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Martes Octubre 15, 2019
La ronda actual de discusiones en la Habana ha sido más difícil que la anterior. No solo está la discusión de la Asamblea Constituyente que quieren los guerrilleros para refrendar los acuerdos sino que ahora entra el debate sobre cuándo dejarían las armas los guerrilleros.

Ayer, Andrés París, vocero de las Farc en la Habana, dijo las palabras mágicas para evaporar la ilusión que ha ido creciendo alrededor del proceso de paz: dijo que no entregarían las armas. “Las armas se silencian cuando la voluntad de dispararlas cese y eso ocurrirá en Colombia cuando se cumplan todas estas situaciones que estamos llevando a la mesa de negociación”, le dijo en una entrevista a El País de Cali.

Diciendo que su modelo de negociación era el del Irlanda del Norte, donde nunca hubo una entrega de armas aunque cesó el conflicto armado, París reiteró lo que ya había dicho Iván Márquez en su discurso de inauguración de los diálogos en Oslo, al recordar las palabras de Alfonso Cano: “desmovilizarse es sinónimo de inercia, es entrega cobarde, es rendición y traición a la causa popular y al ideario revolucionario que cultivamos y luchamos por las transformaciones sociales”.

Evidentemente, es una posición diferente a la que han expresado los negociadores del Gobierno. En su discurso en la Universidad Externado en mayo, en el que el Alto Comisionado de Paz explicó “la ruta mental” del proceso de paz, Sergio Jaramillo fue explícito en que la dejación de armas era una condición innegociable para avanzar en la tercera fase de construcción de la paz.

“De lo que se trata es de convenir una agenda para la terminación del conflicto que permita a las Farc exponer sus ideas sin el acompañamiento de las armas, y con plenas garantías para su transformación en una fuerza política desarmada”, dijo Jaramillo. Y agregó : "La paz no se trata de recibir un fusil para entregar un taxi o una panadería. Se trata, repito, de quitar las armas del camino para poder transformar unos territorios y reconstruir el pacto social en las regiones. Para garantizar que no vuelva a haber guerra.”

Jaramillo explicó así cómo entendía lo acordado con las Farc en el Marco del Acuerdo de Paz negociado por él y ‘El Médico’, en representación de la guerrilla, durante la fase exploratoria de este proceso, y que determina la agenda de las conversaciones en la Habana.

En el punto 3 de este Acuerdo, sobre el Fin del Conflicto, el Acuerdo dice que es un “proceso integral y simultáneo”, que implica un cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y como punto dos, “la dejación de las armas. Reincorporación de las Farc-Ep a la vida civil en lo económico, lo social y lo político, de acuerdo con sus intereses”.

En ese mismo punto, el Gobierno se compromete a realizar las reformas de las que habla París: “el Gobierno revisará y hará las reformas y los ajustes institucionales necesarios para hacer frente a los retos de la construcción de la paz”.

La secuencia
Humberto de la Calle ha optado por defender por escrito sus posturas en la Mesa de Negociación. Este fin de semana, la revista Semana le dio su carátula para que explicara por qué el Gobierno no aceptaría una Asamblea Constituyente. Dejó por fuera uno de los argumentos que más le importan a Santos: porque sería abrir la puerta para que Uribe volviera a la Presidencia.
Andrés París, el vocero de las Farc en la Habana, dijo en en entrevista al País, de Cali, que su modelo de negociación es la de Irlanda del Norte, en gran parte, porque ellos no dejaron las armas.
"Gobierno no tendrá foto de entrega de armas", dio París, en su entrevista. Rituales como este de la entrega de armas de los paras suelen marcar en el imaginario colectivo, un antes y  un después del conflicto.

Tras leer la entrevista de París y las cosas que ha dicho Iván Márquez queda claro que ellos no le darán al Gobierno (y al país) el gusto de verlos entregar las armas, un ritual que suele simbolizar en todos estos procesos, de una manera clara, bella y contundente, el fin del conflicto armado y el comienzo de una transición.

