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Lunes Diciembre 09, 2019

La guerra sucia en las campañas puso la lupa en las Fuerzas Armadas para la segunda vuelta. Mientras en la campaña de Santos denuncian la participación en política de policías activos en pro de Óscar Iván Zuluaga (y que hoy resultó con la destitución de cinco de ellos), en la campaña del uribismo afianzan sus lazos con los militares. Y el ícono de ese vínculo es la senadora electa, Thania Vega de Plazas, esposa del detenido coronel, Alfonso Plazas Vega.

Thania Vega es el vehículo del uribismo para asegurar el voto del sector castrense. Aunque la Fuerza Pública no puede votar, sus familias sí. Hay 450 mil policías y militares. Si tres miembros de sus familias votan son casi un millón y medio de votos, que sería más del 10 por ciento de los que votarán el próximo domingo.

Ella se ha convertido en un símbolo de lucha contra la injusticia del Estado entre la Fuerza Pública por la defensa de su esposo, quien en general, es visto por los militares como un chivo expiatorio de la tragedia del Palacio de Justicia.

“Es una mujer valiente, esposa de un militar que se ha dedicado a mostrar la inocencia de su esposo”, le dijo a La Silla un militar retirado del Ejército. “Ese es un sentimiento generalizado”.

Es sobre todo la mensajera de las propuestas de Zuluaga en materia militar que no sólo promete devolver el fuero militar sino también poner en marcha un plan de excarcelación condicionada para los militares que están encarcelados sin condena, para que se puedan defender en libertad.

Una medida que, de aplicarse, podría beneficiar a los militares involucrados en las más de 4 mil investigaciones por falsos positivos.

Además, el candidato uribista propone crear un alto tribunal temporal para revisar las condenas de miembros de la Fuerza Pública por actos cometidos durante el servicio y aumentar el salario de los soldados y policías.

Con estas propuestas taquilleras, Thania está haciendo campaña en “su nicho”: los militares y policías retirados para conseguir votos en favor del uribismo y en contra de Santos, de su proceso de paz, de las propagandas de su campaña y de su “traición”.

De ama de casa a senadora
La nueva senadora del Centro Democrático, Thania Vega de Plazas logró la curul número 16 en la lista del uribismo.
Hizo campaña para el Congreso y ahora para apoyar a su candidato, Óscar Iván Zuluaga de la mano de los militares y policías retirados, su nicho. 
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Thania Vega de Plazas firmando su candidatura en la lista uribista al Senado. 

La primera vez que Thania Vega de Plazas tomó un micrófono para hablar de su esposo, lo hizo al frente de alias “Karina” y “Olivo Saldaña”, ex guerrilleros de las Farc convertidos de la noche a la mañana por Álvaro Uribe en gestores de paz. Debía ser el año 2009 cuando la hoy senadora escuchaba a los dos recién desmovilizados hablar del sufrimiento que vivieron en las filas de la guerrilla, en un evento en la biblioteca Luis Ángel Arango al que fue invitada por militares retirados del Ejército.

Thania no se podía contener pero nunca antes había hablado en público. Entonces, su amiga y prima, Nancy Plazas, pidió el micrófono y la obligó a hablar. “Sufrimiento el mío”, dijo, “que tengo a mi esposo inocente en la cárcel”.  El público la aplaudió emocionado.  

“Esa fue la premonición de lo que es ella hoy”, dice su prima.

Antes de convertirse en la representante de “su familia, la familia militar” en el Senado, como llama ella a los de la Fuerza Pública, Vega de Plazas era un ama de casa común y corriente. Nunca trabajó en nada más que hacerse cargo de sus tres hijos y su esposo.

Hija de Miguel Vega Uribe, general del Ejército, se crió en un entorno de disciplina que mantiene hasta hoy. Su padre llegó a ser Ministro de Defensa del gobierno de Belisario Betancur, justo cuando su esposo dirigió la retoma al Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985 como Comandante de la Escuela de Caballería de Bogotá.

