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Miércoles Enero 20, 2021

Martes, Octubre 14, 2014 - 13:30

¿Sería conveniente sentar a Uribe en el proceso de paz?

A medida que avanzan las negociaciones con las Farc en La Habana va quedando claro que, si el sector de derecha que lidera Álvaro Uribe no se monta en el bus del proceso de paz, éste puede terminar quedando cojo. ¿Cree usted que sería conveniente vincular más activamente a Uribe en el proceso? ¿Incluso sentarlo de alguna manera en La Habana?

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Ex ministra consejera ante la Organización Mundial del Comercio (OMC)
Jue, 2014-10-16 07:13

Creo que es indispensable vincular a Alvaro Uribe al proceso de paz.

Mi interpretación de la historia de nuestra violencia tiene como elemento común la exclusión de sectores del poder.

Ahora bien, considero que a estas alturas sería contraproducente sentarlo a la mesa de negociación a revisar lo acordado pues aunque existiera una gran voluntad de su parte su posición política le obligaría a entrar a reformar los acuerdos logrados lo que sería negativo para el proceso.

Sin embargo creo que el sector de la sociedad que representa Alvaro Uribe puede cumplir un gran papel en la verificación del cumplimiento de los compromisos. Creo que lo que sí se debe empezar a negociar con ellos es su papel como actores importantes y representativos de la sociedad colombiana. 

Esta verificación del cumplimiento si bien puede tener un componente internacional y esto parecería muy deseable pues debería estar también en cabeza de un hombre como Uribe pues de alguna forma estamos sentados hoy a la mesa por su política de seguridad y por su visión de convertir este tema en prioritario.


Ex Ministro de Minas
Mié, 2014-10-15 17:27

No sería conveniente. Imposible siquiera imaginar a Uribe en la mesa, en plan de buscar la paz, en ambiente de negociación. Sólo se escucharían diatribas, agresiones, insultos, negación de lo acordado, exigencia de lo imposible.

Y aunque aceptara y prometiera actuar de manera diferente, con claridad ha demostrado ya que se cree un ser superior y que no es confiable. Sabemos con certeza que Uribe no acepta opiniones diferentes a la suya. Destruiría cualquier intento de acuerdo.

En mi opinión, no es tan grave el hecho de que no se una al proceso. Consenso total jamás se va a conseguir.

Pero con una buena labor de pedagogía, mucho se puede lograr y muchos seguidores suyos se van convenciendo de la bondad y la necesidad del acuerdo, al tiempo que la argumentación y la imagen del  ex presidente senador se van desacreditando y desvaneciendo solas, por sí mismas, como ya se percibe más y más entre la gente.

Lo importante es lograr primero un acuerdo razonable y luego la caudalosa refrendación por los colombianos, lo que no será tan difícil.


Novelista
Mié, 2014-10-15 16:13

Suena inverosímil, pero, como en Colombia hay que ser más creativo de lo normal, más arriesgado, no sólo me parece conveniente, sino ideal que esté sentado en la mesa de La Habana un representante del otro lado de la guerra.

Falta ver si lo permiten la arrogancia de los unos y los otros, que el problema, está visto, se reduce a quién pone su firma en el acuerdo.

Cuesta mucho imaginar que Uribe o que Santos hagan las paces. Tendrían que volverse otros.

Que es justamente lo que hay que hacer.


Ex senador y presidente, Movimiento Mira
Mié, 2014-10-15 11:58

La participación de todos los sectores políticos y sociales es imprescindible para la consolidación de la paz. Es importante abrir espacios incluyentes, especialmente para las minorías, para la superación del conflicto, que precisamente se basó en la negación del otro, de la diferencia.

No se trata solamente de la participación del presidente Uribe en la 'Mesa de Diálogos', sino que todas las fuerzas políticas deben tener asidero en espacios de interacción con La Habana, como el Consejo Nacional de Paz en el cual, hemos propuesto, debe tener presencia cada uno de los partidos políticos y movimientos sociales minoritarios.


Historiador y profesor-investigador en El Colegio de México
Mié, 2014-10-15 08:37

Para comenzar, son Uribe y su cauda quienes se autoexcluyeron del proceso de La Habana.

Lo han hecho de tal forma que convirtieron el proceso en el símbolo de su oposición política y forzaron al gobierno a centrar su estrategia y su propaganda en “la paz”. Uribe piensa que eso es rentable y que descarrilar el proceso es su carta de triunfo.