Esta postura corresponde a una idea que para ellos es esencial y es que ellos no se van a “reintegrar” a la sociedad colombiana –a cuyo Establecimiento ven como corrupto e injusto- sino que mediante este proceso de negociación ellos buscan “transformar” esa sociedad.

De alguna manera, esa idea de la transformación está incorporada en el mismo diseño del proceso que se está discutiendo en La Habana. La idea de estas conversaciones no es negociar qué se le entrega a las Farc a cambio de las armas sino las condiciones que hay que crear para que ni ellos ni nadie sienta que las armas son necesarias para hacer política en Colombia o para ser tratado con un mínimo de respeto y dignidad en el campo.

El primer punto ya parcialmente acordado sobre desarrollo rural integral apuntó a definir las cosas básicas que tiene que hacer el Estado para que los campesinos no sean unos ciudadanos de tercera. Y el de participación política que están discutiendo ahora busca identificar las talanqueras del sistema que impiden que haya una verdadera participación democrática de las minorías que quieran hacerle oposición al Establecimiento.

De la discusión sobre estos dos puntos, saldrá un listado grande de reformas que toca hacer. En el acuerdo sobre el tema agrario, quedaron entre otros, el compromiso de crear una justicia agraria, de titular las tierras de los campesinos, de llevar infraestructura y educación al campo. En el acuerdo sobre lo político, seguramente quedarán reformas de tipo electoral, un estatuto para la oposición, garantías para acceder a medios de comunicación, etc.

Lo que está diciendo Andrés París es que ellos mantendrán las armas hasta que el Gobierno emprenda todas estas reformas. Lo que ha dicho el Gobierno es que estas reformas, que tienen un eje territorial, se harán con las Farc. Pero que ese derecho de participar e incluso liderar estos cambios se lo ganan una vez hayan dejado las armas.

Al final, el desacuerdo entre Gobierno y Farc frente a las armas está en la secuencia de los eventos. Es una diferencia que no es menor.

La simultaneidad

Lo difícil es que el Acuerdo dice que la entrega de las armas y la realización de las reformas y los ajustes institucionales será “simultáneo” y lo primero tarda unas horas mientras que lo segundo años.

En la entrevista que dio a La Silla el ex jefe guerrillero del Fmln, la guerrilla salvadoreña, Joaquín Villalobos, lo resolvió así: “En temas con impacto social, el inicio del programa o la constitución de una institución o la participación en una institución es la prueba de que cumplió. No es lograr la meta. Si no es asím es una carta al niño dios.  El inicio de esos procesos es el cumplimiento del acuerdo”, dijo.

Siguiendo esta lógica, bastaría con que el Gobierno sacara el decreto creando la justicia agraria o el Conpes acordando una megainversión en el campo. Pero es improbable que las Farc vayan a estar dispuestas de entenderlo así.

Las Farc querrán guardar las armas porque la desconfianza de la guerrilla hacia el Establecimiento es tan grande como la de la mayoría de colombianos hacia las Farc. Antecedentes como la extradición de los jefes paras después de la negociación de Ralito o el exterminio de la UP no han hecho sino alimentarla.

Sin embargo, la misma tragedia de la Unión Patriótica hace inviable que ellos puedan participar en la construcción de ese “nuevo país rural” con las armas.  Las armas y la política son una combinación letal.  

En todo caso, en el Acuerdo Marco quedó explícito que hay que crear garantías para que se pueda hacer esta transición sin que los maten. Y si los acuerdos pactados más que beneficiar a los jefes guerrilleros mejorarán las condiciones de millones de colombianos, la misma sociedad se encargará de garantizar que no les hagan conejo.

“Todos los procesos de paz exitosos en el mundo llevan a una transformación de los grupos armados en movimientos políticos, eso es precisamente la transformación de un conflicto. Y la base de esa transformación son las garantías”, dijo Jaramillo en su discurso. “Garantías para los grupos: que puedan participar en igualdad de condiciones y sin riesgos de seguridad; ygarantías para la sociedad: que se rompa para siempre el lazo entre la política y las armas [...]”. 