Con él se casó a los 18 años y dejó sus estudios de comunicación social en la Universidad Javeriana para acompañarlo a recorrer el país en su carrera militar.

“Ha hecho muchos sacrificios, como todas las esposas y madres de los militares”, le dijo a La Silla su hijo Camilo.

Después de la retoma del Palacio de Justicia, su vida les cambió por completo. La imagen y la frase que pronunció el entonces teniente coronel Plazas “defendiendo la democracia, maestro” lo hizo saltar ante la opinión pública que, según sus familiares, lo empezaron a ver como un héroe.  “La gente nos llamaba a felicitarnos”, cuenta su amiga Nancy.

Eso cambió en 1992. El Ejército no llamó a Plazas Vega al curso de General y entonces, el coronel se retiró y empezó a coquetearle a la política, algo con lo que su esposa nunca estuvo de acuerdo. De todas formas, se quemó en su aspiración al Senado con tan solo 5 mil votos y empezó a trabajar en el sector privado en una empresa de seguridad que montó tras su retiro.

Allí estuvo hasta que Uribe Vélez lo nombró director de Estupefacientes. Thania, cuenta su amiga Nancy, tampoco pareció muy contenta con la noticia. En la DNE estuvo hasta 2004, cuando renunció después de un fuerte debate de control político que le hizo el congresista Javier Cáceres en el Senado por el manejo de los bienes incautados.

La vida de Thania se rompió en dos a partir del 2007, cuando la Fiscalía capturó a Plazas Vega y lo vinculó a la investigación por las desapariciones y torturas de once personas en la operación de retoma del Palacio de Justicia ocurrida 25 años antes.

Hoy, después de una decisión de segunda instancia, el coronel enfrenta una pena de 30 años de cárcel por la desaparición y tortura de dos personas: un empleado de la cafetería y la guerrillera del M-19,  Irma Franco.

Plazas Vega fue recluido en La Picota. Allí estuvo poco tiempo hasta que sufrió una crisis nerviosa y tuvo que ser hospitalizado y sedado en el Hospital Militar. Thania no se separó de él y lo acompañó, sola, pues sus tres hijos se habían ido a vivir fuera del país después de recibir amenazas por los casos que llevaba Plazas Vega como director de Estupefacientes. Allí empezó a escribir sus vivencias que luego publicaría en el libro “¡Qué injusticia!” en agosto de 2012.

Con la publicación del libro, ella empezó a recibir apoyo de otras familias de militares que estaban pagando penas en la cárcel por actos que cometieron durante el servicio.

Aunque recibió correos y mensajes de apoyo desde antes, después del libro se empezó a reunir con ellas, a oírlas y a representarlas ante los medios de comunicación. Incluso, su hijo cuenta que a algunas les dio apoyo económico para enfrentar los casos en la justicia.  

El llamado uribista
Thania asegura en sus discursos que representa a las "víctimas inocentes" de las Fuerzas Armadas que han sido condendas por actos cometidos durante el servicio. 
Aunque los militares y policías activos no pueden votar, Thania hace campaña con sus familias que mal contados podrían poner un millón quinientos mil votos. 

A pesar de la distancia que generó la salida de Plazas Vega de la DNE, que la familia interpretó como una destitución, Uribe siguió acompañando a la familia. El día que la jueza le dictó la condena en primera instancia, el entonces presidente mostró ante los medios su inconformidad.

“Ahora veo que condenan a un integrante de las Fuerzas Armadas de Colombia que simplemente cumplió con su deber, duele, da tristeza'”, dijo.

Las visitas de Uribe a la guarnición militar donde está recluido el coronel retirado han sido frecuentes. Allí se acercó a Thania Vega.

En 2013, cuando Uribe estaba armando su lista al Senado, su nombre se barajó como una posibilidad aunque ella nunca hubiera participado en política. Thania recibió el ofrecimiento en el Cantón Norte, al lado de su esposo y de su cuñado.

