadora encendida y la está moviendo a toda máquina.

En medio de gritos, acusaciones, requisas y hasta agresiones a la cámara de un integrante del equipo de comunicaciones del concejal, Jorge Flórez (el citante), se levantó el debate de control político, cuyo fin era discutir sobre los responsables de la crisis del sistema integrado de transporte masivo de toda el área metropolitana de Bucaramanga.

La decisión  de la mesa directiva del Concejo, se suma a las denuncias que la coalición minoritaria ha hecho por falta de garantías para hacer intervenciones y citar debates en la plenaria de esa corporación, que aunque solo lleva dos meses sesionando ya ha protagonizado varias escenas.

 

El trancón para las minorías

“Les recomendamos que compren megáfono”, fue lo que dijo a la coalición minoritaria el liberal Uriel Ortiz los primeros días de enero, luego de la posesión de la mesa directiva del Concejo.

Esa sentencia, se ha cumplido casi que al pie de la letra, y precisamente fue el detonante del episodio del viernes.

Aunque cuando inició el debate, la gerente de Metrolínea, Ángela Farah, entregó un informe general sobre lo que había encontrado en esa empresa desde que asumió el cargo, la sesión fue levantada luego de que dos concejales liberales (Nancy Lora y Sonia Navas) pidieran el aplazamiento de la sesión.

La petición la hicieron bajo el argumento de que la gerente no tendría idoneidad para estar en ese cargo debido a que no tenía todos los soportes de su hoja de vida en el Sigep (plataforma estatal de consulta de los perfiles de funcionarios públicos), y fue concedida pese a que el citante estaba pidiendo la palabra.

Esa decisión generó el cruce de palabras, y mientras que los de la bancada minoritaria le gritaban “atrevido” a Henry Gamboa, presidente del Concejo, y lo cuestionaban por dejarlos sin la posibilidad de intervenir, las cámaras se aglutinaron, y una de ellas cayó en un forcejeo de Gamboa, quien uso la fuerza para apartarla.

La posibilidad de que se presentara una situación como esas en el Concejo venía cocinándose desde hacía semanas. Según los concejales de la coalición minoritaria, el tiempo que les dan para intervenir es reducido y si tocan intereses de los liberales se les quita la palabra.

“En el caso del Imebú cuando estábamos debatiendo sobre el informe de gestión yo cuestioné la posición de los liberales, que estaban diciendo que todo estaba bien, y les dije que eso no era posible, que el Imebú fue uno de los más cuestionados y que ahí estuvo el cuñado de Nancy Lora, y de una vez intentaron callarme, me dijeron que ese no era el tema’’, le dijo a La Silla Flórez.

La posición de los concejales que están en el lado minoritario ha sido la misma. Cuando se eligió el secretario del Concejo Fabián Oviedo salió a criticar la actitud de las mayorías, y en los debates que en general se han adelantado, los demás, entre esos Jhon Claro y Cleomedes Bello han reclamado el uso de la palabra.

Por su parte, los liberales se han mantenido en que desde su perspectiva están actuando en el marco de la ley.

 

En juego largo, hay desquite

Hay dos factores que están jugando y que son los que alimentan la actitud de la bancada mayoritaria. El primero y más evidente es su oposición natural al gobierno de Rodolfo Hernández, quien ha denunciado y eliminado la injerencia que los concejales tenían en la Alcaldía, y el segundo es el desquite contra los concejales que repitieron y que ahora están en la minoría.

El cuatrienio pasado los liberales eran 7 de 19, y se enfrentaron a una coalición armada por los partidos minoritarios que llegó a sumar 11 curules. Esa alianza, que terminó siendo liderada por Cleomedes Bello el año pasado, los puso en condiciones de desventaja, y  dejó a los rojos casi que sin voz en la corporación.

Precisamente, con base en ese capítulo  fue que los liberales le hicieron la sentencia del “megáfono” a los que están por fuera de su rosca; el problema es que no todos son repitentes, y de hecho de los siete que están en la coalición minoritaria solo tres se reeligieron.

“Ese es el juego del poder, cuando los liberales tuvieron las mayorías prepararon el desquite y eso es lo que está pasando ahora. Esa es la intención y están sacándole provecho. Los que no tienen que ver igual salen perjudicados por preferir ese lado”, le dijo a La Silla un liberal que trabaja de la mano con toda la bancada.

Los ánimos están tan encendidos entre los mismos concejales que, en medio de la pelea en el frustrado debate a Metrolínea, según las versiones de los asistentes al debate, casi se van a los puños el liberal Uriel Ortiz y el concejal de La U, Cleomedes Bello.

El otro punto, está dado en la oposición a Rodolfo Hernández, y aunque las relaciones se mantienen cordiales, el discurso de los rojos, sin importar si están bien o mal tomadas las decisiones de la Alcaldía, está enfocado en el ataque, algo que no comparten los cuatro nuevos que están del lado de la coalición minoritaria.

El otro problema es que con la posición política que asumió la aplanadora liberal, los afectados también son los ciudadanos, debido a que si el Concejo se mueve como lo está haciendo, y sigue acomodando los tiempos de la toma de decisiones, eso repercutirá en la dinámica general de la administración (que de por sí y como ya lo contó La Silla va a paso muy lento).

En medio del juego de poder se avecina la llegada del Plan de Desarrollo, que en mayo deberá ser discutido por un Concejo, cuyas mayorías están marcando territorio y acentuando su poder, y minorías que ya están pensando en demandar e instaurar quejas por la que sería la violación de sus derechos.