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Martes Octubre 22, 2019

El Centro Democrático hizo hace ya varias semanas comentarios a los acuerdos hasta ahora suscritos entre el Gobierno y la guerrilla de las Farc. Como lo mostró La Silla, que le aplicó el detector de mentiras a la declaración, el documento está lleno de mentiras, de exageraciones, de suposiciones sin sustento, que han sido respondidas por el Gobierno, pero comporta también un trasfondo ideológico que no se ha discutido y sobre el que debería abrirse un debate.

Muchas de las afirmaciones de la declaración uribista desconocen que el acuerdo es para acabar la guerra. Se han engolosinado tanto con la confrontación que creen que es permanente y por eso en cada frase ven una ventaja militar para la guerrilla: ven, por ejemplo, las Zonas de Reserva Campesina como “corredores geoestratégicos para la movilización militar, de tráfico de armas, drogas, contrabando, además del adoctrinamiento de las comunidades que hagan parte de ellas”, sin percatarse que el objeto del proceso es precisamente que las Farc dejen de cometer delitos y dejen de ser una fuerza armada, momento en el cual esos “corredores estratégicos” (en ese lenguaje militar que tanto los cautiva) dejarán de ser necesarios.

El documento del uribismo hace especial énfasis en la situación del campo y se concentra en la defensa del latifundio, la intangibilidad de la propiedad y la defensa del statu quo.

Es interesante que un partido político reabra discusiones de hace más de 80 años sobre la función social de la propiedad, sobre los instrumentos de expropiación y sobre la necesidad de redistribuir la propiedad rural en Colombia.

Al uribismo le parece que los “instrumentos de extinción y expropiación (son) altamente perversos”, que “crea(n) incertidumbre entre los inversionistas y, en consecuencia, retardará(n) el desarrollo rural. La expropiación por motivos de interés social o de utilidad pública (que existe en la Constitución Colombiana desde hace décadas y que fue usada en los ocho años de gobierno de Uribe para desarrollar obras públicas y previstas en las leyes agrarias que promovió) es calificada como “una advertencia general de que ninguna propiedad legal tiene seguridad ni garantía jurídica de permanencia”.

De los mismos autores de: “en Colombia no hay conflicto armado sino una amenaza terrorista” ahora vemos la nueva obra: “El origen del terrorismo no es un conflicto por la propiedad de la tierra y el latifundio”.

El uribismo se indigna porque “el acuerdo busca desconcentrar y repartir la propiedad, condenando al campo al atraso y a la improductividad” y proclama que cualquier medida en esa dirección va “en contravía del desarrollo moderno de la agricultura que exige grandes inversiones en extensas plantaciones”. Se duele de que la “Reforma Rural Integral es (sea) de aplicación universal” y de que “los beneficiarios de extinciones de dominio y de expropiaciones de tierras serán no solo campesinos, sino “trabajadores con vocación agraria sin tierra o con tierra insuficiente”.

Considera una claudicación que el Estado acepte “empoderar a organizaciones comunitarias” porque están “infiltradas y amedrentadas por el terrorismo”, le parece peligroso que “las tierras adjudicadas serán inembargables e inalienables durante 7 años”.

Cree que los acuerdos “congelarán el mercado de tierras en el país” y que atentan contra “el libre mercado en la agricultura”.

Al mejor estilo de Agro Ingreso Seguro creen que los programas del campo se deben dirigir a favorecer a los medianos y grandes productores y por tanto, al uribismo les parece inconveniente que “la mayoría de los planes y programas que se plantean en el acuerdo, solo están dirigidos a la economía campesina, familiar y comunitaria”.

Si se revisaran los debates previos a la reforma constitucional de 1936 imagino que habría sectores conservadores preocupados, como ahora el Centro Democrático, por la defensa de la propiedad de la tierra, por el exceso de menciones a “los campesinos” y aterrados del “adoctrinamiento” comunista.

Las primeras 25 observaciones del uribismo a los acuerdos de La Habana parecen redactadas por Laureano Gómez en 1934. El jefe conservador calificaba las propuestas de reforma agraria de entonces de “comunistas”, “atentatorias contra la propiedad privada” y ya hace 80 años proponía que la distribución de la tierra se limitara a los baldíos, a las zonas de colonización y a las tierras inexplotadas para dar garantías a los propietarios legítimos del campo.

Las críticas a lo acordado en el punto de reformas políticas son del mismo talante. Parten de la afirmación paradisíaca de que “Colombia es una democracia, amplia, pluralista y participativa” y califican de claudicación el reconocimiento de “en Colombia la democracia es estrecha” e insisten en que “En Colombia existen condiciones suficientes para la conformación de nuevos partidos y movimientos políticos”.

Al uribismo le parece inaceptable ampliar los espacios de participación y fortalecer las organizaciones sociales porque eso paraliza “el desarrollo” y le parece una rendición convenir que se establezcan “veedurías, observatorios y sistemas de rendición de cuentas de los compromisos gubernamentales”.

