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Lunes, Mayo 25, 2015 - 11:30

¿Qué tan optimista está con el Proceso de Paz?

La semana pasada muchos hechos movieron el debate sobre el Proceso de Paz. Luego de que el ejército bombardeara a un campamento de las Farc que dejó a 26 guerrilleros muertos, la guerrilla suspendió el cese unilateral al fuego que había anunciado en diciembre del año pasado. Además de esto el Presidente reforzó la mesa de negociación con la llegada de la Canciller María Ángela Holguín y del empresario Gonzalo Restrepo al equipo negociador y cambió al ministro de defensa por Luis Carlos Villegas, antiguo negociador.

¿Qué tan optimista está con el Proceso de Paz?

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Ex alcalde de Bogotá, ex congresista y ex constituyente
Mar, 2015-05-26 16:53

El proceso está cumpliendo 5 años. Las conversaciones preliminares-negociamos o no, cuál agenda, dónde, quiénes serán facilitadores o garantes- empezaron en agosto del 2010 y se extendieron hasta diciembre del 2012 cuando comenzaron las negociaciones en La Habana.

A paso lento, pero se avanzaba, era lo que decían. Tanto que ofrecieron el DESESCALAMIENTO del conflicto. De pronto apareció el ESCALAMIENTO en el que estamos y que revela la naturaleza y características del proceso: NEGOCIAMOS COMO SI NO ESTUVIÉRAMOS EN GUERRA Y HACEMOS LA GUERRA COMO SI NO ESTUVIÉRAMOS NEGOCIANDO.

Identificada de esa manera la cuestión, surgen preguntas que el gobierno debe responder y que seguramente las Farc internamente se respondieron para definir su estrategia.

Para salir de la situación antes resumida -simultaneidad de la guerra y las negociaciones- el gobierno piensa acordar cese bilateral del fuego, ¿Aunque la terminación del conflicto no esté cerca? ¿Seguirá el escalamiento de ahora hasta Navidad cuando las Farc "generosamente" decreten nuevo cese unilateral del fuego? ¿Pedirá el gobierno cambios de fondo a los desarrollos del proceso? ¿Cuáles? ¿Por razones de seguridad no podemos saber en que consisten el timonazo o revolcón que los estrategas oficiales tienen en mente?

La presencia de la Canciller en La Habana y el nombramiento como Mindefensa de quien hizo parte de las negociaciones obedecen a la necesidad de reforzar el equipo gubernamental, ¿Porque los resultados de su gestión no son apreciables? ¿O porque con esos dos refuerzos se inicia el viraje del proceso?

Fácil concluir que mientras no se absuelvan estos interrogantes y otros más, no hay elementos que permitan válidamente ser optimista o pesimista en relación con el proceso, que todos queremos sea exitoso, pero como La Silla Vacía lo que quiere es una respuesta razonada, y no el sí o el no propio de las encuestas, sólo puedo responder como lo acabo de hacer.


Ex Ministro de Minas
Mar, 2015-05-26 11:00

A pesar de los grandes tropiezos generados por los recientes y muy dolorosos acontecimientos, además, aprovechados por quienes se oponen al Proceso para agrandarlos, darles su interpretación acomodaticia y así aumentar los temores y la animadversión de la sociedad colombiana hacia un acuerdo con la subversión, soy optimista.

Hasta el Procurador General Alejandro Ordóñez, ¡quién lo creyera! ha dicho ahora que no podemos tirar por la borda todo lo que se ha logrado. Es un gran avance, y por ahí es por donde se tiene que seguir: convenciendo a la gente, a todos los niveles, de la importancia de acabar con esta guerra.

Pero para lograr la meta del acuerdo, necesitamos resolver el tema de la justicia, que es el que nos tiene frenados desde hace prácticamente un año. Tenemos que acercarnos lo máximo posible al perdón, a la reconciliación y, para ello, dejar de sentirnos tan buenos y ver a los otros como los malos de la película.

Tenemos que aceptar que la culpa y la responsabilidad del conflicto  son de toda la sociedad, que los guerrilleros se metieron a eso y al monte, no propiamente por divertirse y que crímenes atroces, de lesa humanidad,  se han cometido  no sólo por ellos. Y, entonces, ¿sólo ellos para la cárcel? – Mejor el camino de la reconciliación.


Directora, Fondo de Promoción de la Cultura
Mar, 2015-05-26 09:25

La conclusión del proceso de paz no necesariamente está a la vuelta de la esquina. El recrudecimiento de los bombardeos del ejército a los campamentos guerrilleros como respuesta a la masacre del Cauca, perpetrada por la guerrilla, prendió las alarmas y más de uno salió a alertar al país sobre los riesgos del proceso.