Eso no ocurrirá. Además, no es simétrico el daño “colateral” que la oposición uribista hace al proceso de La Habana en relación con el daño directo y enorme que se propina así misma.

En el diseño constitucional y legal colombiano el presidente tiene “la llave la paz” en tanto que es jefe del Estado, responsable del orden público, comandante supremo de la Fuerza Pública, quien debe atender en primerísimo lugar al mandato constitucional de buscar y garantizar la paz interior. Con base en esto se desarrolla el proceso de conversaciones con las Farc: secretas primero, que llevaron a los Acuerdos protocolizados en Oslo. El formato conocido se mantiene y la agenda avanza, aunque a paso muy lento.

Si el uribismo quiere montarse ahora, bien puede hacerlo. Facilitaría las cosas prácticas y ayudaría a un clima necesario de concordia nacional. Si el presidente quiere tomar la iniciativa de invitarlo con posibilidades de conseguirlo, ¡pues qué bueno! 

De todos modos el uribismo participará ruidosamente cuando se firme un acuerdo y se someta a consideración de los ciudadanos para su ratificación.

Aparte de esto, el acuerdo, de ratificarse mayoritariamente, habrá de desenvolverse en un clima nacional de reconciliación.

¿Estará ahí el uribismo? ¿O llevará su oposición al extremo total, es decir a regresar al camino (que no ha sido sólo de las Farc) de “combinar todas las formas de lucha”? Eso no lo sabe nadie. Es posible, claro.

Por esto es conveniente recalcar que un acuerdo con las Farc y el ELN, así sea ratificado, es un gran paso hacia la paz pero no debe confundirse con esta. Probablemente lo que siga sea muchísimo más arduo que todo lo que se ha experimentado desde el 10 de agosto de 2010, cuando, a mi juicio, comenzó el actual proceso de paz, vinculado total e irremediablemente al proceso electoral.


Investigador, PIK -Instituto Potsdam de Investigación en Cambio Climático (Alemania)
Mié, 2014-10-15 03:39

Ni el gobierno ni mucho menos las farc podrán sentar a la ultraderecha a negociar la paz de Colombia. No quieren, y nadie puede obligarlos. No lo harán con invitaciones, ni siquiera con ruegos. De nada valdrá que el establecimiento los corteje y hasta los justifique. Aún más: el referendo no traerá la paz. La ultraderecha acentuaría la guerra sucia, el terrorismo y las acciones solapadas.

Sólo una Asamblea Nacional Constituyente forzaría a todos los actores de la guerra a acordar la paz. No podrían negarse a participar, perderían demasiado.

Sin embargo, ni el gobierno, ni la clase política, ni la ultraderecha quieren una ANC por ahora. Tendrían que incluir sectores sin representación real; se verían obligados a disminuir efectivamente desigualdad y exclusión, más allá de los discursos.

Y no obstante, una ANC daría lugar a una paz duradera, legitimaría a estos sectores y permitiría resolver los problemas estructurales que impiden el despegue.


Columnista y analista
Mar, 2014-10-14 18:24

Sí. Parafraseando a Kennedy, puede ganarse el referendo por la paz con la mitad de los ciudadanos a favor, pero jamás vamos a consolidar la paz con la mitad del país en contra.


Ex senadora y ex Ministra de Agricultura
Mar, 2014-10-14 18:23

¿Para qué? Con su capacidad de crear conflictos se le estarían creando más dificultades a un proceso que no es nada sencillo.

Dejemos a Uribe donde está, en el Congreso, donde cada día se enfrenta a un nuevo enemigo. 


Ex Ministro de Gobierno y de Comunicaciones
Mar, 2014-10-14 18:19

Gobierno y Farc tienen que ser capaces de incorporar no sólo a Uribe sino al uribismo.

Dejar por fuera al cuarenta y cinco por ciento de la opinión expresada en las urnas en la segunda vuelta no es prudente, ni sabio, ni conveniente. Si algo requiere consenso es la paz.

Leídos los acuerdos no se ve nada que pueda espantar a nadie. Lo único que espanta es tanta barbaridad durante tantas décadas para proponer lo que se está haciendo bien o mal y que siempre es susceptible de ser mejorado. Y algunas otras cosas que no requerían de tanta crueldad y destrucción.

Realmente, como tantos han dicho, una guerrilla innecesaria.

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