Si las Farc no están dispuestas a asumir el riesgo de romper ese lazo antes de someter el Acuerdo a la refrendación de los colombianos, le darán a los críticos de este proceso de paz su mejor arma para restarle toda legitimidad.

If you want to see this article in English, read here translation by Matilda Villarraga.

Comentarios - Cada usuario tiene la posibilidad de incluir solo tres comentarios
Lun, 2013-06-17 08:39

Esto de entregar las armas es un mero formalismo. ¿Qué pasó con las miles de armas que entregaron los paramilitares? ¿De qué sirvió que las entregarán? Acaso hoy en día los nuevos paramilitares amedrentan a la población civil con cuchillos del Exito. Déjenme dudarlo.

La voluntad de paz está en bajar los fusiles y adicionalmente que el gobierno destine a miles de hombres del ejército a otras labores, construir hospitales, colegios, etc etc. Mano De obra es lo que hay de parte y parte para hacer de esa otra Colombia un mejor sitio para vivir. La guerra es la peor inversión para los colombianos y la mejor para unos pocos que se lucran de vender sus productos para tal fin.

Lun, 2013-06-17 08:32

¿ Siendo así, se deben entregar las armas de buenas a primeras ?

Lun, 2013-06-17 08:34

En verdad, el tema de la participación política es el más difícil. Porque las fuerzas de la extrema derecha desde el inicio de las conversaciones le han lanzado dardos al proceso de negociación y porque ha sido esa misma extrema derecha quien desde el Estado o a través de sicarios o grupos ilegales ha asesinado incluso a los integrantes de las fuerzas insurgentes que a cambio de cualquier cosa entregaron las armas. Ocurrió con el M-19 al que le mataron a los principales dirigentes que negociaron. Ejemplo, CARLOS PIZARRO LEÓN GÓMEZ, CARLOS TOLEDO PLATA, AFRANIO PARRA y otros, aparte de cientos o miles de militantes intermedios y de base; sucedió también con la Corriente de Renovación Socialista: al año, los dirigentes reinsertados sumaban más de 100. Con la Unión Patriótica ocurrió el exterminio que ya conocemos, aunque debemos aclarar que la absurda política de "Combinación de todas las formas de lucha" contribuyó a esa gran masacre de personas, cuya mayoría no fueron combatientes.

Lun, 2013-06-17 08:16

Nos invaden las dudas, las incertidumbres y cierta frustración al leer la entrevista que EL PAÍS de Cali le hace a ANDRÉS PARÍS. El vocero de las FARC reafirma lo que esta guerrilla siempre ha sostenido. Por parte del gobierno, lo que las personas del común escuchamos es que no habrá Asamblea Constituyente ni aplazamiento de las elecciones. Tampoco acuerdos parciales: "Nada está acordado, mientras todo no esté acordado". Lo nuevo en estas conversaciones gobierno-guerrilla es que hubo un acuerdo sobre el tema agrario que según PARÍS beneficia a las fuerzas del desarrollo capitalista y que no es revolucionario. Ese punto siempre ha estado en la plataforma política de las FARC: decir que primero lucharán por reformas democráticas.

Lun, 2013-06-17 17:34

Es como un mal chiste: un grupo que no tiene prácticamente ninguna representación política diciendo que luchará por reformas democráticas y que lo haga asesinando y secuestrando gente.

Lun, 2013-06-17 08:06

Se tendrá que ventilar la inserción de los grupos armado a la política, los niveles de participación y las garantías para su ejercicio libre y democrático atendiendo a la trágica realidad que nos agobia. La experiencia histórica en esta materia ha sido nefasta y después de la firma de acuerdos históricamente hablando, siempre se empieza un proceso de exterminio de miembros insertados y los insurgentes, por desconfianza, no dejan las armas, simplemente se desmovilizan, por miedo a las acostumbradas retaliaciones de la derecha, falsedades mutuas que minan el proceso en su fuero más íntimo y que deben tenerse en cuenta o evitarse en el mejor de los casos.

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