La carta abierta de Mockus, del viernes pasado, refleja esa inquietud a la pregunta que nos ocupa y abre una ventana a la reflexión sobre la justicia transicional en Colombia. Mockus se declaró culpable por omisión y se ofreció a recibir “la misma sanción que recibirán los dirigentes de las FARC”. Los colombianos pueden preguntarse si es justo que los señores de las FARC digan que no pagarán un día de cárcel por los crímenes contra la humanidad y los crímenes de guerra que han cometido. Y Mockus, o cualquier otro ciudadano, sí deba pagar cárcel por no haber denunciado oportunamente a guerrilleros y paramilitares que hayan conocido durante los últimos cincuenta años de conflicto armado en Colombia.

En su carta abierta, Mockus también nos recuerda que como alcalde de Bogotá, ayudó “a consolidar el prestigio y la eficacia de la fuerza pública y a promover la firma del Tratado de Roma que creó la Corte Penal Internacional”. Esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Deben los funcionarios públicos colombianos de alto nivel reconocer los postulados y propósitos de la justicia internacional o es válido desconocer y desprestigiar el Tratado de Roma y por ende la CPI como lo están haciendo algunos altos funcionarios del Estado y todos los dirigentes de las FARC?

Independientemente de las respuetas a estos interrogantes, el proceso de paz seguirá y la justicia transicional se dará pero para lograr una paz duradera se requiere de una justicia que no sea percibida, por la mayoría de los colombianos, como de total impunidad para quienes han cometido crímenes de lesa humanidad y de castigos desproporcionados para los ciudadanos que han cometido cualquier infracción.


Investigador, Fundación Paz y Reconciliación
Mar, 2015-05-26 08:50

Colombia tiene solo dos caminos: o salimos de esta guerra inútil porque logramos construir un acuerdo negociado con el mayor respaldo social y político para ampliar esta precaria democracia, integrando a las regiones donde el conflicto ha sido más intenso, lo cual pueden ser 250 municipios o seguimos en este pantano de sangre donde los ganadores son muy pocos.

Luego de más de tres años de conversaciones y negociaciones directas entre el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos y las Farc, en la que hemos avanzado como nunca, es la hora de apurar el paso.

Ha llegado el momento de las grandes definiciones: Gobierno y Farc, con sentido de responsabilidad ante Colombia, deben concretar el punto de víctimas, la única salida para avanzar hacia el cese bilateral y definitivo.

Nadie dijo que esta sería una negociación fácil, hay muchos dolores y retos por asumir y en medio de una guerra que continúa la única forma de salir adelante es que la mesa logre acuerdos.

Si las dos partes son socias para una paz concertada, ¿Por qué seguir dándole tanta fuerza a la variable militar? Y la respuesta que tengo es por la fragilidad del proceso ante una opinión pública, que oscila fácilmente entre paz y guerra.

La variable tiempo se ha convertido en fundamental. Hay que lograr un acuerdo en el punto de las responsabilidades frente a las víctimas y la sociedad antes de agosto de este año y avanzar al cese bilateral y verificable.

Si tanto hemos avanzado no es hora para escepticismos y pesimismo. Bien lo ha dicho el Presidente Santos: La Paz es la Victoria.


Investigador, educador y ex rector de la Universidad Nacional
Lun, 2015-05-25 17:45

Partamos de un lugar común: cuanto más profunda y más grande sea una herida, más cuidados necesitará.

Añadamos una perogrullada: el Proceso de Paz no es un hecho, es un proceso. Ya hemos señalado en otras oportunidades que conversar, negociar y llegar a acuerdos en medio de la confrontación armada conlleva los horrores de la guerra, como se ha evidenciado una vez más por los últimos acontecimientos de las acciones militares de las Farc y las respuestas con bombardeos por parte del Ejército Nacional.

Son hechos dolorosos que alimentan el pesimismo de amplios sectores de la sociedad, con el agravante de que se utilizan vehementemente  por quienes aúpan la sinonimia entre cuestionar las ideas y combatir los procedimientos empelados por el adversario  con la eliminación física  de quienes las profesan y los emplean.

Las conversaciones entre los delegados del gobierno, ahora  reforzados más institucionalmente con la presencia de la canciller y con el nuevo Ministro de Defensa, y los representantes de las Farc deben y tienen que continuar. Las heridas son grandes y profundas y es urgente y necesario curarlas.

El proceso se inició y no puede detenerse a pesar de la compleja situación de polarización por la que atraviesa el país. Los colombianos no deseamos más treguas unilaterales ni presiones sobre si deben ser bilaterales. Lo que ansiamos es un cese total del conflicto armado.

Hay que ser pacientes y optimistas pero es inaplazable que los delegados de ambas partes aceleren el proceso actual y se inicie paralelamente uno con el ELN para que entre todos, cada cual desde su posición, logremos al menos vislumbrar los albores de una paz estable y duradera que conduzca a la fundamentación de una sociedad no tan desequilibrada como la nuestra.

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