La declaración del Centro Democrático tiene el valor de haber planteado, por primera vez, la discusión de los acuerdos de La Habana en el plano ideológico. El Gobierno se ha limitado a decir que lo dicho por el Uribismo es mentira y que lo que se acordó ya existía.

No, la sociedad colombiana debe saber es que el acuerdo para poner fin al conflicto, no solo nos puede traer la terminación de la confrontación, sino que también es la puerta para una profunda transformación en el campo y en los espacios políticos.

Los acuerdos de La Habana, si finalmente se concretan, no son solo para que los guerrilleros entreguen las armas y se convengan sus condiciones de reinserción. El Centro Democrático ya sentó su posición: va a defender el latifundio y se va a oponer a que se le hagan tantos reconocimientos a los campesinos, sin tener en cuenta “los medianos y los grandes productores”. ¿Quién se pone del otro lado?

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Dom, 2014-11-02 01:12

QUIEN LE PUEDE CREER A RIVEROS??

Como contratista del GOBIERNO SANTOS, y Jefe del ADOCTINAMIENTO SANTISTA, a Héctor Riveros poco le creemos sus argumentaciones siempre inspiradas en el servilismo y la lambonería, y siempre carentes de independencia .

Dom, 2014-11-02 09:11

John Mario, yo no veo por qué se trata de creerle. Hasta donde leí, Riveros simplemente está resaltando las similitudes entre el manifiesto del centro democrático y los argumentos de Laureano Gómez. Que Riveros sea o no sea contratista de Santos, no invalida el argumento del artículo, ni tampoco lo hace un adoctrinador.

No veo por qué te irrita que alguien muestre esas afinidades. Al contrario, este artículo le da claridad todo el mundo. A los seguidores de la extrema derecha les da claridad acerca del cuál es el programa de fondo -el manifiesto-; y a los demás les permite identificar cuáles son los verdaderos propósitos detrás de tanto discurso perfumado. Yo creo que todos ganan; a menos que algunos tengan como propósito continuar la manipulación, aparecer como lo que no son.

Sáb, 2014-11-01 13:13

Definitivamente Riveros recicla la vieja oposición liberal a Laureano Gómez, tan poco original y falta de evidencia. Para empezar, la oposición a la reforma constitucional de 1.936 y la posterior Ley 200 de Tierras, fue auspiciada por la APEN (Asociación de Propietarios y Empresarios Nacionales). Dicha organización agrupaba a banqueros, comerciantes, industriales y terratenientes de ambos partidos políticos y bajo el lema de "Propietarios del mundo, uníos" fustigo al gobierno de López Pumarejo. Sus órganos de expresión eran el periódico "La Razón" y "La Acción", de los cuales el primero era dirigido por el liberal Juan Lozano y Lozano y el conservador Jose Camacho Carreño. Como vemos, Laureano Gómez no figura... Quien quiera indagar al respecto, puede consultar el siguiente link: http://www.banrepcultural.org/node/86454.

Sáb, 2014-11-01 16:45

Para empezar, Riveros no cita en ningún momento las propias palabras de Laureano Gómez. En segundo lugar, la "justificación" de las autodefensas liberales no vino de Laureano Gómez, vino de Carlos Lleras Restrepo, que en 1948 no acepto el gobierno de coalición que el presidente Mariano Ospina propuso al Directorio Nacional Liberal. Tercero, la "poco original y falta de evidencia" de la oposición liberal puede consultarla con el mismo Alberto Lleras Camargo, que pacto el Frente Nacional con semejante "criminal". Cuarto, desconozco las genealogías del equipo de prensa de Blu Radio. Finalmente, insisto, nada mas cómodo que acudir a la figura de Laureano Gomez para desprestigiar alguien: a eso me refiero con "vieja oposición liberal".

Sáb, 2014-11-01 10:55

Desde las acaloradas discusiones d don Faustino- q.e.p.d-esposo d mi tia Bachio, con un contemporáneo a los q les toco vivir la famosa época de violencia-con Chusmas, pájaros y demás hienas d la época, q Don Faustino atribuía a los GODOS, y El x ser Liberal, se sintió perseguido- no había oído hablar dl tal Laureano Gomez. Y era tan visceral los comentarios, q siendo yo casi un adolescente, sin entender d q se trataba exactamente me sentía atemorizado. Sólo los comentarios d FUribe respecto d la Habana me recuerdan tanto odio y sed d venganza.

La posición d FUribe respecto dl campo, es lo + ANTI-SOCIAL q existe; Y muy al contrario d la gran mayoría, espero q /Santos no claudique ante FUribe, y haga caso omiso a la presion d medios. Aceptar q se vuelvan a enamorar es la posibilidad q lo trasado x Santos se desvie n el camino. Las exigencias q quieren IMPONER el FURIBISMO no puede ser tenidas n cuenta.

Riveros, sobre la pregunta final, el papel d los medios es muy importante.

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