“Se emocionó mucho pero no aceptó en ese momento. Dijo que lo iba a pensar aunque a Alfonso le pareció buena idea y la animó para que dijera que sí”, dice su cuñado. El que la ayudó a tomar la decisión fue su amigo Fernando Londoño, que sirvió de intermediario con el ex presidente.

“Me dijo: yo creo que Luis Alfonso y tú son unos escogidos de Dios. Porque Dios es justo y él sabe que tu marido es inocente. Pero Dios a veces pone estas pruebas para que las vivamos y hagamos algo. Y en ese momento llegaron a mi mente las miles de familia que he conocido en estos siete años que están viviendo esta misma tragedia”, dijo Vega de Plazas ante paracaidistas retirados de las Fuerzas Armadas la semana pasada.

Ahora que es congresista, Thania Vega asegura -con la retórica que usan muchos militares retirados- que es la representante de “las miles de familias de militares que están en las cárceles y son inocentes, detenidos sin haber cometido delitos. Víctimas de una guerra jurídica manejada por una izquierda que se ha infiltrado en todos los estamentos de este país y principalmente, de la rama judicial, ante la mirada pasiva de un país que cree que si están en la cárcel por algo será”.

La senadora electa le dice a los militares que el domingo los colombianos van a elegir entre dos opciones: “la democracia o el castro-chavismo”. A cada evento al que asiste, con el mismo tono de voz, pausado, sin exaltarse, y que parece que se le fueran a escurrir las lágrimas, le pide a los retirados de la Fuerza Pública, a sus familias y a todos los que puedan ellos convencer, que para que su “lucha sea real”, voten por Óscar Iván.

Refuerza su argumento con su visión sobre el proceso de paz conducido por Santos, apoyándose en los discursos aspiracionales de los jefes guerrilleros (que no suelen coincidir con lo que se conoce que se ha acordado hasta ahora en la Habana):

“Las Farc sí han salido a contar lo que los negociadores de la Habana no. Que quieren cambiar la doctrina del Ejército, que quieren reducir el tamaño de la Fuerza Pública, que no van a entregar las armas hasta que no les entreguen el poder”, dijo la senadora la semana pasada a los paracaidístas retirados. “No se dejen engañar”.

Este discurso lo ha repetido desde el año pasado con todas las asociaciones de retirados de la Fuerza Pública. A muchas ha ido de la mano de Uribe y del candidato Zuluaga y han sido tantas que no recuerda el nombre de todas, que además, dice, son todos parecidos. Y en cada una, narra lo mismo: “su tragedia”.

Habla de aquellos que están siendo juzgados por quién no “debería ser”: los jueces ordinarios -”tendenciosos y politizados”, así los califica ella- que no entienden la vida de los militares y las acciones que se cometen durante el servicio. De quienes han sido ‘humillados por este gobierno, que por unos votos dicen que las madres y esposas de la fuerza pública prestaron sus hijos a la guerra, pero los prestaron fue “para defender a la patria”.’

“Despierta fervor”, dice Samuel Hoyos, senador electo del Centro Democrático. “Yo una vez vi cómo a los militares se les aguaron los ojos al oírla”.

Varias personas consultadas por La Silla que han ido a las reuniones dicen que los militares la respetan, la escuchan, la aplauden y se quieren tomar fotos con ella. En las reuniones, levantan la mano para pedir la palabra, le cuentan sus historias y le hacen propuestas para que ella lleve al Congreso.  

Ella los escucha a todos, y espera que a cambio, su gran familia castrense vote por su candidato.

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Luis Alfonso Plazas Vega
Comentarios - Cada usuario tiene la posibilidad de incluir solo tres comentarios
Jue, 2014-06-12 08:57

Molanin, ahí le van arreglando el caminado a Montoya y otros tantos. Sigo pensando en el señor que hurto chocolatinas....

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